Fernanda Finsterbusch, la joven estrella de Mega y su primer protagónico en “Prohibida Obsesión”: “Hoy estoy protagonizando la teleserie, pero una cosa es llegar y otra muy distinta es mantenerse”
Fernanda Finsterbuch entró al selecto grupo de mujeres protagonistas de teleseries chilenas. Con 26 años, fue anunciada en ese rol para "Prohibida Obsesión", la nueva nocturna de Mega, donde compartirá un triángulo amoroso junto a Diego Muñoz y Sigrid Alegría. Este hito en la carrera de la actriz se suma a su interpretación de Michelle Bachelet en "Once", la próxima película de Pablo Larraín sobre el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. En esta entrevista, la joven actriz repasa sus primeros años buscando castings, las dificultades de grabar una nocturna con escenas de alto contenido erótico y sus objetivos dentro de la industria para consolidarse y construir una carrera de largo plazo.
Por Felipe Betancour 4 de Julio de 2026
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En el estudio número cuatro de Mega, Fernanda Finsterbusch recorre con familiaridad el departamento de Bárbara, su personaje en “Prohibida Obsesión”. Se sienta en el sillón gris y enciende un equipo de música vintage. “Este es mi departamento”, dice entre risas, mientras camina con confianza por el set construido para su primer papel protagónico en el área dramática del canal.
Finsterbuch (26) consiguió el papel a través de un casting, pero no es una desconocida en las teleseries de Mega. Su primera aparición fue en “Edificio Corona” con un bolo, es decir, una participación breve. En cinco años pasó de ser una actriz prácticamente desconocida a convertirse en la piedra angular de una historia que marca el regreso de las teleseries nocturnas, con tramas más sensuales y eróticas, en la línea de producciones como “40 y Tantos” o “Ídolos”, que abordaron temas poco explorados hasta entonces en la televisión, como las relaciones extramatrimoniales, el destape y el deseo.
Sentada en una sala del canal para esta entrevista, la actriz se muestra confiada. Está segura de este momento de estrellato, pero asegura que no se le suben los humos a la cabeza porque sabe que el camino es largo y que conseguir un protagónico no garantiza una carrera. “¿Cuántos actores y actrices tuvieron un protagónico y luego desaparecieron?”, responde, en lo que parece ser un mantra personal para mantener los pies en la tierra.
Ese camino comenzó a los 14 años, impulsado por una personalidad que la llevaba a querer estar en todas partes al mismo tiempo. Intentó ser youtuber, participó en un programa digital de Canal 13, buscaba castings en Facebook y hasta apareció en un video de Mario Guerrero.
A diferencia de varios de sus compañeros de Teatro UC, nunca tuvo una mirada snob sobre las audiciones: si había un correo donde enviar su portafolio o una convocatoria para presentarse a un casting, ahí estaba ella. “Hasta las cuatro de la mañana me quedaba investigando cómo podía estar en una serie de Netflix”, recuerda. Ser actriz era una verdadera obsesión.
—¿Qué lineamientos te dieron inicialmente sobre el personaje?
—Es una teleserie nocturna, un triángulo amoroso. Me dijeron que era una nocturna un poco más subida de tono de lo habitual, más arriesgada y jugada. Es una tremenda historia de amor, pero mi personaje a veces iba a tener un poco la teja corrida.
—¿Te complicó en algún momento cuando te dijeron que sería una nocturna subida de tono?
—Nada, no. No me complicó. Obviamente te pone en alerta: uno tiene que estar atenta a distintas cosas, evaluar qué tan expuesto va a estar el cuerpo y cómo se van a llevar a cabo las escenas íntimas. Pero yo siempre he sido alguien que no es pudorosa y que está entregada en función de lo que hay que contar. Y esta es una historia de amor. O sea, todas las escenas de desnudo —que hay hartas— están al servicio de la trama, del romance, de contar el deseo. Es tanta la obsesión que se genera, tanto en mi personaje como en el de Luciano (Diego Muñoz), que había que mostrar una pasión profunda, de forma más real o concreta.
—¿Qué se muestra en las escenas de desnudo y cuánto permite la línea del canal?
—Por un lado, claro, hay un horario que no es apto para menores, por lo que también se permite mostrar más desnudo. En este caso, se trata de escenas íntimas que acompañan el gran encuentro de amor: la gran noche inicial de la teleserie, que también se ve en el spot. Acá se da este encuentro entre Luciano y Bárbara que ocurre el primer día. Es una escena tan potente que al final hay que mostrar lo que sucede. Entonces la gran decisión de esta teleserie no es solo insinuarlo, sino mostrarlo. Tanto en ese primer encuentro, como en otros posteriores, se muestra más piel, más cuerpo, más desnudo, para que se vea el goce de las personas y el disfrute de su vida sexual.
—En esta teleserie también están trabajando con un coordinador de intimidad, algo que ya se había incorporado en otras producciones. ¿Cómo es para ti convivir con ese rol y qué significa en el proceso de trabajo?
—Sí. Para ponerlo en contexto, el coordinador de intimidad lo que hace es generar un ambiente en el set que implica que se está trabajando algo importante, donde los cuerpos de los actores están expuestos. Entonces hay que generar un espacio de confort y de respeto.
Para mí, su presencia conlleva precisamente eso: un respeto por lo que estamos haciendo, y evita situaciones que antes ocurrían y que siguen ocurriendo, como comentarios hacia el cuerpo de las compañeras, hacia el set o burlas, cualquier cosa que no forme parte del trabajo y que no corresponde. Eso es algo que el coordinador puede frenar.
—¿Y cómo se trabaja con esa figura?
—Esta figura viene a instalar la idea de que lo que estamos haciendo es importante, y trabaja conmigo y con el otro compañero para definir los límites: qué estoy dispuesta a mostrar, qué no, desde qué ángulos, y lo mismo con el otro actor. Luego eso se conversa con el director para construir la escena en conjunto.
Así se genera un espacio mucho más seguro, donde hay respeto y donde se entiende que no es una escena “hot” por sí misma, sino que tiene sentido dentro de la historia, que está contando algo desde la escritura.

—¿Cuánta flexibilidad hay de parte de los directores para que tú puedas decir “por aquí no”, “este lugar prefiero que no se muestre del todo”?
—Para mí no fue necesario solicitar un doble de cuerpo, no sé si lo será de aquí al final del rodaje, porque uno nunca sabe. Quizás hay cosas a las que no estoy dispuesta a hacer o que, después de verlas, pueda decidir que no quiero volver a repetir. Ese permiso no está zanjado desde el inicio: siempre hay flexibilidad. Eso te permite, como actriz, sentirte mucho más cómoda y darte la posibilidad de establecer límites que incluso pueden cambiar después.
—¿Cómo ha sido trabajar con Diego Muñoz en ese plano de intimidad?
—Es súper intenso, porque también hay una brecha de edad que no es menor, que es real y que es importante que exista. En este caso hay una diferencia de edad que no se puede invisibilizar. Pero Diego es muy buen compañero, ha sido un gran partner, muy respetuoso, y entre los dos hemos generado un ambiente de mucha confianza, en el que me he sentido muy cómoda trabajando.
—¿Por qué crees que Mega se “destapó” y volvió a hacer nocturnas con el deseo y el sexo como eje?
—Esta es una visión muy personal, pero creo que también el medio se volvió muy “cartucho” en algún momento, porque muchas veces las escenas no se hacían en función de la trama, sino solo para mostrar los cuerpos de las mujeres, y ese era uno de los principales argumentos.
—¿Y cómo viviste tú ese cambio en la forma de abordar esas escenas?
—En lo que a mí respecta, cuando llegaba al set o a conversar una escena, lo que planteaba era: “yo no creo que mi plano sea el del desnudo, acá somos dos seres humanos y la historia se tiene que contar entre los dos”. Pero si iba a ser solo mi plano, yo ese plano no lo iba a hacer. Y eso antes sí ocurría, es decir, aparecía la mujer desnuda sin mayor contexto, y yo no estaba dispuesto a eso.
Creo que hoy hay una vuelta que no tiene que ver solo con el discurso sobre la exposición o el pudor, sino más bien con un mayor cuidado hacia el cuerpo de la mujer. Se ha tomado conciencia, en parte por todo el debate feminista de los últimos años, de los daños que eso podía generar. Hay compañeras con las que he conversado que me han dicho que no volverían a hacer algo así porque lo pasaron muy mal. Entonces, volver a abordar estas escenas implica una gran responsabilidad.
—¿Es un retroceso creativo hacer teleseries sobre infidelidades de un hombre mayor con una mujer jóven?
—No la veo en ningún caso como un retroceso. Lo que se muestra en el spot no es el guion completo, y la teleserie viene a contar no solo la obsesión de él. De hecho, él quiere hacerme desaparecer de su vida, pero soy yo la que no quiere desaparecer.
Entonces hay un personaje femenino muy potente, que sí se arriesga, que toma decisiones y que va moviendo el curso de la historia. Es una mujer que no necesariamente es “blanca”: no es alguien que siempre actúe desde lo bienintencionado, sino que también a veces genera situaciones complejas o incluso negativas en el protagonista.
—¿Es un riesgo hacer este personaje y quedar encasillada como actriz sex symbol?
—Sí, siempre va a ser un riesgo, pero depende de cómo uno lo tome y cómo lo trabaje también, y de cuál sea tu discurso frente a tu trabajo. Yo jamás he sentido que Bárbara sea un sex symbol por sí sola. En ningún caso, está muy lejos de eso. Creo que ella ocupa su sexualidad con mucha conciencia de lo que eso significa, y eso ya es distinto. No es lo mismo que sea un personaje que solo se muestre desde ahí, sino alguien que la usa como herramienta, que sabe ocupar sus recursos como una mujer adulta de 25 años, capaz de decidir si quiere estar con alguien o no.
—Eres parte del recambio de Mega ¿Cómo ves esa apuesta generacional?
—Creo que la palabra “recambio” es un poco cruel, porque también implica juicios sobre el cuerpo de los compañeros y el paso del tiempo. Pero entendida de forma positiva, como la apertura a nuevas personas y talentos, me parece valiosa. En televisión hay un código que se aprende con el training y la experiencia en set. Lo que en pantalla parece natural es en realidad un proceso largo y exigente. Por eso, a los actores con más experiencia les resulta más fácil, mientras que quienes recién salen de la escuela pueden sentirse perdidos al principio.
—¿Tienes marcados algunos objetivos o sueños para el mediano y largo plazo en tu carrera como actriz?
—No soy mucho de proyectarme con metas a largo plazo, justamente por las expectativas. Siento que muchas veces generan frustraciones que ni siquiera son reales. Prefiero concentrarme en el camino, darlo todo e ir avanzando paso a paso.
Además, esta carrera es muy incierta. Hoy estoy protagonizando la teleserie de Mega, pero una cosa es llegar y otra muy distinta es mantenerse. Conozco muchas actrices que han protagonizado proyectos importantes y después no volvieron a tener esa oportunidad.
—¿Cuál crees que es el camino para mantenerse?
—Lo importante es hacer un buen trabajo y que ese trabajo dé frutos. Para mantenerse hay que escuchar a quienes tienen más experiencia y no perder el foco cuando empiezan a llegar los logros. Para mí, el desafío recién comienza. Ahora lo importante es construir un buen personaje, formar un buen equipo de trabajo y generar relaciones sanas con los compañeros, de manera que quieran volver a trabajar contigo.

—¿Y alguna meta concreta?
—Sí tengo una meta concreta: mejorar mi inglés. Me han llamado para algunos proyectos y he tenido que hacer malabares con el idioma. Quiero sentirme preparada si vuelve a aparecer una oportunidad, así que de aquí a fin de año quiero tomar clases con un profesor y dominarlo de verdad, sin dudas.
En cinco años, Fernanda Finsterbusch pasó de interpretar un pequeño papel a convertirse en la nueva protagonista de Mega. De sus primeros días en el canal recuerda que hizo un casting para “Edificio Corona”, pero no quedó seleccionada. Meses después, cuando la teleserie ya estaba al aire, la contactaron para participar en un papel menor.
“Me sentía muy ajena al ambiente e incluso hubo un momento en que pensé: ‘Quizás este no es mi lugar'”, recuerda.
Quien la hizo sentir parte del equipo fue Fernando Godoy. “Me preguntó cuál era mi nombre. Cuando le respondí que me llamaba Fernanda, dijo: ‘Bienvenida, Fernanda. Saluden todos a Fernanda. Esto no es fácil, así que cualquier duda que tengas, pregúntame a mí’. Fue un gesto precioso. Desde ese día lo recuerdo con muchísimo cariño porque me hizo sentir realmente bienvenida”, relata sobre esa experiencia.
Como una de las nuevas figuras de la actuación chilena, Finsterbusch sabe mejor que nadie lo importante que es la recepción que reciben quienes recién comienzan. “Cuando llegas a hacer un papel pequeño, que los actores más conocidos te saluden, aprendan tu nombre o simplemente te hagan sentir parte del equipo es muy importante. Uno también recuerda cuando ocurre lo contrario: cuando alguien no te mira, no te saluda o te hace sentir invisible. Esas cosas no se olvidan”, afirma.
Por eso, hoy intenta devolver esa misma generosidad. “Vengo de una familia muy generosa y creo que hacer sentir cómoda a la gente es fundamental. Esa es la forma en que me gustaría que siempre funcionaran los equipos de trabajo”, concluye.
Su participación en Once, la nueva película de Pablo Larraín
En medio de las exigentes grabaciones de la teleserie, la actriz también deberá compatibilizar varias semanas de rodaje con su participación en “Once”, la próxima película del director Pablo Larraín, producida por Fábula y anunciada por Netflix. Finsterbusch compartirá elenco con Marcelo Alonso, Alfredo Castro, Alejandro Goic y otros destacados actores.
Tal como publicó The Clinic, la actriz interpretará a Michelle Bachelet dentro del entramado de historias que transcurren durante el 11 de septiembre de 1973. Si bien aún no puede referirse en detalle a su personaje, ya que el reparto no ha sido presentado oficialmente, sí aborda el debate que volvió a surgir tras el anuncio de la película: la recurrente crítica hacia el cine chileno por seguir abordando la dictadura.
“Yo nací en los años 2000. Todo lo que conozco sobre ese período proviene de información y opiniones sobre algo que no viví personalmente. Por eso creo que cada película es distinta y aborda ese contexto desde una perspectiva diferente. Todavía quedan muchas historias por descubrir. No todo son retratos biográficos; también existen ficciones que permiten explorar aspectos muy interesantes de esa época. Es un contexto muy potente y creo que no podemos olvidarlo”, reflexiona.
—¿Qué significa para ti protagonizar una teleserie y, al mismo tiempo, ser parte de una de las producciones más ambiciosas del cine chileno?
—Para mí, como actriz, participar en una película así me llena el corazón. Mi carrera todavía es corta, pero ha sido muy intensa. Cada teleserie me ha permitido aprender mucho, ganar naturalidad y conocer distintos métodos de actuación.
Al mismo tiempo, poder participar en películas que tienen una mirada política o un peso cultural importante te nutre desde otro lugar. Ahí el foco muchas veces deja de ser solo entretener y pasa también por abrir conversaciones. A mí me encanta el cine, aunque eso no significa que no disfrute hacer televisión. Poder desarrollar ambos formatos en paralelo es un regalo y un honor enorme. No me gusta casarme con un solo formato, y este proyecto me parece una verdadera locura, en el mejor sentido.
—¿Cómo llegaste a la película?
—Llegué a la película a través de un casting. Desde el principio advertí que estaba grabando una teleserie como protagonista, pero aun así me dijeron que querían probar conmigo. Hice el casting, me dieron el visto bueno y terminé siendo parte del proyecto. El guion es espectacular.
—¿Qué crees que aporta esta película al panorama de las producciones que ya existen sobre la dictadura?
—Evidentemente no puedo contar mucho más allá de lo que ya se ha hecho público, pero sí puedo decir que aborda una perspectiva diferente. Me parece una propuesta muy arriesgada y creo que el público lo va a entender cuando vea la película. Es una historia que se atreve a hacer cosas distintas y, desde mi punto de vista, se diferencia de lo que hemos visto hasta ahora.



