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Ilustración: Sandro Baeza, The Clinic

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31 de Julio de 2026

¿No puedes abrir un frasco? Lo que la fuerza de tus manos dice sobre cómo vas a envejecer

La fuerza de agarre no solo sirve para abrir un frasco: especialistas la consideran un indicador clave del envejecimiento saludable, ya que una disminución puede anticipar mayor fragilidad, riesgo de hospitalización y pérdida de autonomía en la vejez.

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Es una escena universal: intentar abrir un frasco de conserva con firmeza, aplicar toda la presión posible en las muñecas y, en el peor de los casos, admitir la derrota pidiendo ayuda o recurriendo a otros artilugios.

Sin embargo, lo que suele interpretarse como un momento menor de frustración en la cocina es, en realidad, una de las pistas más reveladoras sobre el futuro de nuestra salud. La fuerza de agarre —esa que casi nadie entrena ni evalúa hasta que empieza a faltar— se convirtió en una variable crucial para la medicina moderna.

Diversas investigaciones médicas e instrumentos como el Índice de Fragilidad de Fried revelan que la fuerza en las manos es un predictor. Más que medir la potencia de los brazos, la firmeza de la mano funciona como un termómetro de la masa muscular, convirtiéndose en una señal temprana para evaluar el cómo envejecemos.

La académica de Aula Mayores y la Universidad Central, Carolina Núñez, explicó a The Clinic detalló que “dentro de las evaluaciones que se realizan a nivel geriátrico está la evaluación de la fragilidad y, en este caso, la importancia que tiene la medición de la fuerza de agarre de mano es que es un indicador de fragilidad que es considerado un síndrome geriátrico que se caracteriza por una disminución de la reserva fisiológica y un aumento de la vulnerabilidad frente a factores estresantes”.

“Por lo tanto, una persona frágil presenta un mayor riesgo, ya sea de discapacidad, de hospitalización, institucionalización e incluso la mortalidad cuando enfrenta enfermedades agujas, cirugías u otros eventos que pueden ser estresantes y que puede alterar su estado de salud”. añade.

La falta de fuerza

Núñez recalca que “la fuerza de agarre se considera un marcador integral del envejecimiento, ya que este indicador refleja el funcionamiento en conjunto. Tanto del sistema muscular, nervioso y cardiovascular además de poder identificar el estado nutricional y el nivel de actividad física que puede tener una persona mayor”.

La disminución de la fuerza prensión no constituye, por sí sola, la causa del deterioro funcional. Más bien representa un termómetro del funcionamiento general del organismo. La pérdida de la fuerza suele reflejar la reducción progresiva de la masa muscular”, destaca. En ese sentido, agrega que “una menor fuerza de agarre evidencia que múltiples sistemas del cuerpo están envejeciendo de manera menos eficiente”.

También recuerda que “todas las personas envejecen de distinta manera. Por lo tanto, muchas veces asociamos este deterioro como algo normal del proceso de envejecimiento, sin embargo, es muy importante poder evaluar a la persona de una manera integral para poder identificar cuál sería la causa de esta disminución de la masa muscular o de esta condición de este síndrome de fragilidad”.

A modo de ejemplo, la académica señala que “dentro de las manifestaciones que puedan aparecer durante actividades simples de la vida diaria es, por ejemplo, abrir frascos o botellas, llevar bolsas de compras y sentir cansancio o fatiga, al girar las llaves tener menos fuerza, sostener objetos pesados también, levantarse de una silla utilizando los brazos o recuperar el equilibrio al tropezar. Cuando estas tareas comienzan a requerir un mayor esfuerzo que antes, es recomendable que las personas puedan consultar oportunamente para poder realizar una evaluación funcional”.

Uno de los mayores mitos que se relacionan con la pérdida de la fuerza es que muchas personas puedan pensar que es normal perder fuerza porque uno esta viejo o que las personas mayores ya no pueden realizar ejercicio. Aunque el envejecimiento produce cambios fisiológicos, gran parte de las pérdidas de la fuerza puede prevenirse o retrasarse mediante la actividad física, el entrenamiento de fuerza y una adecuada nutrición y un manejo oportuno de las enfermedades crónicas”. finaliza.

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