Opinión
20 de Agosto de 2026
Columna de Pablo Paredes/ Domicilio: La Moneda. Domicilio político: la ultraderecha
Por Pablo Paredes, escritor y exdirector de la Secom
El militante del Frente Amplio repasa decisiones en economía, seguridad, Codelco, género y relaciones políticas para sostener que el Gobierno de José Antonio Kast mantiene rasgos de ultraderecha, pese a algunos gestos de moderación.
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Hace cuatro años, prácticamente no había dudas de que Kast y su círculo eran la ultra. Por lo mismo, puede ser un buen ejercicio esgrimir cuáles son los giros que demuestran que se devolvió desde la ultraderecha a la derecha tradicional. Y, por el contrario, si se cree que Kast sigue ubicado en la misma zona ideológica, presentar cuáles son los elementos que permiten decir que, por más que ahora viva en La Moneda, su domicilio político sigue siendo la ultraderecha.
En materia económica, el Gobierno ha logrado aprobar una reforma con una regresividad que no se había visto en democracia. Y no solo eso, como correlato cultural, se ha avanzado -contra toda evidencia empírica- en posicionar la idea de que los impuestos atentan contra el emprendimiento y el empleo. Y, en términos prácticos, se le quitó carga impositiva a los extremadamente ricos del país. Así, en esta área, es justo decir que el Gobierno de Kast ha estado a la derecha del gobierno de Piñera.
Un caso particularmente interesante es el de Codelco, pues aquí hay tres movimientos. Primero, con un nombramiento presidencial para la cabeza de la cuprífera de un activista de la máxima reducción del Estado, luego la propuesta parlamentaria de privatizar y, finalmente, la negativa del Ejecutivo a la propuesta de los diputados. ¿Qué pasó aquí? ¿Kast 2026 salvó a Codelco de quienes parecen seguir en modo Kast 2021? ¿O, simplemente, estamos ante una magistral corrida de cerco que abre cancha para, al menos, poner sobre la mesa privatizaciones parciales?
Por otro lado, en seguridad hemos visto dos momentos clave. Primero, la comprobación de que hubo una campaña con eslogan, pero sin plan concreto en esta materia, es decir, populismo puro y duro. Y segundo, el fragüe de una reforma que no sólo está mucho más a la derecha que los gobiernos de Chile Vamos, sino que se sale de la cancha de las democracias liberales y entra de lleno en el autoritarismo pinochetista. Es que es inaudito para la historia de nuestra democracia el intentar crear un nuevo estado de excepción constitucional que secuestra facultades del Congreso, jueces y fiscales para entregárselos al presidente, permitiéndole pinchar comunicaciones, requisar bienes, prohibir reuniones, restringir la libertad de locomoción y coartar la libertad personal como si más que República tuviéramos un tirano al mando. Todo con más pinta de guion de serie de HBO que de propuesta desde una derecha democrática. Por lo mismo -espero- parte de la derecha ha mostrado sus diferencias con el Ejecutivo.
Está también la ausencia absoluta del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Kast optó por hacer el gesto al mundo evangélico y dejar que todas las tensiones que tiene su ministra con los derechos de la mujer hablen por sí solas, hablen sin decir nada, mientras se erosiona a la institución, su presupuesto y sus programas. En esto, también la diferencia con las ministras nombradas por el presidente Piñera implica una creciente distancia cuya dirección es la derecha de la derecha.
Finalmente, miremos lo que el propio kastismo ha relevado sobre sí mismo. En campaña, acuñó el término “derechita cobarde” para dejar claro que ellos no eran ni Evópoli, ni RN, ni la UDI. Como presidente electo, se reunió con Viktor Orbán, mensaje que no necesita una máquina desencriptadora. Y, en su primer viaje como presidente en ejercicio, prefirió tomarse una foto con una motosierra en vez de con el sable de San Martín.
Y claro, también está lo que busca presentarse como gestos desorbanizantes. Pero, ¿bastará con que la ministra Chomalí de vez en cuando, en materias de sentido común, sensatamente, atornille para el otro lado? ¿Bastará con tragarse eso de que porque el ministro de Agricultura, que bien conocemos de otras temporadas, era un militante del Partido Radical, este es un gobierno de centro? ¿Bastará con decir que el partido del Presidente Kast es algo tan distinto al Presidente Kast que no se le puede achacar la responsabilidad de una AC sin el más mínimo sustento, ni el proyecto de tortura para mujeres “Escucha su corazón”, ni la idea de privatizar Codelco?
Hecho el ejercicio -y sin siquiera haber mencionado ni el formato de campaña, ni las actuaciones de Cancillería- es entonces pertinente decir: sí, José Antonio Kast sigue siendo un ultraderechista.



