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Opinión

22 de Agosto de 2026
Sandro Baeza

Columna de Isabel Plant: Queremos puro opinar de cuerpos ajenos

Entre las críticas de Axel Kaiser a las modelos de tallas grandes, las burlas a Daniela Ramírez y las opiniones sobre el cuerpo de Ariana Grande, la promesa de dejar de juzgar los cuerpos ajenos parece haberse evaporado. Quizás porque antes de ser body positive necesitamos aprender algo bastante más difícil: dejar de ser tan implacables con nosotras mismas, escribe la columnista Isabel Plant.

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Esta semana fue Axel Kaiser hablando indignado de las modelos de tallas grandes. “Es decadente que Victoria’s Secret use mujeres con sobrepeso, como si fueran modelos a seguir. Lo único que hacen es normalizar algo que no es ideal y rebajar los estándares de exigencia que elevan nuestra cultura”.

Pero la semana pasada fueron todos y todas quienes transformaron a la actriz Daniela Ramírez en un viral, luego en meme, luego en sticker de WhatsApp: fue capturada en una escena de teleserie de Mega, intentando esbozar tristeza y emoción, pero impedida por lo que probablemente sea bótox recién puesto. Las burlas fueron infinitas.  

Y también soy yo, sumándome a los comentarios del cuerpo de Ariana Grande o de Carolina Arregui, de allá o de acá. Pasa en Chile, en Hollywood, con actrices, políticas, influencers, con la amiga y con la vecina.

El body positive, al parecer, se lo llevó el viento. O quizás, sinceramente, nunca existió del todo, solo fue un espejismo, alimentado por nuestro entusiasmo durante la última oleada feminista.

¿Dejamos en algún momento de opinar, aunque fuera en nuestra mente, o en el chat con la mejor amiga, de cómo se veía tal o cual mujer? Yo medí palabras, intenté ser más respetuosa, admiré a jóvenes que se atrevían a dejar atrás ataduras físicas con las que yo llevaba décadas cargando. El mundo entero parecía haber reflexionado sobre imposiciones culturales atávicas.

¿Y en el mundo privado? ¿Cambiaron los pelambres? ¿Cambiaron los deseos personales? ¿Modificó la corrección política lo más profundo de lo que cada uno encuentra bello o feo?

Supongo que nunca abrazamos con todo el body positive con el resto, porque es muy difícil abrazarlo con una misma: finalmente, la primera víctima de opinar del cuerpo ajeno soy yo. Mis canas, mis ojeras, mi ceño fruncido que no se desfrunce, mis tres kilos de más (siempre, sin importar lo que diga la pesa), mis pechugas caídas, mi piel que ha perdido el brillo.

¿Sería tan exigente con las demás, si no lo fuera conmigo misma?

Por trabajo, he aparecido a veces en la televisión abierta. La primera vez era una veinteañera. Han pasado cerca de dos décadas y todavía me persigue un comentario de YouTube donde me mandaban a arreglarme los dientes. Los tengo chuecos, siempre los he tenido chuecos, a veces no me importan tanto, pero tampoco nunca me dan lo mismo.

Y alguien le acertó medio a medio a mi peor inseguridad. Cada vez que me decía: no, si solo yo lo veo, los demás no se dan cuenta, me estaba autoengañando; quizás para muchos, en la época de las sonrisas perfectas, soy solo dientes chuecos.

Encontré insólito, en ese entonces, que alguien se diera el tiempo de ir y registrar su opinión sobre mi dentadura en un foro público. Sigo encontrando una locura que alguien vaya al Instagram de otra persona, sea figura pública o no, para decirle: fea, gorda, hedionda.

Si a mí me dolió, ¿por qué entonces sigo comentando en mi cabeza?

Lo que nos lleva a que difícilmente podemos ser body positive, si no somos yo-positive. Y entre reels, ozempic y una contraola regresiva con el espacio que ocupamos las mujeres en la sociedad -física y simbólicamente-, está difícil cambiar pensamientos intrusivos que están mucho más arraigados en nosotras de lo que pensábamos.

Si fuera tan fácil quererse a una misma, no habría gastado lo que he gastado en terapia. Ni en cremas de cara.

¿Será que el comentar cuerpos ajenos nos sirve de escudo ante nuestra propia inseguridad? ¿Por qué tú puedes y yo no?

¿Te quieres? ¿Eres feliz?

Yo también quiero.

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