Opinión
29 de Agosto de 2026
Columna de Rita Cox: Barrio Victoria: a medio morir saltando
Por Rita Cox F.
Durante décadas, el Barrio Victoria fue sinónimo de zapatos: cuero, hormas, suelas, talleres y tiendas que abastecían a Santiago y a regiones. Hoy, los locatarios intentan recuperar un sector golpeado por la crisis del comercio, el abandono y la inseguridad. “Todo eso que tiene a Barrio Victoria como un enfermo con diagnóstico reservado”, escribe la columnista Rita Cox, al recorrer las calles donde todavía sobreviven algunos de sus fabricantes y artesanos.
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Once de la mañana de un lunes y el Barrio Victoria luce como las cuadras de un pueblo abandonado. Los frontis están grafiteados o con la pintura a mal traer. Las dos estaciones de reparación de bicicletas instaladas hace poco ya no funcionan. Fueron vandalizadas. El Mall Alto Victoria, abierto a comienzos de los 2000, funciona a medias. Ni rastros de lo que estas cuadras fueron en su mejor momento, con 180 tiendas-taller para una demanda local y de regiones, compradores particulares y grandes empresas que encontraban aquí el mejor par de zapatos. Hoy quedan 35.
La crisis que comenzó a desatarse en esos años tiene a Motel Juntos como mejor representante. Donde durante décadas funcionó una fábrica de calzado y varias tiendas. Tras la caída de las ventas, el dueño optó por la reconversión.
Una locataria me advierte que guarde el celular.
Eugenio Alfaro Silva tiene 54 años y su vida cabe en estas cuadras. Nieto, sobrino e hijo de zapateros, creció en el segundo piso de La Zapatera de Victoria, fábrica y taller de su madre. En Victoria 1013 jugó, aprendió del oficio y de ventas, y se integró a la dirigencia barrial. En diciembre de 2025, tras enterrar a su madre en la Capilla San Felipe de Jesús (Chiloé esquina Victoria, junto a la Plaza Tierra Santa, de lo lindo que va quedando), cerró la tienda y se fue a vivir fuera de Santiago. Atrás quedaron los tiempos en que la familia empleaba a cien maestros y tres vendedores. Sigue haciendo zapatos, menos, para los clientes de siempre y para vender online: suecos de madera, crepé y los chicles son sus clásicos. Como vecino y parte de la Cámara de Comercio de Barrio Victoria, con tristeza dice que su barrio está botado.
Es más que una calle. Es el barrio del cuero y del calzado más reconocible de Santiago, entre San Francisco y Nataniel Cox, a pasos de Avenida Matta. Nació a mediados del siglo XIX como sector de uso mixto, rasgo que mantiene, y en 1902 llegaron las primeras suelerías, origen de una cadena productiva completa: cuero, hormas, suelas, talleres, reparadores, vendedores. En los 90, y hasta entrados los 2000, ir al sector era un panorama: junto a la buena oferta se encontraban reparadores en las veredas, algo rico para comer, movimiento en torno al artesanato zapatero.
Victoria resistió duramente la competencia de las importaciones asiáticas y la cultura del retail. Luego las ventas online. Es probable que a lo económico se sumara una falta de visión del Estado para capacitar a esas generaciones de zapateros, como sí lo ha hecho Perú, por ejemplo. La promesa de que nuevos diseñadores hicieran alianza con los artesanos, que se lee en algunos medios de la época, quedó, en gran parte, trunca.
Una de las que sí ha hecho ese match es Carmen Paz Salas, de Santa Pecadora: llegó comprando cuero y gamuza para intervenir ponchos a mano y, cuando evolucionó a los zapatos, conoció a Manuel, hijo y sobrino de fabricantes del sector. Ella diseña y la fabricación se hace íntegra en el barrio. Carmen reconoce que sacar su proyecto adelante no es fácil. Los ritmos y volúmenes de una marca de moda no siempre dialogan con las capacidades y ritmos de los artesanos.
La crisis adquirió un nuevo tono en octubre de 2019, con el estallido social. Aunque casi tres kilómetros separan el barrio de Plaza Italia, el miedo hizo que los locatarios empezaran a cerrar a las 17 horas, hábito que se mantiene. Al decaimiento del negocio se sumó la inseguridad y la presión de la inmigración, sobre todo venezolana, en casas y edificios densificados del entorno. Con ese arribo han proliferado barberías y locales de comida, generadores de basura, otro problema.
El martes 25 de agosto, la Cámara de Comercio de Barrio Victoria se reunió con la Subdirección de Desarrollo Económico Local de la Municipalidad de Santiago para trabajar en una mesa técnica que aborde las urgencias: fiscalizar el comercio que funciona sin patente, especialmente barberías y cocinerías; reforzar el lavado de veredas en el eje Victoria, entre Chiloé y San Diego, con especial énfasis en el cruce con Arturo Prat, particularmente los viernes por la noche o los sábados temprano; priorizar la vigilancia durante las tardes; evaluar la implementación de un proyecto de cámaras de seguridad para el sector.
No quedó fuera la demanda de sumar esfuerzos en emprendimiento, patrimonio y turismo. “Miramos cómo lo han hecho Lastarria y Barrio Italia”, me dice un fabricante, entre esperanzado y escéptico. Victoria no tiene declaratoria de Zona Típica —en 2010 hubo un intento vecinal que no prosperó—, pero su patrimonio está en el oficio, su historia, su mixtura residencial y comercial.
En 2025 fueron los propios locatarios quienes financiaron el lavado de calles, cámaras de seguridad y seguridad privada, hasta que se les acabó la plata. Ese año también intentaron con una feria del calzado. Antes, en 2020, el Minvu desplegó una intervención de 615 millones con Sercotec, en 4.215 metros cuadrados: veredas más anchas, iluminación, mobiliario y cámaras de seguridad. Según los locatarios, un proyecto a medias: las cámaras nunca se activaron.
De la relación con la autoridad, afirman que no pasó nada con Irací Hassler, y que el mejor momento lo recuerdan con Jaime Ravinet, en los 2000. Con la administración Desbordes ha habido varios acercamientos.
En medio de este complejo escenario destaca el colorido mosaico instalado en 2020, a un costado del local Solís de Ovando (Victoria 1001), uno de los más atractivos del sector por su propuesta de diseño de zapatos y mochilas. La pieza muestra una bota, un maestro zapatero inclinado sobre su banco, una máquina de coser, la capilla, una familia caminando con bolsas de feria. Un rayado le cruza la base. Mosaico y grafiti se leen como resumen del momento, de un pasado brillante, de lo hecho a mano en riesgo de desaparecer, de los proyectos a medias, de la falta de cariño. Todo eso que tiene a Barrio Victoria como un enfermo con diagnóstico reservado.



