Formalizan a ginecólogo de Clínica Alemana: el caso de la madre que quedó postrada tras una preeclampsia y de las gemelas que nunca conocieron a la mujer que fue
Hace seis años, Bárbara Ábalos ingresó a la Clínica Alemana para dar a luz a sus hijas gemelas. Salió con un daño cerebral irreversible y hoy vive en estado de mínima conciencia en Estados Unidos. Este viernes, la Fiscalía formaliza al ginecólogo que llevó su embarazo por un presunto cuasidelito de lesiones graves.
Sigue a The Clinic en Google News Por Sebastián Palma 31 de Julio de 2026
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En una habitación adaptada de una casa en Houston (Estados Unidos) hay una cama clínica, un tubo que conecta el estómago de Bárbara con una bolsa de alimentación, una bomba subcutánea que libera baclofeno, un relajante muscular para contener espasmos y una válvula que drena el líquido que su propio cerebro ya no es capaz de evacuar.
Ahí vive, desde julio de 2020, Bárbara Virginia Ábalos Brañes: 41 años, diseñadora gráfica, madre de cuatro hijas. Su estado de salud es extraño: la neurología lo llama estado de mínima conciencia, pero esa descripción, al menos en las palabras, no parece hacerle justicia a su padecimiento.
No es un coma. No es, tampoco, un estado vegetativo, aunque su madre insiste en que se le parece. Es la categoría intermedia y menos conocida del daño cerebral severo: hay signos –mínimos, discontinuos, difíciles de interpretar– de que algo de conciencia persiste, sin que exista comunicación posible.
Bárbara Ábalos no habla. No se sabe con certeza si ve. El único movimiento voluntario que conserva es tensar el brazo izquierdo hacia adentro y levantar la pierna del mismo lado. Su cerebro perdió la conexión con el cuerpo por debajo del cuello: tiene una vejiga neurogénica que hay que drenar, una espasticidad o rigidez permanente en las cuatro extremidades, y recibe en Estados Unidos un medicamento para el dolor neuropático –Prialt– que no existe en Chile.
– Hay gente que me dice que es como una guagua, pero por último una guagua te mira, te gorjea, te responde –dice su madre, Bárbara Brañes Farren, de 73 años–. Pero la verdad es que la Bárbara no es una guagüita adulta, mi hija hoy es casi una planta.

El doloroso origen de su estado
En Houston viven también las cuatro hijas de Bárbara Ábalos. Las dos mayores, nacidas en 2017 y 2019, alcanzaron a conocer a la madre que existió antes del 13 de julio de 2020. Las gemelas, nacidas ese mismo mes, nunca la conocieron de otra forma.
La mayor de las hijas es la que más se acuerda de su mamá: hace poco le dijo a su abuela que sentía “mucha rabia” porque su mamá, con todo el esfuerzo que hacía, no lograba mejorar.
Fue necesario tener una conversación dolorosa. Explicarle que nunca iba a mejorar. La segunda hija no guarda ese recuerdo de la madre sana: en cambio, se sube a la cama clínica, se acuesta a su lado, le hace cariño, siente su calor, como si ese contacto físico fuera su forma particular de tener madre. Las gemelas recién están empezando a hacer las primeras preguntas sobre por qué su mamá es distinta a las demás.
–Una madre enferma sigue siendo madre, de alguna manera –dice Brañes–. El día de la madre, en el colegio, dibujan un regalo y se lo entregan. Porque tienen mamá. Será enferma, pero tienen mamá.
La familia ya llevó a las hijas mayores a terapia, anticipando que la pubertad traerá preguntas más duras: saben que en algún momento alguna de las niñas va a escuchar, en el colegio o en la calle, una frase cruel sobre por qué su madre “está así”.
El padre, el estadounidense Jesse Weinstock, fue nombrado curador general definitivo de los bienes de su esposa tras su interdicción legal. Asumió solo la crianza de las cuatro y ha costeado con su patrimonio la hospitalización, las cirugías, el traslado en avión médico, la rehabilitación y los cuidados de enfermería las 24 horas.
Bárbara Brañes, por su parte, dice haber gastado prácticamente todos sus ahorros en el mismo esfuerzo, mientras su vínculo con Chile –y con su propio marido, con quien vivía en Limache– se fue diluyendo en la distancia. El próximo viernes viajará a Santiago para la audiencia en la que el Cuarto Juzgado de Garantía.
Allí se realizará la audiencia de formalización a Rodrigo Sáez Astaburuaga, el ginecólogo que trató el embarazo de alto riesgo de su hija en la Clínica Alemana. Y comenzará el proceso judicial para determinar si tuvo o no responsabilidad penal.

Los dolores tras la preeclampsia
Antes de julio de 2020, a Bárbara Ábalos era una mujer extrovertida y llena de amigos. Había estudiado diseño gráfico, ganado premios en su materia y en esos meses terminaba una colección para la marca una importante multitienda, con telas y estampados creados por ella.
El plano personal parecía ir igual de bien. Se había casado en 2015 con Weinstock. Tuvo a su primera hija en 2017, por cesárea de urgencia debido a un cordón umbilical corto. A la segunda la tuvo en abril de 2019, también por cesárea de emergencia –esta vez por desproporción entre la cabeza del bebé y su pelvis– y durante ese procedimiento sufrió un episodio de alza de presión arterial que, en retrospectiva, su familia lee hoy como la primera alerta. A fines de 2019 se embarazó por tercera vez, esta vez de gemelas monocoriales biamnióticas: compartían la misma placenta, una condición que por sí sola eleva el riesgo del embarazo.
–Yo consideré que era muy pronto –dice Brañes–. Ya había tenido problemas con los dos embarazos anteriores. Obviamente me asusté. Tuve miedo desde el comienzo.
Por el antecedente hipertensivo y el embarazo gemelar de alto riesgo, Bárbara Ábalos buscó un especialista, evaluó a un médico de Clínica Las Condes, pero por razones previsionales –y porque ahí había tenido a sus dos primeras hijas– decidió seguir en Clínica Alemana, que entonces contaba con una Unidad de Alto Riesgo Obstétrico.
Empezó a atenderse con el ginecólogo Rodrigo Sáez, aunque en la práctica, por el riesgo de contagio durante la primera ola de Covid-19, la mayoría de sus controles del tercer trimestre se hicieron –se lee en la querella– en la consulta privada que el médico mantenía a pasos de la clínica, en el Centro Médico Ginemas.
Lo que Bárbara Ábalos tenía –y que, según añade la querella de su madre, debió diagnosticarse semanas antes de que se confirmara– era preeclampsia: un síndrome hipertensivo propio del embarazo que a nivel mundial afecta entre 6% y 30% de las gestaciones, y en Chile entre 7% y 10%. Es una de las principales causas de mortalidad materna, fetal y neonatal del país.
Tres semanas antes de su hospitalización, Bárbara Ábalos ya presentaba hinchazón, alzas de presión y piernas que su madre describe como “elefantiásicas”. El viernes anterior a su ingreso llamó a su médico: le dijo que no se sentía bien, que tenía la cabeza abombada, que había pasado la noche sin dormir por el dolor. Según el relato de su madre, la indicación fue que reposara y se vieran el lunes en la consulta.
–Lo encontré de locos –dice Brañes–. ¿Cómo la van a dejar todo un fin de semana así?
El lunes 4 de julio de 2020, con 33 semanas de embarazo, Bárbara Ábalos ingresó a la unidad de maternidad de Clínica Alemana. A las 13:02 horas, el examen de ingreso registró una presión de 130/87 mmHg, dolor al palpar el epigastrio, edema en las piernas, reflejos osteotendinosos aumentados y proteinuria en el examen de orina: la fotografía clínica clásica de un síndrome hipertensivo del embarazo.
Se le indicó sulfato de magnesio –para prevenir convulsiones– y corticoides para la maduración pulmonar de las gemelas. Según la acción judicial no se le indicó ningún tratamiento antihipertensivo activo. Esa misma noche, a las 20:43 horas, el equipo médico decidió suspender el sulfato de magnesio.
En los días siguientes, Bárbara Ábalos siguió registrando presiones sobre lo normal. Al sexto día de hospitalización, el equipo médico evaluó darla de alta.
–Yo le dije: por ningún motivo, tú te quedas, esto no está bien –cuenta Brañes.
Se quedó. Dos días antes de la cesárea llamó a su madre por última vez con plena conciencia de lo que decía: “Mamá, me siento muy mal, y siento que se están preocupando más de las guaguas que de mí”.
Fue la última conversación de peso que tuvieron. El 11 de julio, tras registrar presiones persistentemente altas Bárbara Ábalos fue finalmente diagnosticada con preeclampsia. Esa misma tarde se le practicó una cesárea de emergencia. Nacieron sus dos gemelas, sanas.
El parto
En las horas posteriores al parto, Bárbara Ábalos siguió registrando presiones elevadas. El 12 de julio, refirió sentir la cabeza “abombada”. El síntoma –atípico y de alarma en una paciente con antecedente inmediato de preeclampsia– no fue investigado con estudios de neuroimagen ni motivó ajuste alguno en su manejo clínico.
–Ahí siento que existe una falencia muy importante –dice Brañes–. La pusieron en un cuarto común, con mi otra hija acompañándola, con controles cada siete horas. Debió haber estado en cuidados intensivos, con un monitor de presión, por lo menos tres días después del parto.
Su último control esa noche fue a las 23:18 horas. Luego de eso Bárbara Ábalos se quedó dormida junto a su hermana, Dominique Chauveau Brañes, que la acompañaba porque el marido había tenido que volver a cuidar a las otras dos hijas y las restricciones sanitarias por Covid-19 le impedían regresar a la unidad de maternidad.
Pasada la 1:00 de la madrugada del 13 de julio, Dominique despertó al escuchar ruidos guturales. Encontró a su hermana rígida, con parálisis en medio cuerpo, incapaz de hablar, tocándose la cabeza y el abdomen con una mano.
Alertó al personal de turno. Cerca de la 1:45, la matrona de turno constató que Bárbara Ábalos estaba convulsionando, con compromiso de conciencia.
El ginecólogo residente activó el sistema de emergencia de la clínica. El equipo de urgencias llegó minutos después, la sedó, la intubó y la trasladó para un TAC cerebral urgente. El examen reveló una hemorragia cerebral masiva frontal derecha activa, con vaciamiento ventricular.
Un neurólogo y un neurocirujano de turno la operaron esa misma madrugada. Durante la hospitalización posterior se descartaron tumores, lesiones arteriales y trombosis venosas: el accidente cerebrovascular, según consigna la querella, quedó directamente vinculado a la preeclampsia diagnosticada dos días antes.
–Nunca pensamos en preeclampsia, porque no somos médicos –dice Brañes–. Pero un mes antes ya decíamos: esto no está bien.
“Nunca nadie nos dijo perdón”
Seis años después. Viendo a su hija postrada y como “una plantinta” Bárbara Brañes ha llegado a una conclusión.
–Si tú me preguntas ahora, después de todo este tiempo, yo te diría que la Barbie estaría mejor muerta. Sufrir de dolor, donde no podemos hacer nada, donde es una angustia constante. Sí, absolutamente, apoyo la eutanasia para un caso como el de ella.
No siempre pensó así, dice. El cambio vino de vivir, día a día, un dolor físico y emocional para el que –insiste– no existe alivio posible dentro de lo que la medicina puede ofrecer.
–No hay nada que la Barbie vuelva a ser lo que fue —dice—. Mi pregunta es: ¿para qué? ¿para qué hacerla sufrir.
La querella presentada en mayo de 2025 tipifica los hechos como un cuasidelito de lesiones graves gravísimas y enumera seis infracciones a la lex artis médica: falta de prevención de la preeclampsia durante el embarazo, falta de manejo de la epigastralgia como signo de alarma, ausencia de tratamiento hipertensivo activo antes y después del parto, falta de evaluación neurológica ante el síntoma de “cabeza abombada”, falta de monitoreo estrecho en el puerperio crítico y prolongación del embarazo pese a los signos de alarma.
El próximo viernes 31 de julio, la Fiscalía Metropolitana Oriente formalizará al ginecólogo Rodrigo Sáez Astaburuaga por el cuasidelito de lesiones graves, en el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago.
–Nunca, nunca nos pidieron perdón –dice Brañes–.
Consultada por The Clinic, Clínica Alemana señaló en una declaración pública del 29 de julio que lamenta “profundamente los hechos ocurridos el año 2020” y que la ley le impide referirse al caso específico ni a los antecedentes de la paciente y su tratamiento, aunque aseguró haber colaborado con la investigación del Ministerio Público y que continuará haciéndolo.
–Espero que la justicia decida –dice Brañes sobre el proceso penal–. En Chile, como están las cosas, yo no espero nada. Pero esto no puede quedar impune. No es solo esta preeclampsia, esta hemorragia. Pasa en muchos otros aspectos de la medicina en Chile, y la gente, por cansancio, por no entender, deja que quede en el aire.
A seis años del nacimiento de las gemelas. Las cuatro hijas de Bárbara crecen intentando entender –cada una a su ritmo, cada una con sus propias preguntas– quién es esa madre que las mira, tal vez, sin poder decirles nada.
–Esto no terminó ese día –dice Brañes–. Esto comenzó ese día. Y para mis nietas no va a terminar nunca, ni siquiera con la muerte de mi Barbie.



