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Al cierre de Cieplan tras 50 años, José Pablo Arellano repasa su historia: “Nos definíamos como contrarios a lo que existía, que era una dictadura”

Los caracterizó un enfoque multidisciplinario, una investigación rigurosa que los llevó a darse cuenta que el IPC estaba subestimado a fines de los 70; se opusieron a los Chicago Boys cuando dejaron en cero el impuesto a las empresas; y cuando fueron gobierno, con Aylwin, subieron esa tributación. "Nuestra preocupación es que no se fuera a escapar la inflación, como había pasado en Brasil y Argentina, cuando habían llegado los gobiernos democráticos. No podíamos recorrer ese camino", precisa el exministro de Educación. En entrevista con The Clinic, Arellano repasa la historia del centro de estudios emblema de la Concertación, el cual anunció su despedida después de cinco décadas.

Sigue a The Clinic en Google News Por 19 de Julio de 2026
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Diecisiete ministros de Estado y siete consejeros del Banco Central. Ese fue el aporte a las políticas públicas del país de la Corporación de Estudios para Latinoamérica, más conocida como Cieplan, que tras 50 años decidió bajar la cortina.

“Fue en 1970 cuando el rector de la Pontificia Universidad Católica (PUC), le pidió a Alejandro Foxley iniciar un centro de pensamiento”, precisa José Pablo Arellano, quien fuera uno de sus fundadores y que en esta entrevista recuerda sus inicios, el cambio de nombre, las investigaciones destacadas, las lecciones aprendidas que luego aplicaron cuando participaron en el gobierno al retornar la democracia.

“Nuestra principal preocupación era que por ningún motivo volviéramos a caer en lo que el país vivió en el 82. Y cuando tuvimos responsabilidad de gobierno, pusimos extremo cuidado en prevenir y cuidar lo que llamábamos los equilibrios macroeconómicos, para que si la situación internacional se deterioraba no terminara convirtiéndose en una crisis importante en Chile. Creo que pasamos la prueba”, indica el exdirector de Presupuestos y exministro de Educación en los gobiernos de la Concertación.

Tras 50 años cargados de influencia, deciden poner fin a esta etapa. “Cieplan era una oportunidad de intercambio académico, profesional y algo que destaco, de trabajo en equipo, de amistad. Había gente de distintos grupos políticos, distintas sensibilidades, distintas historias, pero superábamos esas diferencias, porque había un interés compartido en común: inicialmente recuperar la democracia, luego darle gobernabilidad y tranquilidad al país; y después, abrir oportunidades de desarrollo. Creo que esos objetivos se fueron logrando a lo largo del tiempo”, sintetiza.

De Ceplan a la I de independiente

—¿Cómo partió Cieplan, de quién fue la idea?
—Antes de ser CIEPLAN fue CEPLAN, Centro de Planificación Nacional. Era el año 70, y el rector Fernando Castillo Velasco de la Universidad Católica, llamó a Alejandro Foxley para invitarlo a formar, junto a otros economistas y personas de ciencias sociales, un centro de estudios en la universidad. Y Foxley con Ricardo French-Davis, Óscar Muñoz y otros, formaron CEPLAN, que funcionaba primero en Providencia y después se fue al Campus Oriente, donde estaban las carreras de ciencias sociales. Yo estaba terminando Economía en la PUC y me invitaron a ser ayudante por el año 73.

—¿Cuándo se transforma en Cieplan, o le agregan la I?
—Después del golpe militar, a fines del 73, se empezó a planificar. Dado que las universidades estaban intervenidas, había dudas respecto de la viabilidad de que este centro pudiera mantenerse haciendo investigación en el campo económico, de manera autónoma. Entonces surgió la idea de salir de la universidad y formar un centro independiente, por eso la I. Se llamó Corporación de Investigaciones Económicas para América Latina, con una perspectiva amplia, y se concretó el año 76.

—¿Y quién lo financiaba, si ya no estaba la espalda de la PUC?
—Ese era un tremendo desafío. Primero había que constituir legalmente una entidad sin fines de lucro y había que conseguir recursos. Contamos con el apoyo de algunas instituciones internacionales como la Fundación Ford, el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (Canadá) y el Consejo Sueco para la Investigación en Países en Desarrollo (Sarec). Buscamos financiamiento internacional porque en el país no era posible.

—¿Cómo se aglutinaron y empezaron a reclutar gente?
—Primero nosotros teníamos que salir y partir esta aventura. Fuimos renunciando de acuerdo al plan que habíamos hecho, y llegando a esta institución. Seríamos unos ocho o diez, máximo. Y después, con los años, cuando había mayor capacidad económica, se abrió la posibilidad de reclutar e invitar a más personas. Cieplan se convirtió en un foco de atracción para los mejores estudiantes que sentían un compromiso con la democracia, de las universidades Católica y de Chile que veían en Cieplan un lugar donde formarse, tanto de carreras de economía como de sociología o ciencia política, porque siempre procuramos un enfoque multidisciplinario.

El equipo fundador. Sentados de izq. a der: Patricio Meller; Alejandro Foxley, Pablo Piñera. De pie: René Cortázar, José Pablo Arellano y Manuel Marfán



—¿Cómo era el clima de la discusión económica en ese momento, que los llevó a ustedes a hacerse famosos y distinguirse?
—Nuestro foco era la investigación académica, rigurosa, independiente, que pudiera ser crítica de las políticas que se estaban llevando adelante. Hay que recordar que el ambiente de dictadura era de limitaciones a la difusión, a los medios de prensa, había censura, había intervención en distintos grados en las universidades, en algunas ocasiones muy tremenda: muchos profesores despedidos, exonerados. En fin, era un ambiente donde no era fácil el debate si uno era crítico o contrario a la situación política que se vivía. Por eso nuestra manera de mantenernos fieles a los objetivos de hacer investigación independiente era ser rigurosos en nuestro análisis de la realidad, y por ello teníamos una disciplina de estudio, de debate, y de vínculo al extranjero con académicos.

“Rehicieron los cálculos del IPC y los datos no coincidían”


—¿El pensamiento de ustedes era opuesto a lo que se estaba haciendo en el régimen militar, o fue surgiendo en base a la investigación que realizaban?
—El país tenía problemas muy grandes. Para situarnos en el 73 había una crisis económica muy seria, inflación desatada, crisis cambiaria y de balanza de pago. Frente a ello, el gobierno empezó a implementar medidas, que nosotros examinábamos y aunque a veces podíamos compartir el objetivo, como por ejemplo, estabilizar, teníamos diferencia en la forma de hacer las cosas. Recuerdo que uno de los primeros trabajos que hice en Ciplan fue un estudio de cómo el Estado con su presupuesto afectaba la distribución del ingreso, a quiénes favorecían los distintos programas y quienes terminaban pagando los impuestos, fue muy pionero.

—¿Fueron perseguidos en algún momento?
—En comparación a la gente que sufrió persecuciones serias de derechos humanos, no podemos decir que vivimos esa realidad tan dramática. Sí teníamos restricciones y más de alguna publicación estuvo sometida a censura y algunos de nosotros no pudimos seguir haciendo clase en la universidad.

—¿Existe alguna publicación que los llevó a ser más conocidos y estar en el radar de la discusión económica?
—Recuerdo uno en particular, que fue muy sensible: un estudio sobre el IPC, que se hizo
a fines de los 70. René Cortázar junto con Jorge Marshall, se propusieron hacer un estudio de cómo variaba el IPC para las familias de distintos niveles de ingreso. Para ello se plantearon definir una canasta de consumo de una familia de ingresos bajos y ver qué pasaba con el aumento de precios.

¿Y qué pasó?
—En esa época la inflación era muy alta. Fueron al INE. Tuvieron una serie de dificultades para conseguir los precios con los cuales se calculaba el IPC, pero no se dieron por vencidos y de a poquito fueron juntando los precios, se demoraron casi un año y rehicieron los cálculos del IPC en base a esos datos y resultó que los datos no coincidían. No solo eso, sino que la inflación efectiva era mayor que la inflación oficial que entregaba el INE. Todo estaba bien documentado, para tres años 76, 77 y 78, y hubo mucha repercusión. Ellos fueron por la canasta y terminaron dándose cuenta que la inflación estaba mal, subestimada. En el 76 la inflación estaba cerca de 200%.

—¿Cómo entregaban los resultados de ese tipo de investigaciones, llamaban a conferencia de prensa, daban entrevistas?
—En esa época no hacíamos conferencia de prensa. Publicábamos nuestros documentos y buscábamos difundirlos en algún medio como la revista Mensaje, la revista Hoy o el diario La Época, la radio Cooperativa, a lo que fuera posible de acceder dentro de una época con severas limitaciones.

—¿Y desde el poder en esa época le refutaban, reaccionaban frente a ese tipo de publicaciones?
—Durante la crisis del año 82, cuestionamos las políticas que se estaban implementando, incluso publicamos un libro y algunas de esas cosas fueron censuradas. Aparte de eso, diría que en los años 70, principios los 80, no teníamos una reacción de las autoridades económicas, pero a mediados de los 80 empezó a cambiar la dinámica porque empezó a haber una oposición más organizada, y vendría el plebiscito del año 88 del Sí y el No.

—¿Qué cambios vivieron en Cieplan en esa época?

—Ahí, aparte de nuestras actividades, empezamos a desarrollar los diálogos con la comunidad, y nos reuníamos en la Metropolitana o en otras regiones con dirigentes de base, sindicales. Recuerdo muy bien cuando Manuel Bustos, gran dirigente y presidente de la CUT, estaba relegado en Parral, fuimos para allá en un bus con varios dirigentes de las principales organizaciones a dialogar sobre lo que pasaba en el país y las perspectivas futuras. Esa experiencia de contacto fue extraordinariamente valiosa.

—¿Y con empresarios se reunieron alguna vez públicamente o reservadamente?

—Recuerdo un viaje a la Novena Región, donde buscamos visitar la forestal Arauco. Pero no con la dirigencia empresarial, no en esa época. Eso se produjo mucho después, después del plebiscito, diría.

—¿Cómo era la vinculación internacional de Cieplan?
—Desde un principio fue muy importante. Cuando se constituyó tuvo un Consejo Asesor Internacional con personalidades como Fernando Henrique Cardoso, luego presidente de Brasil: Enrique Iglesias, que en era secretario ejecutivo de CEPAL; Gabriel Valdés, era director de PNUD en Nueva York; académicos destacados como Albert Hirschman profesor de Princeton, Albert Fishlow de la Universidad de Berkeley, y Dick Eckhaus, profesor del MIT. Participábamos permanentemente en seminarios para intercambiar experiencias, lo que para nosotros fue muy valioso cuando llegamos al gobierno, porque Brasil y Argentina, se anticiparon en la vuelta a la democracia respecto de Chile.

—En términos de pensamiento económico, ¿se calificarían como opositores a los Chicago Boys?
—Nosotros nos definíamos como contrario a lo que existía, que era una dictadura, esa era nuestra definición principal. Nuestro compromiso era con la democracia. En materia económica, muchas veces discrepamos.

— Con el prisma de ahora, ¿hay alguna política que criticaron y que hoy sirve?
—Diría dos cosas. Primero, nadie discutía que había que hacer un esfuerzo por estabilizar la inflación; también coincidíamos en que el país tenía que abrirse a las exportaciones y cambiar la protección extrema que había. Más bien el cuestionamiento era a la forma de hacer las cosas. Por ejemplo, en materia fiscal, ¿era conveniente bajar los impuestos hasta donde se bajaron o había que destinar esos recursos a programas sociales? Si la tasa de impuesto a las empresas llegó a cero al final del gobierno.

Consejeros del Banco Central y ministros de Estado, provenientes de Cieplan.

“Cuando las soluciones tienen un respaldo más amplio, son más duraderas”

—Después, cuando retornó la democracia, la mayor parte de Cieplan se fue al gobierno, ¿fue una decisión conversada o se fue dando solamente?

—Nosotros participamos activamente frente al plebiscito del año 88; luego del triunfo del No, participamos en la elaboración del primer programa de gobierno de la Concertación. Fue natural que muchos de nosotros fuéramos convocados: Alejandro Foxley, que había sido el líder de nuestro grupo, fue convocado por el presidente Aylwin como ministro de Hacienda, Pablo Piñera como subsecretario, yo como director de Presupuestos;  Andrés Velasco era jefe de gabinete de Foxley; Manuel Marfán era coordinador de política Macroeconómica; Joaquín Vial y Mario Marcel tenían roles en Hacienda; René Cortázar fue ministro del Trabajo. Era la manera en que podíamos aportar.

—Ustedes cuando llegan implementan unas políticas quizá disruptivas para el momento, como aumentar el impuesto a las empresas y retomar  la indemnización por años de servicio. ¿Por qué estaban convencidos de que sería bueno para la economía?
—Hablábamos de crecimiento con equidad. Queríamos impulsar el crecimiento y hacerlo con equidad, para que toda la población pudiera beneficiarse. Lo hicimos procurando que contribuyera al clima político, que pudiéramos tener acuerdos lo más amplios posibles; se habló al mismo tiempo de continuidad y cambio, las cosas se harían de manera gradual, porque si se pretendía lograr el objetivo en un plazo más breve se podía volver en contra. Nosotros teníamos enorme preocupación por la estabilidad económica, la inflación era todavía alta, a principio del año 90 era de dos dígitos, más de 20%; nuestra preocupación es que no se fuera a escapar, como había pasado en Brasil y Argentina, cuando habían llegado los gobiernos democráticos. No podíamos recorrer ese camino porque había tenido no sólo consecuencias económicas, sino también consecuencias políticas graves.

—¿Cómo lograron convencer al empresariado que se subiera también a este carro?
—Esa fue otra dimensión interesante, porque las reformas tributaria y laboral en el gobierno del presidente Aylwin, fueron fruto de acuerdos, se convocó a los dirigentes sindicales y empresariales a concordar estos temas. Eso fue muy  exitoso y contribuyó a este clima político de reencuentro y soluciones más duraderas porque cuando las soluciones tienen un respaldo más amplio, son más duraderas.

—¿Cuando pasa la primera etapa del gobierno cómo se rearma Cieplan, cuando todo lo que habían estudiado lo aplicaron y estaba resultando bien?

—Algunos estuvimos en los gobiernos, otros se fueron a actividades parlamentarias; en un momento hubo un trabajo de apoyo técnico a parlamentarios de la Concertación y en los últimos años, Cieplan hizo un convenio con la Universidad de Talca.

—¿Y por qué está cerrando sus puertas ahora?
—Porque hay una etapa que se ha cumplido. Lo que en su momento era una necesidad porque no habían centros de este tipo en el mundo universitario, hoy, afortunadamente, los hay; hay independencia para reflexionar en distintos lados. Además, el hecho de que muchos estuviéramos en los gobiernos restó esfuerzo y posibilidades de seguir formando gente más joven que pudiera mantener la posta. 50 años para una organización es harto tiempo y estoy muy contento en lo personal de haber podido ser parte de esa historia.

—¿Cuál cree que es el legado que deja Cieplan tras estos 50 años?
—Otros tendrían que decirlo con más propiedad. Lo que yo siento es que hizo una contribución importante, el haber podido mantener en una época que era muy difícil, a un grupo independiente que pudiera reflexionar, establecer relaciones con personas en distintos ámbitos de la sociedad fue muy valioso para lo que pudimos aportar en la vuelta a la democracia, en los gobiernos de la Concertación. Un aporte en la formación de personas jóvenes, que después contribuyeron a las políticas públicas, como 17 ministros de Estado y 7 consejeros del Banco Central salieron de Cieplan.

—Se ha señalado bastante que una contribución de Cieplan es la búsqueda de acuerdos, ¿lo ve como una lección?

—Es lo que tratamos de hacer, fue el sello de la recuperación de la democracia. El aprendizaje es que cuando uno logra impulsar reformas, en las cuales va más allá de sus partidarios, son más duraderas, especialmente en esta época en que hay alternancia de gobiernos. Los países no progresan si están cambiando todo cada cuatro años.

—En ese sentido, ¿cómo está viendo usted hoy, por ejemplo, la discusión de la mega reforma, que se aprobaría en el Senado por pocos votos de diferencia? ¿Le preocupa?

—Me preocupa, en primer lugar, más allá de este proyecto específico, la fragmentación política, la dificultad para lograr acuerdos. Prácticamente en todos los gobiernos de la Concertación, era indispensable llegar a acuerdo porque no íbamos a tener los votos y lo que era peor, iba a quedar en discusión el tema. Eso es más difícil hacerlo ahora porque hay mayor polarización, pero hay que  hacer todos los esfuerzos por lograr acuerdos, porque así se logra más estabilidad y por lo tanto más progreso.

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