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Opinión

20 de Junio de 2026
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Columna de Jaime Mañalich: El León que no rugió contra la técnica y los memes, sino con ellos

Foto autor Jaime Mañalich, exministro de Salud Por Jaime Mañalich, exministro de Salud

Ha aparecido un León Superstar, estadounidense-peruano, y al igual que otro, anota goles.

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Robert Francis Prevost, el agustino de Chicago que desde mayo de 2025 ocupa la cátedra de Pedro como León XIV, usa gestos y palabras. En su primera encíclica, Magnifica Humanitas, terminó de consolidar su perfil como una de las voces morales más escuchadas del planeta, al situarse en un eje entre la tradición más sólida de la Iglesia y las ansiedades actuales de la humanidad.

Eligió su nombre de León XIII porque aquel Papa, con Rerum Novarum de 1891, había sabido leer la primera gran revolución industrial y ofrecer una doctrina social capaz de hablarle a obreros, patrones y gobiernos por igual. Hoy, el mundo atraviesa una revolución equivalente, esta vez impulsada por la inteligencia artificial.

León XIV viajó a España en junio, y aprovechó cada escala para insistir en los mismos ejes: la dignidad del trabajo humano, la herida abierta de los abusos eclesiales, la necesidad de construir un puente entre pueblos en lugar de muros de división.

El 25 de mayo de 2026 marca un punto de inflexión, cuando presentó su primera encíclica “sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial”, donde resume que enfrentamos hoy una elección decisiva entre construir una nueva Torre de Babel —poder remoto, soberbio, deshumanizado— o levantar una ciudad donde la humanidad habite. Condena con firmeza el uso de IA en la guerra, argumentando que la reducción del control humano sobre las armas facilita el estallido de conflictos. 

Durante su visita a España en junio, León XIV repitió varias veces, el gesto conocido como “six-seven”, un meme que se volvió viral entre la generación juventud. Que un hombre de 70 años, vestido de blanco, haga el gesto que hacen los jóvenes generó el tipo de clip que se comparte porque rompe expectativas. La prensa lo calificó como una “lectura” deliberada de los códigos digitales de los jóvenes. 

En los encuentros juveniles en España, los temas que eligió fueron existenciales: salud mental y los desafíos específicos de las nuevas generaciones. Con ello, reitera la descripción de la Iglesia como “experta en humanidad”, en un país donde cerca del 40% de la población se declara sin afiliación religiosa. 

Ocurre una combinación poco común: un pontífice doctrinalmente bastante clásico que, sin embargo, ha entendido que la forma de llegar a los jóvenes no es bajar el nivel del mensaje sino subir el nivel de la escucha de sus códigos. Es la misma lógica que aplicó con la inteligencia artificial en Magnifica Humanitas: no ignorar el fenómeno cultural dominante, sino entrar en él para intentar darle una dirección.

La oposición Babel-Jerusalén funciona como la clave de lectura de toda la encíclica: no es un texto técnico sobre algoritmos, sino una pregunta sobre qué tipo de civilización queremos construir con ellos.

Sobre el uso militar de la IA, la frase es tajante: ningún algoritmo puede volver aceptable la guerra. De ahí se deriva el llamado central del documento, repetido por el propio Papa en la presentación: la inteligencia artificial debe ser “desarmada”, liberada de las lógicas que la convierten en instrumento de dominio o de muerte, comparándola en ese sentido con la energía nuclear, que solo se justifica si está al servicio del bien común y de todos.

Sobre el valor del trabajo humano y lo que ninguna máquina puede reemplazar, el texto insiste en que custodiar esa “magnífica humanidad” es un deber urgente precisamente porque ninguna máquina podrá jamás sustituirla. La cita que más circuló fuera de los círculos católicos fue tomada de El señor de los anillos: “Todos podemos hacer nuestra parte”, donde León XIV recurre a las palabras de un personaje de Tolkien para describir la responsabilidad humana frente a fuerzas que exceden el control individual, no dominar todas las mareas del mundo sino hacer lo posible para dejar tierra limpia a quienes vengan después. Esa cita, leída por varios comentaristas como una respuesta indirecta a las posturas trans y posthumanistas fue el fragmento más compartido en redes de toda la encíclica. Advierte de dos actitudes extremas, el entusiasmo ingenuo y el miedo estéril frente a la tecnología y propone una lista de criterios de discernimiento que al desarrollo de IA: la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción preferencial por los pobres, el cuidado de la casa común y la paz. Estos criterios deben traducirse en prácticas verificables: planificación responsable, evaluaciones de impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, e investigación e industria orientadas hacia la justicia y la paz, en lugar de hacia la mera eficiencia o el lucro.

La advertencia: “En abstracto, esta, en sí misma (la IA), no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza” resuena con fuerza en el cuidado de los derechos del ser humano.

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