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Cómo el mundial bombardea de publicidad “bet” a niños y ludópatas digitales: “Cerré Instagram para dejar de apostar, pero las casas de apuestas empezaron a llamarme”

Iván cerró Instagram para dejar de apostar. Pero los mensajes siguieron llegando. En pleno Mundial, promociones, SMS y llamadas de casas de apuestas continúan alcanzando a personas que intentan dejar el juego. Expertos y exludópatas advierten que la saturación publicitaria asociada al torneo puede transformarse en un factor de riesgo para quienes luchan contra una adicción normalizada.

Por 27 de Junio de 2026
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Iván tiene 24 años y no le gusta el fútbol.

No sigue campeonatos. No tiene equipo. No sabe muy bien las ventajas de una formación sobre otra. Tampoco pasa las tardes revisando estadísticas o apostando quién marcará el próximo gol. Cuando juega, lo hace en otro lugar: las tragamonedas online.

Por eso le llamó la atención que, durante el Mundial, su teléfono comenzara a llenarse de promociones relacionadas con la Copa del Mundo. Raspes virtuales. Bonos. Juegos temáticos de ruletas y cartas. Mensajes que mezclaban partidos con invitaciones para volver al casino.

Uno de ellos todavía lo recuerda. Le llegó días atrás y utilizaba un partido del Mundial para promocionar una ruleta online. Iván ni siquiera pensaba ver el encuentro. Pero la publicidad tampoco estaba dirigida a futboleros. Estaba dirigida a apostadores y eso para Iván era problemático.

Meses antes había decidido dejar de apostar.

Había gastado cerca de $500 mil jugando por internet; una fortuna para un estudiante. Primero utilizó una tarjeta de crédito. Después pidió un adelanto para pagar esa misma deuda. Finalmente comenzó a notar que había perdido el control financiero y, también, de sus impulsos. Cuando estaba solo, aburrido o con demasiado tiempo libre terminaba apostando.

Quería parar. Fue entonces cuando identificó el principal gatillante: Instagram.

Cada pocas historias aparecía una nueva invitación para jugar. Bonos de bienvenida. Giros gratis. Promociones para duplicar depósitos. La publicidad era como una avalancha, cada tres historias aparecía. Cómo no podía escapar de ella tomó una decisión que para un joven universitario puede parecer extrema: cerró la aplicación.

Pensó que escaparía, sin ver el mundial y sus publicidades en el medio tiempo y las pausas de hidratación y sin su principal red social no se expondría a su adicción. Pero no fue así.

Primero llegaron mensajes de texto. Después llamadas telefónicas. Algunas provenían de casas de apuestas en las que asegura nunca haberse registrado. Todos los días aparecía una nueva promoción en la pantalla de su celular. Llegaron a ser 10 sms y 2 llamadas al día para que volviera a apostar

—Argentina versus Argelia. Gira la ruleta y gana premios— decía uno de los mensajes que todavía conserva.

La paradoja era evidente. Mientras intentaba alejarse de las apuestas, las apuestas parecían encontrar nuevas formas de acercarse a él.

Iván tenía tenía al dealer de su adicción dentro de su bolsillo.

Páginas de apuestas del mundial de futbol 2026. (Francisco Paredes / THE CLINIC)

Un dealer en el bolsillo

La historia de Iván ocurre en medio de un Mundial de fútbol que no solo ha concentrado la atención de millones de espectadores, sino también de una industria que ha encontrado en el torneo más importante del planeta una vitrina privilegiada para captar clientes.

Durante las transmisiones televisivas, las pausas comerciales, tiempos de hidratación, las redes sociales y las campañas de influencers, las casas de apuestas han desplegado una ofensiva que parece imposible de esquivar.

“Y no solo para quienes siguen el fútbol. La ofensiva publicitaria de las casas de apuestas también alcanza a menores de edad y a personas que intentan recuperarse de una adicción que, a diferencia del alcoholismo o la drogodependencia, suele desarrollarse lejos de la vista de familiares y amigos.”

Para Vicente Huidobro, psicólogo clínico, terapeuta especializado en adicciones y académico de la Pontificia Universidad Católica, el problema no es únicamente la publicidad. El problema es el momento en que esa publicidad aparece.

Las personas con una adicción, explica, viven en un conflicto permanente entre dos fuerzas opuestas: una parte de ellas quiere abandonar la conducta, mientras otra sigue buscando una excusa para retomarla.

“Lo propio de la adicción es que la persona está en un constante conflicto motivacional entre querer dejar la conducta y querer seguir en ella”, explica.

Por eso, señala, una de las primeras medidas que se adoptan en los tratamientos consiste en eliminar todos los estímulos asociados a la conducta adictiva. En el caso de las apuestas online, eso implica bloquear aplicaciones, sitios web, cuentas y cualquier canal que permita acceder nuevamente al juego.

“Eso es el ABC de las adicciones. Uno de los pasos fundamentales es eliminar todos los canales por medio de los cuales se accede al estímulo”, dice.

El problema es que mientras una persona intenta alejarse de las apuestas, las plataformas parecen operar en dirección contraria. Mensajes de texto. Correos electrónicos. Publicidad en redes sociales. Bonos de bienvenida. Llamadas telefónicas.

Para Huidobro, la insistencia no es inocente.

“El efecto de que la industria siga conectando a la persona es brutal porque va oscilando constantemente entre momentos en que está convencida de que quiere dejar la conducta y otros momentos en que lo duda y es vulnerable”, afirma.

Según explica, basta que el mensaje llegue en uno de esos momentos de vulnerabilidad para que la recaída vuelva a convertirse en una posibilidad.

“Generalmente son enganches que ofrecen dinero gratis para apostar. Entonces la persona piensa: ‘Bueno, total no voy a gastar plata, solamente voy a usar esto que me están ofreciendo’. Y ahí vuelve a caer en la conducta”, señala.

El especialista va un paso más allá. A su juicio, las plataformas conocen perfectamente ese mecanismo.

“La industria sabe que esa persona no solo va a gastar esos 20 o 50 mil pesos que le están regalando. Sabe que va a volver y va a empezar a gastar por su cuenta grandes cantidades. Lo terrible es que existe una conciencia de la adicción y una utilización de ella”, sostiene.

Y si existen fechas especialmente riesgosas para quienes tienen problemas con el alcohol —como Fiestas Patrias o Año Nuevo—, para quienes sufren una adicción al juego el Mundial ocupa un lugar parecido.

“El Mundial es una fecha muy complicada. La persona tiene que tomar prevenciones previas porque está en un periodo de vulnerabilidad”, advierte.

Por eso, agrega, no resulta extraño que durante estas semanas aumenten los estímulos asociados a las apuestas. Lo que antes implicaba desplazarse físicamente a un casino hoy llega directamente al bolsillo.

“Los casinos antes eran un lugar al que uno iba. Ahora esto pasó de la esfera pública a la esfera privada. Te escriben o te llaman directamente al teléfono”, concluye.

Páginas de apuestas del mundial de futbol 2026. (Francisco Paredes / THE CLINIC)

La visión de un adicto en remisión

Jimmy Corvalán conoce ese conflicto desde ambos lados.

Es psicólogo y trabaja con personas que intentan dejar las apuestas. Pero antes de eso fue uno de ellos, además es colaborador del centro Walnut. Durante años apostó online, principalmente en eventos deportivos. Perdió dinero, puso en riesgo su matrimonio y llegó a utilizar recursos que no le pertenecían para seguir jugando.

“Casi termino con mi pareja, le saqué plata a ella. El juego rompe todo límite ético y moral”, recuerda.

Corvalán dejó de apostar el 9 de diciembre de 2019. Han pasado más de seis años desde entonces, pero evita hablar de una recuperación definitiva. “Al ser considerada una adicción, la ludopatía te va a acompañar toda la vida. Lo importante es mantenerse en remisión”, explica.

Por eso mira con preocupación la explosión publicitaria que acompaña al Mundial. No solo por su experiencia personal, sino también por la evidencia que ha revisado para una investigación doctoral sobre el impacto de la publicidad en personas con problemas de juego.

Según explica, los estudios internacionales muestran que las campañas masivas asociadas a eventos deportivos no solo atraen nuevos jugadores. También aumentan las recaídas entre quienes están intentando dejar el juego.

“En entornos masivos, aparte de generar ingreso de nuevos jugadores, a los que están dejando de jugar les aumenta el número de recaídas”, señala.

La literatura especializada ha documentado que los jugadores problemáticos suelen prestar más atención a la publicidad de apuestas, recordarla con mayor facilidad y sentirse más influenciados por ella que quienes juegan de manera ocasional. Para quienes intentan mantenerse alejados del juego, los anuncios pueden transformarse en detonantes capaces de activar impulsos, aumentar el deseo de apostar y debilitar decisiones de abstinencia que muchas veces han costado años construir.

Páginas de apuestas del mundial de futbol 2026. (Francisco Paredes / THE CLINIC)

Los investigadores del Gambling advertising: A critical research review de la Universidad de Gothenburg también han observado que ciertos mensajes tienen un impacto especialmente fuerte. Las campañas que destacan grandes premios o ganancias extraordinarias pueden alimentar la ilusión de que una apuesta resolverá problemas económicos, además de reforzar una conducta habitual entre jugadores problemáticos: seguir apostando para recuperar el dinero perdido.

Para Corvalán, uno de los factores más preocupantes es la normalización. Hace algunas semanas escuchó a un grupo de estudiantes conversar sobre el Mundial en el Metro de Santiago.

No hablaban de resultados, de selecciones, ni de Cristiano Ronaldo, Messi, Lamine Yamal o Mbappé

Hablaban de cuotas.

“Ya no era Argentina le va a ganar a tal selección. Era cuánto te pagaba una determinada apuesta. Existe una muy alta normalización del lenguaje del juego”, afirma.

Esa normalización, asegura, no es casual. Las casas de apuestas han logrado instalar su lenguaje en conversaciones cotidianas, transmisiones deportivas, redes sociales e incluso entre adolescentes que jamás han puesto un pie en un casino. Y, según Corvalán, existe una razón económica detrás de esa estrategia.

“El 95% de las ganancias de las casas de apuestas online pertenece al 20% de los jugadores”, sostiene.

A su juicio, el verdadero negocio de la industria no está en quienes realizan una apuesta esporádica durante un partido importante, sino en los jugadores problemáticos que vuelven una y otra vez. El negocio está en generar adictos.

Por eso tampoco le sorprende escuchar historias como la de Iván y cómo lo llaman por telefono y le mandan mensajes. Dice que a sus pacientes les ha ocurrido lo mismo. “Para la casa de apuestas es un negocio retenerlo. La plata no está en el juego recreacional. La plata está en quien es capaz de hacer de todo para seguir jugando”, afirma.

Iván al telefono responde dos preguntas simple

–¿Te consideras ludópata?

–La verdad no. No he llegado a tocar fondo.

–¿Crees que volverías a apostar?

–Ojalá que no. Si fuera por mí no lo haría, pero me conozco entonces si es que en algún momento me encuentro aburrido y quiera distraerme probablemente vuelva a jugar, ojalá sea sin mi plata, con la que te regalan los casinos online.

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