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20 de Junio de 2026“Papá me das cringe”: Los chistes fomes de padres tienen una función según la ciencia, estudio sugiere que fortalecen el vínculo con los hijos
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Los chistes que cuentan los papás a sus hijos tienen mala fama. Son simples, repetitivos, anticuados y muchas veces provocan vergüenza ajena. Sin embargo, la ciencia sugiere que detrás de esas bromas aparentemente inofensivas y tiernas podría esconderse algo más importante que una simple búsqueda de risas.
Según un artículo publicado por el diario estadounidense The Washington Post, diversas investigaciones recientes han comenzado a examinar el papel que cumple el humor dentro de la crianza y las relaciones familiares. Los resultados apuntan a que las bromas, incluso las más torpes, pueden ayudar a fortalecer los lazos entre papá e hijo.
La publicación recoge evidencia que muestra que los padres que utilizan el humor con frecuencia reportan relaciones más estrechas con sus hijos y mayores niveles de apego emocional. Los investigadores sostienen que las experiencias compartidas de risa y juego contribuyen a generar confianza y cercanía dentro del hogar.
Uno de los aspectos que más llama la atención es que los llamados “dad jokes” obligan a los niños a interpretar distintos significados y a comprender matices del lenguaje. Ese proceso puede transformarse en una forma de aprendizaje social y comunicativo.
La investigación también añade que el humor permite a los padres mostrarse vulnerables y dispuestos a parecer ridículos frente a sus hijos. Esa disposición puede transmitir cercanía y reducir las barreras jerárquicas propias de la relación entre adultos y niños.
Otros estudios citados por medios especializados han encontrado que las bromas de este tipo suelen funcionar mejor cuando recurren a juegos de palabras simples, interpretaciones literales de frases comunes y situaciones cotidianas relacionadas con la familia.
Por supuesto, eso no significa que todos los chistes sean buenos. La mayoría seguirá provocando un clasíco “papá, que fome”. Pero para los investigadores, esa reacción también forma parte del fenómeno: el humor compartido crea códigos propios y experiencias que ayudan a construir identidad familiar.



