Opinión
20 de Septiembre de 2026
Columna de Kike Mujica: The chilean Chinatown
Por Kike Mujica
El secuestro de un comerciante chino por una banda que estaría integrada por detectives de la PDI y el exfiscal Vinko Fodich ha dejado al descubierto distintas organizaciones criminales de origen chino que se instalaron desde hace años en Chile. ¿Quiénes son? ¿De dónde provienen? ¿Cómo operan?
Compartir
La madeja china
El ex fiscal Vinko Fodich era el abogado de Yongjie Chen.
Chen es uno de los jerarcas del Clan Chen, un grupo mafioso perseguido por el FBI y que operaba en Iquique.
Chen era pareja de Mingxia Fu, la hermana de Mingkai Fu.
Mingkai Fu es el comerciante secuestrado.
Fodich también era el abogado de Ángelo Stevens.
Stevens era asesor financiero del clan Chen.
Stevens participó en “el plan secuestro”. Le pidió ayuda a Stefano Andreotti para concretarlo.
Andreotti era “contador” de los Chen.
Andreotti contactó a Stevens con los tres PDI. Le dijo que los detectives eran “una cuadrilla policial” que secuestraba comerciantes chinos.
Bienvenidos a Chilean Chinatown
HAY PRONTUARIO
Para la policía chilena no es novedad la participación de ciudadanos chinos en delitos. Son los menos dentro de la colonia, pero son.
Distintas operaciones los han desenmascarado:
En 2020, Operación Dinastía Dragón Sur: organización vinculada al cultivo masivo y tráfico de marihuana
En 2025, Operación Muralla Oriental: 27 ciudadanos chinos detenidos, la mayoría en el barrio Meiggs por delitos como asociación criminal, narcotráfico, secuestros, extorsión, lavado de activos, contrabando y homicidios.
En 2026, Operación EFOS: megaoperativo contra el denominado Clan Chen, una organización encabezada por ciudadanos chinos y vinculada, según la investigación, a lavado de activos provenientes de estafas internacionales. Operaban en Iquique. La causa nació a partir de información proporcionada por el FBI y alcanzó a numerosas sociedades comerciales.
En 2026, Operación Muralla Oriental II: la PDI y la Fiscalía actúan contra una organización de origen chino ligada a casinos clandestinos, lavado de activos, contrabando y armas. Los procedimientos se desarrollaron en las regiones Metropolitana y de Valparaíso.
DE FUJIAN AL MUNDO
Fujian es una provincia costera del sureste de China, frente a Taiwán. Tiene 42 millones de habitantes. Es una provincia montañosa con una costa extensa.
La ciudad se hizo tristemente célebre en Nueva York en los 80 y 90 porque los miembros de Fuk Ching Gang, una de las mafias más poderosas y violentas del Chinatown, procedían de Fujian. Reclutaban jóvenes de esa ciudad para llevarlos como “soldados” a EE.UU.
Se dedicaban a las extorsiones, secuestros y, sobre todo, al tráfico clandestino de inmigrantes chinos que provenían de Fujian. Les cobraban altas sumas para ingresarlos: si no pagaban, corrían riesgo de muerte.
Según un informe del Departamento de Estado de EE.UU., los Fuk Ching Gang eran propietarios u operaban restaurantes, tiendas minoristas, puestos de verduras, servicios de automóviles, heladerías, mercados de pescado y videoclubes. En un nivel más alto y profesional, también poseían u operaban empresas mayoristas de abastecimiento, fábricas, bancos y agencias de empleo.
“La provincia de Fujian es una de las principales fuentes de ciudadanos chinos introducidos clandestinamente o sometidos a trata hacia América del Norte”, agregaba el informe.
En España se dedicaron al cultivo y tráfico de marihuana. Para ello, hacían trabajar 24/7 a sus coterráneos que ellos transportaban ilegalmente desde Fujian.
A Inglaterra también llegaron. The Guardian escribió que “desde los años 70 existían en Fujian grupos dedicados al contrabando; en los años 90 comenzaron a especializarse en introducir clandestinamente personas en Europa. Después aparecieron extorsión, trabajo clandestino, prostitución y otros negocios”.
El diario recuerda dos tragedias que hicieron visibles a esta mafia: los 58 inmigrantes chinos muertos dentro de un camión en Dover en 2000 y los 23 trabajadores chinos que murieron en Morecambe Bay en 2004.
MIGRACIÓN A CHILE
El clan Chen que irrumpió en Chile está integrado por originarios de Fujian.
Los “Bang de Fujian” son otra de las bandas que opera aquí.
Según el Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo (OCRIT) de la Universidad Andrés Bello, “Fujian, región con fuerte tradición marítima y migratoria, experimentó un auge económico acelerado que no se distribuyó simétricamente en la población, generando condiciones para la emigración masiva. Si bien la mayoría de esa diáspora es civil, parte de esas redes migratorias fueron instrumentalizadas para actividades criminales en múltiples continentes”.
LA OPERACIÓN DE LOS CHEN
Según un informe de la Fiscalía de enero de 2016, los Chen son “una organización criminal liderada por ciudadanos chinos y chilenos, quienes utilizaron el sistema financiero nacional -específicamente Iquique y su zona franca-, para mover y ocultar dineros provenientes de estafas transnacionales ejecutadas mediante plataformas fraudulentas de inversión en línea, por montos que superan los 200 millones de dólares”
El informe destacaba que “se demostró que hay un corredor para el lavado de activos en nuestro país, ya que, si bien tenemos un delito de estafa en Norteamérica, acá se seguía todo el proceso de lavado de activos, considerando la colocación de estas platas para luego pasarlas por distintas cuentas para que se pierda el rastro, e instalarlas en empresas consolidadas para así disfrazar este patrimonio”.
Tras el operativo se incautaron más de un millón de dólares en efectivo, vehículos, relojes de lujo y armas de fuego.
La Fiscalía detalló cómo funcionaba el Clan Chen:
Creaba empresas de papel -denominadas “Kamikaze o Categoría A”-, con domicilios inexistentes y sin actividad comercial, con el único fin de recibir los fondos provenientes de las estafas o actividades ilícitas del extranjero.
Una vez que los fondos ingresaban a las cuentas dólar bajo la apariencia de operaciones de comercio internacional, eran transferidos inmediatamente a las empresas de “Categoría B o Intermediarias”. Ahí los fondos eran fragmentados y triangulados a fin de ocultar su origen.
Estas sociedades tampoco tenían domicilios reales ni actividades comerciales, y a través de sus cuentas la organización retiraba dólares en efectivo, mediante el cobro de cheques y giros presenciales en sucursales bancarias del centro de Iquique y de la Zofri.
Por último estaban las empresas de “Categoría C o Consolidadoras”, las que en su mayoría correspondían a sociedades con actividad real y operaciones formalmente lícitas, mayoritariamente usuarias del sistema franco de la Zofri.Eran controladas por ciudadanos de la comunidad china. La organizacióningresaba a estas empresas las ganancias ilícitas, materializando la integración de los fondos al sistema económico formal, ya que, al ser empresas con actividad comercial efectiva, podían absorber y justificar contablemente las ganancias ilícitas, para que el dinero saliera al extranjero.
“Los Chen habrían constituido aproximadamente 119 sociedades comerciales que le permitieron implementar el modelo asiático de defraudaciones transnacionales”, sentenció la Fiscalía.
LOS BANG BANG
Según el informe de la UNAB, “el Clan Bang de Fujian es una de las organizaciones más destacadas de los grupos clandestinos fujianeses. Según reportes del FBI, la banda se dedicaría al cultivo de marihuana, tráfico de migrantes, trata de personas con fines de explotación laboral y sexual, extorsión y participación en mercados ilícitos a través de empresas y locales lícitos utilizados como fachadas para esconder los centros de operaciones de sus delitos. Recintos como casinos, “malls chinos”, salas de karaoke y juegos, y salones de belleza son utilizados como negocios de apariencia legítima para el tráfico de drogas, entre ellas, marihuana, éxtasis, metanfetamina y ketamina, además de explotación sexual, entre otros ilícitos asociados a las actividades nocturnas”.
A Chile habrían llegado en 2020, durante la pandemia, tal como lo hicieron miles de migrantes de otras nacionalidades. En ese año se registró un aumento notorio de inmigración china legal e ilegal. Se instalaron a lo largo del país.
“La presencia del Clan Bang confirma que Chile dejó de ser un país de tránsito y pasó a ser un lugar de instalación del crimen organizado transnacional. La migración china y su vulnerabilidad son instrumentalizadas por la organización. Los migrantes irregulares chinos son captados como “granjeros”, trabajadores esclavizados o víctimas de explotación sexual, reforzando un círculo de dependencia, miedo y silencio”, consigna el informe de la UNAB.
JERIGONZA
Los delincuentes chinos utilizan el idioma como una verdadera caja fuerte impenetrable. Una alta autoridad en seguridad me dice que investigarlos es muy difícil porque no hay “un” idioma chino.
Una persona que habla únicamente cantonés y otra que habla únicamente mandarín, por ejemplo, no pueden mantener normalmente una conversación oral entre sí, aunque ambos idiomas sean clasificados oficialmente como variedades del “chino”.
Por lo menos hay entre 7 a 10 lenguas chinas distintas. Y dialectos, hay cientos. En Fujian hablan “min” que es especialmente diverso. Dos chinos de distintas zonas de Fujian pueden hablar variedades de Min que resulten muy difíciles de entender entre sí.
“Ellos solo hablan chino. Entonces cuando interceptamos sus conversaciones, nos cuesta mucho traducirlas”, me dice una fuente policial.
“En investigaciones realizadas en Chile, policías han reconocido las dificultades generadas por dialectos y códigos lingüísticos utilizados dentro de estas comunidades chinas. Ese cierre identitario tiene otra consecuencia. Infiltrar, interpretar o simplemente comprender estas redes exige bastante más que traducir palabras. Hay que entender relaciones”, me dice Pablo Zeballos, experto en crimen organizado. (ver su columna)
Según la Fiscalía, una de las razones para explicar la brecha entre la formalización de cargos y la obtención de sentencias firmes se podría explicar por las barreras idiomáticas.
Algo similar le ocurrió a la CIA luego del atentado a las Torres Gemelas. El 11-S dejó al descubierto una grave falta de preparación lingüística para enfrentar al terrorismo islamista. Aunque tenía agentes que hablaban árabe y contaba con una escuela de idiomas, eran insuficientes y muchos no alcanzaban el nivel necesario para realizar interrogatorios, captar matices culturales o producir inteligencia sofisticada.
¿POR QUÉ ELLOS?
Las bandas que secuestran o extorsionan a comerciantes chinos parten de una premisa: que ellos no denunciarían porque no tienen redes, desconfían de la policía, tienen negocios turbios, son prestamistas informales o forman parte de bandas de crimen organizado.
Además, manejan, por el tenor de sus negocios, mucho dinero en efectivo.
Entre 2022 y 2023, carabineros de la Segunda Comisaría de Santiago cobraban dinero a comerciantes chinos. Diez policías fueron declarados culpables.
Los carabineros ofrecían “protección” a cambio de montos mensuales que rondaban los 1,5 millones de pesos. Si no pagaban, llegaban a sus locales a detenerlos por delitos inexistentes.
Los extorsionados no se atrevían a denunciar por miedo a la policía.
El operativo montado por la banda secuestradora, que incluía -literalmente- escenografía -un cuartel falso- y coreografía –“actores” que se hacían pasar por secuestrados- permite sospechar, me dicen dos fiscales, que este no es el único secuestro. “Nadie monta una operación así por $30 millones por una vez”, agrega.
Esto parece que recién comienza.



