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El fin del sachet: cómo una nueva ley está transformando el negocio de las salsas en Chile y dejó a cientos de productos sin aderezos

Durante décadas llegaron junto a hamburguesas, completos, pizzas y pedidos de delivery. Pero desde febrero los tradicionales sachets de ketchup, mostaza y mayonesa comenzaron a desaparecer de restaurantes y aplicaciones de reparto. La entrada en vigencia de la Ley de Plásticos de Un Solo Uso obligó a la industria gastronómica a reinventar la entrega de aderezos, impulsando dispensadores, recipientes reutilizables y nuevos protocolos sanitarios. El cambio ya se refleja en cadenas de comida rápida: mientras algunas reemplazaron los sobres por recipientes de papel, McDonald's dejó de ofrecer mayonesa extra para acompañar sus papas fritas debido a las exigencias asociadas a la cadena de frío del producto.

Por 15 de Junio de 2026
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Hace no tanto tiempo, pedir comida por delivery implicaba recibir algo más que una hamburguesa, una pizza o una porción de papas fritas. Al abrir el empaque aparecía un puñado de sobres: ketchup, mayonesa, mostaza, salsa barbecue o ají. Algunos terminaban en la comida. Otros en el refrigerador. Muchos iban directamente a la basura.

Pero desde febrero algo comenzó a cambiar.

Cada vez son más los consumidores que descubren que las salsas ya no lleganjunto a sus pedidos. Lo mismo ocurre en restaurantes, patios de comida y cadenas de comida rápida, donde los tradicionales sachets han comenzado a desaparecer de los mesones para ser reemplazados por dispensadores, recipientes reutilizables o nuevas formas de entrega.

Detrás de ese cambio cotidiano existe una transformación regulatoria que está reconfigurando el negocio de las salsas en Chile. La entrada en vigencia del reglamento de la Ley de Plásticos de Un Solo Uso obligó a restaurantes, cadenas de comida rápida, cafeterías y servicios de delivery a modificar la forma en que entregan productos desechables a sus clientes.

El objetivo es reducir los residuos asociados al expendio de alimentos, una categoría que representa una parte importante de la basura que termina en calles, microbasurales y entornos naturales.

El cambio tuvo una fecha clave: el 13 de febrero de 2026. Desde entonces, los establecimientos que expenden alimentos para consumo dentro de sus dependencias tienen prohibido entregar productos de un solo uso.

Para quienes compran comida para llevar o a través de aplicaciones de delivery, las reglas también cambiaron. La normativa estableció que los productos de un solo uso distintos del envase —como cubiertos, bombillas y otros implementos— sólo pueden entregarse cuando el consumidor los solicita expresamente.

Aunque el reglamento no menciona específicamente los sobres de ketchup, mostaza o mayonesa, en la industria existe consenso en que el modelo de entrega automática de aderezos llegó a su fin. Al menos como lo conocíamos.

Las papas sin mayonesa

Hace algunos meses, clientes de distintos locales de McDonald’s comenzaron a notar otro cambio. Después de pedir unas papas fritas o una hamburguesa, se acercaban al mesón en busca de un complemento que durante años pareció inseparable de la experiencia: mayonesa extra.

El ketchup seguía disponible, pero la mayonesa había desaparecido. Según explican conocedores de la industria, la cadena dejó de ofrecer mayonesa adicional debido a las exigencias asociadas a la conservación y cadena de frío del producto, un desafío que se volvió especialmente relevante en medio de la adaptación de las empresas a las nuevas exigencias regulatorias.

Sin embargo, el fenómeno está lejos de ser exclusivo de McDonald’s. En cadenas como KFC y Wendy’s los tradicionales sachets también han comenzado a desaparecer. En varios locales, el ketchup y otros aderezos son servidos directamente desde botellas o dispensadores hacia pequeños recipientes de papel, mientras que la mayonesa dejó de estar disponible como complemento adicional debido a las complejidades que implica su conservación fuera de la cadena de frío.

La transformación afecta a una cadena productiva enorme. Fabricantes de envases, productores de aderezos, empresas de delivery y restaurantes han debido revisar procesos, formatos y costos para adaptarse a una nueva realidad.

Algunas cadenas reemplazaron los tradicionales sachets por dispensadores reutilizables. Otras optaron por pequeños recipientes de papel. Varias redujeron la entrega automática de salsas y comenzaron a privilegiar sistemas donde el consumidor debe solicitarlas expresamente.

El desafío, sin embargo, no es sólo para las empresas. La implementación de la normativa también ha abierto interrogantes sobre la fiscalización. Durante la discusión del reglamento, distintos expertos advirtieron que buena parte del control recaerá en los municipios, cuyos inspectores deberán verificar el cumplimiento de las nuevas obligaciones en miles de establecimientos a lo largo del país.

La falta de recursos, capacitación y personal especializado aparece como uno de los principales obstáculos para que la norma se aplique de manera efectiva.

De hecho, durante la presentación del reglamento, representantes de la industria, organizaciones ambientales y especialistas coincidieron en que el éxito de la ley dependerá no sólo de las empresas o de los fiscalizadores, sino también de los consumidores.

Una industria obligada a reinventar las salsas

Para la industria gastronómica, el fin de la entrega automática de aderezos no es sólo un cambio ambiental. También es un desafío operativo.

Durante años, los sachets permitieron resolver de manera simple la entrega de ketchup, mostaza, mayonesa y otras salsas tanto en restaurantes como en pedidos para llevar. La nueva normativa obligó a miles de establecimientos a revisar procesos que parecían completamente consolidados.

“Como industria entendemos y compartimos el propósito de avanzar hacia modelos más sostenibles y reducir la generación de residuos. Sin embargo, la implementación de esta etapa de la ley ha significado cambios importantes en la operación diaria de muchos establecimientos, especialmente en el segmento de comida rápida, donde los sachets formaban parte habitual del servicio”, explica Guillermo Prieto, presidente de Achiga.

Según el dirigente gremial, la adaptación no ha sido simple. Los restaurantes han debido rediseñar procesos, capacitar personal y buscar alternativas que permitan mantener los estándares de rapidez e inocuidad alimentaria sin incumplir la normativa.

El resultado ha sido una diversidad de soluciones. Mientras algunos locales optaron por dispensadores, otros comenzaron a utilizar recipientes de papel o envases certificados. “No existe una solución única, porque depende del formato de cada negocio. El desafío es encontrar mecanismos que sean ambientalmente responsables, operativamente viables y que no deterioren la experiencia del cliente ni incrementen desproporcionadamente los costos”, señala Prieto.

Los cambios también han sido percibidos por los consumidores. De acuerdo con Achiga, existe una recepción dispar frente al nuevo escenario. Algunos valoran la reducción de residuos, mientras otros todavía extrañan prácticas que estuvieron presentes durante décadas.

“Muchos consumidores comprenden y valoran el objetivo de la medida, pero otros manifiestan incomodidad o extrañeza frente a cambios en hábitos muy instalados, como recibir aderezos en sachets individuales”, afirma.

El debate incluso ha alcanzado aspectos sanitarios. Un ejemplo es la decisión de algunos locales de dejar de ofrecer mayonesa adicional en sus mesones.

Para Prieto, el desafío consiste precisamente en compatibilizar los objetivos ambientales de la ley con los estándares sanitarios exigidos por la autoridad. “La cadena de frío y la inocuidad alimentaria son aspectos intransables. Desde Achiga consideramos que el cumplimiento de la ley ambiental nunca puede ir en desmedro de la seguridad alimentaria”, sostiene.

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#Ketchup#mayonesa

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