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Opinión

25 de Agosto de 2026

Columna de Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar: ¿Han envejecido bien nuestras ideas sobre la edad?

Foto autor Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar Por Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar

A partir de una reflexión sobre Cocoon y de la guía de comunicaciones para sociedades longevas y multigeneracionales, Maribel Vidal plantea que la edad no define por sí sola a las personas mayores y que la comunicación puede ayudar a cambiar esa mirada.

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En 1985, mientras Rambo volvía a Vietnam y Marty McFly viajaba al pasado en un DeLorean, una de las sorpresas de la temporada cinematográfica llegó desde un lugar imprevisible. Ben Luckett, el personaje de Wilford Brimley, era uno de los residentes de un hogar de retiro en Florida que se topa con unos misteriosos capullos de origen extraterrestre sumergidos en una piscina vecina. La energía que irradiaban obraba el milagro: los achaques retrocedían y los adultos mayores volvían a nadar, bailar, enamorarse y, por supuesto, terminaban huyendo de la realidad pedestre rumbo al espacio. Era Cocoon, un clásico del popcorn ochentero. 

Más de cuatro décadas después, la película dice bastante sobre cómo imaginábamos entonces la vejez: a cierta edad para recuperar una vida intensa era necesario que pasara algo extraordinario, sobrenatural.

Las personas viven más años, continúan trabajando, emprendiendo, utilizando tecnología, viajando, formando nuevas parejas o desarrollando intereses que difícilmente caben bajo una sola definición de “tercera edad”. No hizo falta ninguna energía alienígena: cambió la sociedad y, con ella, también lo que significa tener 60, 70 u 80 años.

Un reciente artículo de El Mercurio, basado en un estudio de Ipsos, sobre los llamados “omnigenarios” volvió a poner esta transformación sobre la mesa. Más que sumar una nueva etiqueta al diccionario generacional, el fenómeno permite preguntarse si la mirada que tenemos respecto a la edad es correcta o ha quedado desfasada.  

En octubre de 2024, CONAR y Voces Mayores presentaron la Guía de comunicaciones para sociedades longevas y multigeneracionales. La iniciativa partió de una idea: el cambio cultural depende de muchos actores, pero las comunicaciones pueden ser un motor para impulsarlo, instalando nuevas miradas y normalizando otras representaciones. La guía buscó entregar herramientas a quienes trabajan en comunicación para observar la longevidad con otros anteojos, revisando una idea especialmente persistente: considerar a las personas mayores como un grupo homogéneo.

Curiosamente, con los jóvenes hemos aprendido bastante mejor esa lección. Nadie pensaría que basta con saber la edad para comprender de la misma forma a un fanático del manga y la cultura otaku, una seguidora del K-pop, un gamer competitivo, un futbolero viudo de Messi o Cristiano o alguien movilizado por causas ambientales. Pueden tener veinte años, incluso pertenecer a la misma generación, pero sus códigos, intereses o maneras de relacionarse con el mundo pueden ser completamente distintos.

¿Por qué entonces seguimos hablando con tanta facilidad de las personas mayores como si varias décadas de vida constituyeran una sola identidad?

El sesgo no siempre adopta la forma de una caricatura. También aparece en los roles que asignamos: si las personas mayores quedan asociadas a pensiones, enfermedad o dependencia, mientras tecnología, viajes, relaciones o nuevos proyectos parecen territorio joven, terminamos construyendo una representación incompleta. La guía propone justamente normalizar su presencia en otros ámbitos, sin que la edad tenga que convertirse en el tema de la historia.

Eso tampoco significa reemplazar una obsesión generacional por otra. Boomers, X, millennials, Z u “omnigenarios” pueden servir para observar tendencias, pero no para resumir identidades. Una etiqueta deja de ayudarnos cuando reemplaza el esfuerzo de mirar.

Ahí la comunicación importa. Durante demasiado tiempo la juventud fue sinónimo de energía, innovación, belleza o futuro; envejecer quedó asociado a pérdida, deterioro o retiro.  

Cuatro décadas después, no son las personas las que necesitan actualizarse, sino nuestra manera de mirarlas.  Tal vez hay que revisar si nuestras ideas sobre la edad envejecieron bien o precisan sumergirse en una piscina estilo Cocoon. 

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#Maribel Vidal

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