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Daniela Lopez

Tiempo Libre

25 de Septiembre de 2026

De “La Ola” a su debut como directora teatral: Daniela López estrena “Las voces de mi madre”

La protagonista de "La Ola" prepara el estreno de su primera obra como directora "Las voces de mi madre", que relata las vivencias de su una niña viviendo en la casa de los patrones de su mamá en dictadura. En conversación con The Clinci adelanta detalles de su estreno y los desafíos que enfrentó para contar una historia íntima familiar.

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A poco más de un año de protagonizar “La Ola” de Sebastián Lelio, Daniela López (23) prepara su debut como directora de teatro, con una obra íntima que retrata las vivencias de su madre en dictadura viviendo en la casa de una familia de la elite para la que trabajaba su madre.

Sin querer profundizar en los conflictos políticos de la época, la joven actriz y directora busca contar las vivencias desde la perspectiva de una niña de la época, en “Las voces de mi madre”

La obra se estrena este sábado 26 de septiembre y estará en cartelera hasta el 11 de octubre en el Teatro del Puente, coincidiendo con ello con el estreno de la película “Hijas Unikas” de Alba Gaviraghi en el FIC Valdivia, de la que Daniela López también forma parte del elenco.

Dentro de su amplio elenco cuenta, entre otros nombres, con el de Matías Catalán, protagonista de la premiada película “La misteriosa Mirada del Flamenco”.

Sobre su estreno teatral, la actriz adelanta que “la obra nace a partir de recuerdos y vivencias de la infancia y, sobre todo, de la adolescencia de mi mamá. Ella siempre ha sido una persona muy comunicativa con su vida y su pasado. Eso a mí me generó un interés por hacerle más preguntas acerca de quién era ella antes de que yo naciera, en pocas palabras”.

“Siempre contamos las historias por quiénes son sus protagonistas y no por quiénes son sus testigos”

—La obra nace a partir de recuerdos de la infancia de tu madre. ¿Qué fue lo que encontraste en esas historias que te hizo pensar que ahí había una obra de teatro?

—Ella era la hija de la nana, siempre socialmente vivió con esa vergüenza de no invitar a su casa, a sus amigos, porque ella vivió en una casa que no era suya, sino que vivía en la casa de los patrones, donde mi abuela trabajaba. Y siempre que me hablaba de esa familia, me parecía muy interesante esta idea de que eran como su familia.

A mí esas cosas me parecían muy interesantes, desde que contamos una historia, desde qué perspectiva vienen. En general, siempre contamos las historias por quiénes son sus protagonistas y no por quiénes son sus testigos. Y yo sentía que mi mamá siempre fue una testigo de esa casa, una testigo de su propia vida. Y contar la historia desde una niña de 13 años que no entiende muy bien lo que pasa, escuchó muchas cosas que no entendió, escuchó ruido de metralletas, de tanques, de helicóptero, y vivía con una familia que estaba del lado de la derecha de la historia. A mí me parecía muy interesante y muy teatral contar la historia desde esta perspectiva de la hija de la nana, que escucha conversaciones detrás de las puertas, que hoy en día, recién mi mamá entiende todo lo que vivió en ese momento, todo lo que escuchó y que no entendió.

—¿Cómo fue el proceso de transformar una historia tan íntima y familiar en un relato que pudiera ser compartido por todo el elenco y también por el público?

—Cuando empecé a trabajar la obra con el equipo, primero partimos, cada uno acercándonos a nuestras propias historias de infancia, de colegio. (…) Un poco para empatizar y conectarnos más con la historia de esta niña.

Siento que es una historia muy universal, porque no habla políticamente de la dictadura, habla de cómo un contexto político afecta a una niña que no tiene nada que ver con política. Pero aun así, que todo su mundo cambie, que le escondan información, la afecta hasta el día de hoy. Por eso también tiene muchos de las canciones de la época, los códigos del colegio, que, en un sentido, todos podemos conectar con una historia tan cotidiana y tan humana y familiar, situada en una época que marcó a Chile.

Daniela López y la historia detrás de su obra: “Poco y nada nos suelen interesar los que no son los protagonistas de la historia”

—Qué te interesaba explorar a través de esa mirada infantil sobre las diferencias sociales y el Chile de los años 70?

—Creo que nadie piensa en las personas que trabajan en las casas y menos en sus hijos. Entonces el hecho de ser testigo de una historia, de una familia, de una casa que no te pertenece, a mí me parece muy interesante. Y también considerar este velo político tan importante que había en esa época, donde toda esta familia es de derecha y personas acomodadas. Marcar esa diferencia de quien, antes del golpe, era la que hacía la fila del pan, la que se quedaba hasta tarde lavando los platos. De quiénes son los que recibían y no recibían regalos. Es parte de esa cotidianidad que me parecía muy interesante presentar en la obra. Porque poco y nada nos suelen interesar los que no son los protagonistas de la historia.

También desde esa mirada infantil me parecía muy interesante. Niños que viven en un contexto político crudo, y que no entienden qué es lo que está pasando. Se ven afectados por cosas más cotidianas. Por ejemplo, la obra, Mariela menciona que cambiaron a todos sus profes del colegio, al director del colegio, que ahora son todos militares. Que, como están en un barrio cerca del Estadio Nacional, siempre está el sonido de los tanques, de los helicópteros que tiemblan en el suelo. Lo relaciono cuando uno va al museo de la memoria y ve los dibujos que hacían los niños en esa época. Son cosas que no deberían estar viviendo las infancias, que no debieron haber vivido esa época tan cruda.

—La memoria aparece como uno de los ejes de la obra, especialmente porque parte de recuerdos y relatos fragmentados. ¿Qué lugar ocupa la imaginación de Mariela en la manera en que reconstruye o enfrenta lo que está viviendo?

—Todo desde el principio fue un poco fragmentado. Eso me dio una libertad de rellenar los testimonios, rellenar la historia de lo que ella no me contó, la información que yo tengo de esa época, la información que ella también tenía. Por ese lado también nos dimos la libertad de ficcionar ciertas cosas de la historia, que seguramente fueron así, pero mi mamá no las recuerda. O en ese momento, con 13 años, no las entendió, y ahora sí las podemos entender.

Entonces, por un lado, existe mi ficción como autora de la obra respecto a las mismas cosas que ella me contó. Y por otro lado, también Mariela usa su imaginación como una vía de escape a todo lo que está pasando. Ella tiene un amigo, que es como su novio, su pololito, que, nunca sabemos si él está realmente o se lo está imaginando. (…) Por eso también el eje central de la obra, en ese sentido, es cómo la imaginación es un salvavidas para los niños y los adolescentes en esa época.

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