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Correo 30 de Julio de 2026

Carta a la directora: Chile también anima al mundo

Ignacio Fernández, Director General de ProChile
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Hace diez años, el cortometraje “Historia de un Oso obtuvo el primer Premio Óscar para Chile y para una producción animada latinoamericana. Aquello fue una señal. Demostró que desde el extremo sur del mundo era posible crear historias capaces de emocionar audiencias globales y competir de igual a igual con las industrias más desarrolladas del planeta.

Lo más relevante es que ese éxito no fue un hecho aislado. Una década después, la animación chilena ha consolidado una presencia internacional sostenida.Esta industria llegó al festival de Annecy 2026 en Francia —el principal evento de animación del mundo— con más de 50 profesionales, estudios e instituciones.

Una muestra de esa consolidación fue la selección de la nueva película de Punkrobot y Gabriel Osorio, “Brave Cat”, en la programación oficial de Annecy, donde además tuvo su estreno mundial. Hace apenas una década, algo así parecía impensado para una producción chilena.

Detrás de estos hitos -los cuales siempre van de la mano de un trabajo público y privado, con gremios como ANIMACHI y marcas sectoriales como CinemaChile o Chiledoc- también hay resultados concretos, como el aumento de las exportaciones de servicios ligados a industrias creativas (que superaron los US$100 millones en exportaciones en 2025) y donde solo los servicios de animación anotaron récord con cerca de US$40 millones, casi quince veces más que en 2020. 

En esas cifras no solo hay desarrollo de propiedad intelectual, sino que cerca de 20 empresas, en su mayoría pymes, y cientos de personas que prestan servicios a estudios de Estados Unidos, Canadá o Europa, generando crecimiento y empleo al país. 

Para entender más sobre este fenómeno, el productor Patricio Escala estuvo en el podcast Pasaporte Exportador de ProChile, donde contó que detrás del logro de “Historia de un Oso” hubo años de trabajo, convicción y una apuesta que parecía imposible. 

“Ojalá también, como país, nos demos cuenta de lo grandes que podemos llegar a ser afuera”, reflexionó Escala en el capítulo. Quizás esa sea la principal lección de esta historia: que muchas veces somos nosotros mismos quienes subestimamos el alcance del talento nacional.

Y en un mundo donde las ideas, la innovación y la creatividad generan cada vez más valor, este capital humano puede transformarse en una de las mayores fortalezas de Chile. 

La historia de la animación nacional demuestra que, cuando el talento encuentra oportunidades para proyectarse globalmente, no solo se abren nuevos mercados. Sino que se amplían los límites de lo que creemos posible como país.

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