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Opinión

14 de Junio de 2025

Día del Padre en la era de los sin hijos: ¿qué es ser un buen padre hoy?

Una de las razones por las que los hombres de las nuevas generaciones no quieren tener hijos es por las expectativas de la paternidad: hoy no solo se necesita proveer, sino que estar, querer, cuidar. Pero, ¿existe realmente esa nueva paternidad? Los papás se llevan a los niños a la plaza el sábado en la mañana, juegan, quieren (lo que está todo bien), pero las fomedades nos siguen cayendo encima a nosotras, normalmente. ¿Y qué es lo que más ha cambiado entre los padres de ayer y hoy?

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El monólogo, al igual que buena parte de esa serie perfecta, es demoledor. Martin Luther King ha sido asesinado y los personajes están en un estado de shock y exaltación. Don Draper, el protagonista de Mad men, lleva a su hijo a ver una película: El planeta de los simios. El hijo dice: “A todos les gusta ir al cine cuando están tristes”.

Esa misma noche, Draper le dice a su joven segunda esposa: “No creo que alguna vez haya querido ser el tipo de hombre que ama a los niños. Pero desde el momento en que nacen, ese bebé sale y tú actúas como si estuvieras orgulloso y emocionado, repartes habanos. Pero no sientes nada. Especialmente si tuviste una infancia difícil. Quieres amarlos, pero no puedes. Y el hecho de que estés fingiendo ese sentimiento te hace preguntarte si tu propio padre tuvo el mismo problema. Y entonces, un día, ellos crecen. Y los ves hacer algo… y experimentas ese sentimiento que antes fingías tener. Y se siente como si el corazón te fuera a explotar”.

Es la simbolización de un momento bisagra en la paternidad moderna: pasar de ser un padre poco interesado y frío a uno presente y sintiente. Desde esos años 60, pasarán décadas para que la paternidad sea nuevamente deconstruida y, de cara a un nuevo milenio y críticas al patriarcado mediante, se le exija a los neo padres no solo a proveer, nutrir y cobijar, sino que a tener inteligencia emocional, presencialidad amorosa y cuidados equitativos.

Y entonces los hombres, al igual que las mujeres, dejaron de querer tener hijos.

La socióloga chilena Martina Yopo-Díaz, quizás quien mejor ha estudiado el fenómeno de la caída estrepitosa de la natalidad en nuestro país, se sentó a hablar en 2023 con 20 hombres de entre 30 y 45 años que se habían hecho vasectomías. Entre las múltiples razones para no querer tener hijos -como lo económico, el tiempo y renuncia que requieren- se repetía además el tema de las expectativas: hoy ya no es tener, por parte de los padres, al niño sano y alimentado, sino que se espera vayan también al pediatra, lean cuentos en la noche, quieran, cuiden y críen. Ante eso, muchos creen que es mejor abstenerse.

Ahora, y en el contexto del Día del Padre, ¿existe realmente esa nueva paternidad? Si hago focus group en mis cercanas, por supuesto que los padres de hoy están más presentes, o preocupados de estarlo, que antes. Pero -con un par de excepciones- la carga mental se la siguen llevando las mujeres, que saben qué falta en el refrigerador, que compraron los regalos para todo un mes de cumpleaños infantiles, que son las que se organizan para turnos escolares, cuidados extraordinarios e imprevistos. Los hombres participan en todas las actividades anteriores, pero ellas son las encargadas del hogar por default.

Esta semana la Revista Ya publicó un reportaje sobre la nueva paternidad. Ahí un académico sentenciaba que los padres en Chile “que se implican en el cuidado y la crianza, lo hacen participando en actividades lúdicas con sus hijos e hijas que en actividades más propias de las tareas reproductivas (en el trabajo doméstico y los cuidados)”. Bingo. Los papás se llevan a los niños a la plaza el sábado en la mañana, juegan, quieren (lo que está todo bien), pero las fomedades nos siguen cayendo encima a nosotras, normalmente.

Por estos días acaba de salir publicado en el hemisferio norte un libro llamado “Fatherhood: a history of love and power”, del historiador Augustine Sedgewick. Ahí revisa la historia de la paternidad a través de distintos hombres célebres. Parte en la antigua Grecia -donde un recién nacido no era persona hasta que su padre lo reconociera como tal- y avanza hasta tiempos contemporáneos. Mientras que Platón creía en una sociedad donde las guaguas fueran colectivas y se criaran entre todos, Aristóteles proyectó la paternidad como una virtud. El libro pasa por San Agustín -que incluyó el “pecado original” traspasado de padres a hijos en el ruedo-, Enrique VIII, Sigmund Freud, Charles Darwin -y cómo su relación con sus hijos aportó a su teoría de la evolución, donde sobreviven los más aptos- a la reinvención de Bob Dylan de un rebelde sin causa a un padre de valores tradicionales.

En el libro Sedgewick define la parternidad como “una serie de crisis de identidad que se extienden a lo largo de mil años”. Describe también cómo la autoridad ha sido parte fundamental del rol, para bien y para mal. Y que el giro del nuevo milenio, donde se les exige cierto nivel de no solo amor, sino de afectividad y cuidados a los padres, ha “socavado las ideas heredadas de la paternidad, construidas sobre mitos, deseos y promesas imposibles”.

Delicado equilibrio, entre pedirles mucho y muy poco, a ver si más se aventuran a la paternidad. Los que ya habitan en ella, caminan con cuidado para ser mejores que los antecedieron, en un sin fin. Quizás el cambio más importante sea asumir que el trabajo es uno difícil y en constante desafío. Por el momento, al igual que con las mamás, podemos de dejar de mirar a los padres hacia arriba, cuando los que están y los que quieren, son igualmente personas falibles intentando de puntillas alcanzar la altura requerida.

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