Lautaro Carmona, presidente del PC: “Necesitamos volver a poner en el centro la idea de ser un partido de masas”
A días de la Conferencia Nacional del Partido Comunista, el timonel aborda la reflexión interna tras el paso por el gobierno de Gabriel Boric y la derrota presidencial, y plantea que la colectividad debe recuperar su presencia en distintos sectores de la sociedad que van más allá del plano meramente político. "En varios aspectos teníamos diferencias y, a ratos, no menores", rememora sobre el gobierno anterior. Carmona también se muestra disponible para avanzar hacia una alianza amplia de la oposición—desde su partido hasta la DC—, defiende que las diferencias sobre Cuba y Venezuela no impidan esa convergencia y cuestiona el acercamiento del Gobierno de José Antonio Kast a Estados Unidos tras firmar el Escudo de Las Américas: "Está afectado el concepto de soberanía nacional, de independencia y autonomía del país en función de sus intereses".
Por Rodrigo Córdova 27 de Septiembre de 2026
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A días de la Conferencia Nacional del PC, Lautaro Carmona plantea que la colectividad debe “volver a poner en el centro” la idea de ser “un partido de masas”. También admite diferencias “no menores” con el gobierno de Boric, cuestiona el giro hacia Estados Unidos y se muestra disponible para una alianza amplia de la oposición.
- Carmona prepara la Conferencia Nacional del PC, prevista tentativamente para el 17 y 18 de octubre.
- Dice que el partido debe “volver a poner en el centro” la idea de ser “un partido de masas”.
- Reconoce diferencias “no menores” con el gobierno de Gabriel Boric.
- Critica el acercamiento de Chile a EE.UU. y la firma del Escudo de Las Américas.
- Se muestra disponible para una alianza amplia de la oposición, desde el PC hasta la DC.
La entrevista aborda la reflexión interna del Partido Comunista tras su paso por el gobierno y la derrota presidencial. Carmona dice que el PC debe recuperar su vínculo con las bases sociales, analiza tensiones con La Moneda y cuestiona decisiones de política exterior. Además, abre la puerta a una convergencia amplia opositora.
En la entrada de la sede del Partido Comunista (PC), ubicada a metros de Plaza Baquedano, cuelgan de una de las paredes unos adornos de madera obsequiados por el PC boliviano. En otra está el icónico póster de Raffaella Carrà con el mensaje “siempre voto comunista” y, al lado, otro que llama a aportar a la campaña “Paneles solares para Cuba”.
En el tercer piso, donde se encuentra la oficina de la presidencia del PC, Lautaro Carmona, timonel de la colectividad, contesta el teléfono antes de sentarse en el sillón donde suele ofrecer entrevistas. “Aló, Paulina”, dice al responder. En un tono distendido y entre algunas risas, camina por el pasillo del edificio mientras conversa con la presidenta del Partido Socialista.
Carmona no revela el contenido de la conversación. Dice que no es de los que intervienen en la agenda de los dirigentes de su sector y sostiene, antes de empezar la entrevista con The Clinic, que su preocupación está puesta en la preparación de la Conferencia Nacional del Partido Comunista que, tentativamente, se realizará el 17 y 18 de octubre. La instancia tendrá como objetivo debatir sobre el momento que atraviesa la colectividad y cómo los análisis que se han realizado a nivel nacional en distintas materias se proyectan hacia el futuro.
Uno de los aspectos que estará bajo análisis es el paso del PC por el Gobierno del expresidente Gabriel Boric, período en el que, como nunca antes en su historia, la colectividad de la hoz y el martillo alcanzó un protagonismo relevante e incluso logró proyectar a una de sus militantes, Jeannette Jara, como candidata presidencial de todo el bloque progresista.
Junto con eso, Carmona reconoce que otra materia que observa con atención son las acciones que ha impulsado el Gobierno en política exterior, el acercamiento del Estado chileno a Estados Unidos y cómo ese giro podría impactar, a su juicio, en la soberanía nacional.

—¿Los acercamientos del Gobierno chileno a Estados Unidos pueden afectar la relación de Chile con China?
—Estamos hablando de relaciones de Estado que incluyen la institucionalidad y los sectores que representa un Estado como el gobierno, el parlamento, pero también sectores como la economía, la cultura, que son los tipos de bilateralidad que tienen los países. Si uno ve eso creo que hay un punto de avance en la relación Chile-China es muy amplio y no veo tan fácil de revertir o de desmontar, más allá del deseo de un gobierno de turno, porque además son de beneficios tangibles para las partes.
Eso no se puede revertir ni afectar. La agresividad descalificadora que tiene la política de Donald Trump en Estados Unidos, que es de un verdadero imperio. Ellos mismos han reivindicado explícitamente que América Latina para ellos es patio trasero, el que pone en cuestión que esto se debilite es precisamente la agresión norteamericana y lamentablemente, las demostraciones de los últimos hechos al Gobierno chileno obsecuente, sin personalidad.
—La firma del Escudo de Las Américas trae consigo medidas en seguridad, pero también en temas económicos, de inversión y minerales críticos ¿Qué opinión le merece la firma de Chile? ¿Ve en esto una amenaza?
—Está afectado el concepto de soberanía nacional, de independencia y autonomía del país en función de sus intereses. Se está cursando una presión de sometimiento a subordinar los intereses del país a los intereses de Estados Unidos. Y por tanto, me parece un hecho negativo en un tiempo como el que estamos viviendo, que siga existiendo un tutelaje de parte de Estados Unidos respecto a nuestros países, América Latina y el Caribe.
Eso le va a hacer daño a la posibilidad de un modelo de desarrollo, porque el modelo de desarrollo que se relacione, que se vincule, que se contagie con el de Estados Unidos, es beneficio solo para Estados Unidos.
—¿Cómo evalúa los primeros seis meses del Gobierno de José Antonio Kast?
—Puede plantearse en varios planos. Uno de ellos es la instalación del gobierno. Eso ha sido, en un término coloquial y bondadoso, un bochorno absoluto. No conozco un gobierno que haya tenido más autogoles en su instalación que el gobierno de José Antonio Kast. Superó la barrera del sonido y por consiguiente Kast tuvo que decir que eso formaba parte de la libertad que él daba para que la gente tuviera iniciativa, que aquí ninguno estaba esclavizado con el gobierno. El único detalle es que esos personajes con tanta iniciativa tienen cargos públicos, de tarea de Estado, de tarea social. Lo que hagan o no hagan no les incumbe a ellos y a su familia ni al Presidente, le incumbe a todo el país.
Hay una falta de profesionalismo, de eficacia en la gestión y eso mediante una ministra de Seguridad y una vocera que no se fueron por una campaña de la oposición, sólo por defectos propios.
—El gobierno sufrió una dura derrota en el Congreso luego de que se rechazara la reforma constitucional que buscaba ampliar el plazo máximo administrativa para migrantes. ¿Cuál es su análisis de este episodio?
—Es la consecuencia de la soberbia, de la arrogancia, que no es igual a la eficacia. Cuando uno quiere que un proyecto salga adelante, trabaja y escucha a todos los sectores. Ese trabajo no se hizo. Entonces, cuando uno cree que porque yo lo digo ya es ley, bueno, corre el riesgo de que no haya quórum, de que hayan fallas de ausencia de asistencia de parte de los propios. Habla de una displicencia y una irresponsabilidad.
—¿Por qué el Partido Comunista no se sumó a esa iniciativa?
—Comparto con la bancada de diputados que era un proyecto incompleto, con omisiones, con precisiones por hacer, porque no es cosa de a toda manifestación distinta de buen tiempo o mal tiempo, le asignamos una connotación y hacemos estado en la raza a como dé lugar. Cada cosa tiene su particularidad, su especificidad y debe estar presente eso. Cuando se legisla en general, queda la aplicación de esa legislación muy a discreción de quien tiene en ese momento el control del poder.
—¿No habla de una falta de compromiso del PC con la política de migración?
—Hay que mirar dos cosas: cuáles son las conductas históricas del Partido Comunista en el tema y quiénes son los sectores más beneficiados o perjudicados con una política de este tipo. El Partido Comunista nunca se ha opuesto a la movilidad de las personas, aquí está permitida, globalización mediante, movilidad total del capital, movilidad de las exportaciones y las limitaciones las tiene la movilidad de las personas.
Esto estoy dando por acento, particularmente la protección del derecho que, en el plano del trabajo, cualquiera sea el lugar en que uno trabaje, sea en Chile, sea en Perú y donde sea, esté garantizado por los convenios de los Estados. No tenemos un prejuicio con eso, a pesar de que no somos la colonia que mejor representa la migración hacia Chile.
—¿Y quiénes son?
—Es cosa de ver los apellidos de cada uno de los grandes políticos y a dónde vienen, digamos, cuántos de ellos tienen raigambre en los pueblos originarios.
—¿Pero cree que hay que legislar sobre la materia? ¿El PC no debía ser propositivo?
—El PC tiene proposiciones al respecto.¿Y por qué? Porque los estados tienen tamaños y desarrollos que, con suerte, le dan capacidad para atender su población, sea de donde sea el origen de nacionalidad, pero ya son parte de la sociedad. Cualquier implosión que incremente eso desborda las capacidades en educación, en transporte, en salud, en trabajo, porque sobre todo cuando son movimientos muy masivos.
Entonces, la pregunta es: ¿Qué hace el concierto internacional para respaldar el país que es destino? Debiera haber una reacción de Naciones Unidas para respaldar que en el país que va a acoger haya más sala cuna, más colegios para niños, más posibilidades de fuente laboral y así se ayuda y se asocia con el país que apenas le alcanza, a veces.

Carmona: “¿Por qué no fuimos capaces de explicar de tal manera que la gente comprendiera que la proyección del proyecto anterior era buena para su condición?”
—¿Cuáles van a ser los primeros temas que se van a abordar en la Conferencia Nacional?
—Nosotros hacemos procesos que van colegiando, que van advirtiendo los temas. Nunca un evento del partido es un golpe a sorpresa. ¿Cuál es el gran tema que lo sacamos además como la gran conclusión de lo que fue nuestra mirada con sentido autocrítico en el proceso de Gobierno de Boric? Que, a todo esto, tiene un detalle, que perdimos la presidencial después. La enseñanza de fondo es: necesitamos volver a poner en el centro, como la idea de origen, el ser un partido de masas. Eso es lo que va a marcar todo: un partido de masas.
—¿Por qué?
—Porque las transformaciones, ya sea por elecciones, por sindicatos, por corrientes de opinión, se soportan en el movimiento masivo de las masas organizadas, en juntas de vecinos, en centros estudiantiles, en grupos culturales, etc. La ausencia de eso permitió que avanzara una mirada que fue la que se instaló y hoy gobierna Chile. La pregunta es: ¿Por qué nosotros no fuimos capaces de explicar de tal manera que la gente comprendiera que la proyección era buena para su condición?
Bueno, estaba afectado ese vínculo y hay mil razones. Pero la formación de conciencia y el trabajo de masas no es solo el activismo electoral.
—¿El hecho de haber sido gobierno, de estar en la institucionalidad, genera una distancia con las masas? ¿Cómo se subsana esa distancia?
—La experiencia nuestra, que se puede medir en un porcentaje no menor, es que quienes tienen tareas de representación institucional, son validadas. Cuando estábamos excluidos del Congreso, decíamos “dennos la posibilidad de llegar, nos hacemos cargo de repetirnos el plato y de nuestra gestión”. Y así fue. Entramos con tres diputados, al próximo periodo llegaremos a seis y después llegamos a nueve, después a doce. ¿Por qué? Porque hay una conducta que validaba lo que habíamos comprometido.
Por tanto, no hay un divorcio obligado, pero eso siempre y cuando uno no pierda nunca la raigambre en el movimiento, en la base social.
PC en el Gobierno: “En varios aspectos teníamos diferencias y, a ratos, no menores”
—¿Cree que el gobierno del Presidente Boric perdió la raigambre social en el paso por La Moneda?
—No quiero hacer la tarea a nadie, solo voy a hacer la nuestra y por consiguiente pediría que cada uno se preguntará qué pasó, dónde estuvo el punto de quiebra. Hay una primera explicación que no es menor: de un proceso a otro, votaron más de 5 millones de personas que antes no votaban. Pero tenemos que asumir que gente fue a votar porque sencillamente sentían que ese proceso que iba a vivirse no estaba vinculado a sus grandes problemas y no se sentían convocados a algo que iba a resolver autoridades que luego, igual que siempre, se iban a olvidar de lo que eran los problemas que ellos planteaban.
Ahí hay un pedazo de aire, claramente. En primer lugar, desde el PC, tendríamos que haber hecho más todavía.
—¿Hay una reflexión pendiente en la izquierda a propósito de haber perdido las elecciones?¿Una autocrítica más profunda?
—No hay mejor libro que revisar la experiencia empírica, concreta, y de ahí sacar conclusiones.
—¿Hace falta eso?
—Nosotros lo estamos haciendo, no lo hemos terminado. Hay procesos que no son terminales con tiempo cronológico. Todo esto pasa por siempre preguntarse cuál es el tema de fondo y cuál es la correlación de fuerzas que permite que ese tema avance. Desde esa perspectiva, sin ninguna duda que va a haber un tiempo un poquito más amplio para seguir sacando conclusiones. Las que sean más vinculantes con la exigencia actual, porque si no las resolvemos, vamos a volver a cometer los mismos vacíos que nos llevaron a la situación en que estamos.
Va a quedar tarea para adelante porque tiene que ver cómo calza la conclusión que uno saca con la realidad que se ha construido y quiénes son los artistas, los actores.
—¿Hace un llamado a los otros partidos del sector a hacer un proceso autocrítico?
—No. Tengo respeto absoluto por las competencias de cada uno. No me toca a mí ni arrogarme llamado que no sea a mi propio partido. Cada uno sabrá lo que tiene que hacer.
—¿Qué balance tiene del paso del Partido Comunista en el gobierno?
—Vivir una experiencia desde la tarea de gestión, de conducción país, para quienes tenemos vocación de poder y aspiramos a construir una sociedad más plena, profundamente democrática y participativa, siempre será un acervo, siempre será un capital a favor. De eso no tengo ninguna duda. Lo que le tocó al Partido Comunista, que fue en la suma y en la resta estar entre tres y cuatro ministerios como ministros.
—¿No fue complejo que militantes del PC tuviesen que condenar la dictadura en Venezuela o en Cuba cuando el partido tiene otras determinaciones sobre eso?
—Como se lo dijimos al Presidente y como lo dijimos públicamente: lealtad siempre, obsecuencia nunca. No es obligatorio que para ser leal uno tenga que renunciar a lo que piensa. Y nosotros tomamos nota que el presidente sabía de esto y nos relacionamos siempre. Eso significa que en varios aspectos teníamos diferencias y, a ratos, no menores.
¿Qué es lo que hicimos? Pusimos lo que es primero, primero. Dijimos: no tenemos un punto de contradicción si nuestros compañeros militantes que están en el gabinete les corresponde tener otra línea que define el Presidente, porque son ministros del presidente, no del partido. Es obvio que tienen que tener, a lo menos por omisión, un ordenamiento. Y entonces, eso nunca nos iba a afectar, nunca.
Nunca pusimos eso en tela de juicio que si los compañeros ministros opinan distinto. No, porque ellos tienen otra tarea. Ni tampoco pusimos en tela de juicio que teniendo nosotros una opinión absolutamente distinta en el tema de Cuba, el que tiene la política exterior en Chile es el Presidente de la República, no nosotros.
—Pero esa tensión sigue después del Gobierno. Incluso, durante la campaña presidencial de Jeannette Jara, ella recibió críticas por definirse como contraria a la definición del PC por Cuba.
—Uno es lo que opinan los compañeros en tanto son autoridades de un gobierno que es más transversal y tiene, para decirlo de alguna manera, no me gusta usar la palabra, pero razones de Estado. Otra cosa es la mirada que tengan nuestros representantes a una lid electoral. Cuando la compañera planteó esto, no era la opinión del partido. Ella es la candidata, nosotros asumimos que era una candidata que superaba el partido.
La pregunta no es a nosotros, que nosotros siempre hemos sostenido sólidamente. Nosotros en eso tenemos una línea histórica. Las otras modificaciones las tendrán que responder los compañeros en argumentos.

Coalición en la izquierda: “Nosotros estamos disponibles sobre la base que haya un contenido que nos articule”
—¿Qué le parece la idea que instaló la nueva presidenta del Frente Amplio de construir una coalición desde el PC a la DC para gobernar el próximo ciclo político?
—Nosotros somos históricamente partidarios de construir un proceso de convergencia unitaria con la mayor amplitud que demande el propósito que queremos lograr, porque eso constituye un factor de correlación de fuerzas mayoritarias favorable. La diferencia está en que ese es un propósito que hay que conquistar, que hay que construir, y nosotros creemos que en la actualidad estamos en ese proceso. Ojalá pronto esto alcanzara, pero nadie puede imponerle a otro.
Nosotros estamos disponibles sobre la base que haya un contenido que nos articule, pero mira, no fuimos capaces de lograr cuando éramos gobierno, para que veamos que no es fácil. Siendo gobierno nunca logramos coalición, siempre fuimos los de primera vuelta respecto a los de segunda vuelta. Todo el tiempo estuvo eso latente. Eso está demostrando que el proceso hay que vivirlo y queremos ser activos contribuyentes a vivir el proceso porque la unidad amplia con contenidos es un factor positivo.
—¿Se imagina un método para tramitar las diferencias que tiene el PC con el resto del progresismo en materia internacional? Hay tensiones sobre Cuba y Venezuela que siempre resurgen.
—La unidad es un proceso muy parecido a la vida real. Un proceso en la diversidad. La unidad no existe entre iguales. De lo contrario, habría un solo partido. No ocho. Y hay que saber poner al centro lo que une y que tengan valor y respetar la diferencia.
Nosotros no queremos poner por instalación que estamos disponibles para la unidad siempre y cuando todos los demás compartan nuestra política interna internacional. Un partido como el nuestro, que es un partido que se declara internacionalista, no obligas a otros que tengan estas definiciones. En absoluto.
Espero que todos tengamos la mirada de coincidir y darle valor a los puntos que unen y convivir en la diferencia en los otros puntos.
—¿Cómo evalúa el retiro de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU?
—Como nunca, el mundo vive un riesgo real de autodestrucción. Nunca la historia de Naciones Unidas, que no es infinita, había estado tan en riesgo, tan en peligro, tan sobrepasada. ¿Qué valor tiene Naciones Unidas si la potencia militar más importante del mundo hace lo que quiere sin preguntarle ni a su propio congreso? ¿Crees que a Donald Trump le importa lo que diga Naciones Unidas? Le da lo mismo. Nunca había sido entonces tan ninguneada, tan sobrepasada y tan necesitada de fortalecerla como ese primer diagnóstico.
Segundo, no es a cada rato que hayan capacidades a disposición de personas con la experiencia de dos veces gobernante, primera gobernante mujer en muchos países del mundo, en dos grandes misiones de Naciones Unidas como es el tema de derechos humanos y de mujer, con experiencia en planos, ministerios. Eso teníamos presente y, en tercer lugar, teníamos el respaldo de dos fuerzas como México y Brasil.
—¿Una oportunidad perdida?
—Lo triste, lo tremendo, es que no contaba con el respaldo del gobierno de Chile. Y yo creo que no contaba con el respaldo del gobierno de Chile así como lo que pasa a propósito de Cuba, por dictamen de Estados Unidos, porque a Estados Unidos no le importa que se fortalezcan las Naciones Unidas.
—Si era tan importante el rol del Estado chileno en esta candidatura, ¿no era deber de la administración anterior haberse anticipado y haber trabajado la candidatura previamente con José Antonio Kast?
—Para mí, el tema de fondo para los que hacemos política y somos los titulares en el ejercicio de ella, es que enfrentado al hecho concreto, Michelle Bachelet ya era candidata a la Naciones Unidas. El tema de por qué no hablaron antes o con quién deberían haberlo hecho es secundario. El tema de fondo era responder la pregunta: ¿tiene o no capacidades Michelle Bachelet para ser la secretaria general de Naciones Unidas?
Entonces, hubo una mezquindad, hubo una pequeñez porque, mal que mal, las políticas globales siempre tienen una referencia en la experiencia particular y para que llegue a ese cargo en la ciudad de una mujer de Sudamérica o de Latinoamérica tiene una manifestación concreta que va luego a redundar en la gestión y no lo vieron.



