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30 de Septiembre de 2026“Parecen tan perfectas que carecen del realismo humano”: Diseñadores explican por qué los afiches hecho con IA terminan viéndose todos iguales
El problema del afiche publicitario o cultural no es solo estético, sino funcional. La función primordial de un cartel es comunicar una identidad única y destacar en el entorno y eso se dificulta cuando el estilo de una banda punk es el mismo que el de una feria del libro.
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“Completos 2×1 más bebida…”, “Promo de manicure más pedicure” o “Amarres retorno de caminos y lectura de tarot” son solo algunos de los afiches que se pueden encontrar caminando por cualquier calle de Chile. ¿El problema? Todos los afiches tienen la misma estética y estructura realizada por la Inteligencia Artificial (IA).
Y no se trata solo de afiches pegados en las paredes de la gran ciudad, también son creaciones que se pueden encontrar al hacer scroll en cualquier red social, sobre todo en Instagram donde se promociona distintos eventos, a veces municipales, o hasta festivales de música. Nadie se salva de esos trazos perfectos.
Si bien los afiches —en contenido— no tienen nada en común, en la práctica son imágenes que parecen salidas de la misma fábrica visual. Pieles satinadas, iluminación cinemática volométrica, paletas cromáticas neón o pasteles hiperviscosos, y una perfección simétrica que resulta extrañamente estéril.
La Inteligencia Artificial generativa llegaba con la promesa romper las barreras de la creación gráfica. Bastaba con teclear un par de palabras para obtener piezas visuales dignas de una superproducción. Sin embargo, a medida que la tecnología se masifica, salió a la luz su paradoja más evidente: en lugar de multiplicar la creatividad, homogeneizó el paisaje visual.
Identificando a las criaturas de la IA
Para César Domínguez, académico de la Escuela de Diseño de la Universidad Mayor, identificar un afiche creado con Inteligencia Artificial es relativamente fácil. “Gran parte de estas señales provienen de anomalías visuales de alta frecuencia, que generan textos extraños dentro de la imagen. Manos, dedos o extremidades anómalas, detalles incoherentes o mal terminados en las formas, sombras que contradicen las leyes de la iluminación o, incluso, geometrías imposibles de replicar en la naturaleza”.
“Una buena forma de analizar estas piezas gráficas para identificar si son realizadas por IA, sería mirarlas en la siguiente secuencia buscando anomalías visuales: primero textos, manos y rostros; Luego geometrías, sombras y reflejos para terminar en los patrones y detalles”, añade.
Domínguez asegura que —a su juicio— ya “estamos viendo un patrón claro de piezas gráficas y publicitarias que se ven absolutamente genéricas, neutras y descargadas de una identidad clara. Cada vez resulta más frecuente encontrarse con piezas gráficas que se ven plásticas y descargadas de vida, que podrían funcionar formalmente para cualquier tipo de producto o servicio”.
“Pareciera que ya no importa si la empresa vende zapatos, comida para gatos o un servicio de atención médica, pues la estructura es la misma. Asimismo, pareciera que tampoco importa el mensaje ni el usuario a quien está dirigido: el estilo visual, la composición y la imagen son prácticamente indiferenciadas, presentando un discurso visual absolutamente contrario al interés estratégico de las empresas: diferenciarse y posicionarse en la mente de sus clientes y usuarios como la marca que mejor los entiende”, critica el diseñador.
En todos lados. Los odio, es demasiada información visual. https://t.co/pn2qK3UXdQ pic.twitter.com/5DhMOBp5oV
— LeJorgito (@LeJorgitoCL) July 1, 2026
La inteligencia del humano
El académico también indica que “las imágenes generadas por IA tienden a configurar un estándar de belleza basado en lo que se considera estadísticamente atractivo en internet, desarrollando un canon estético que se caracteriza por la generación de imágenes tan parecidas entre sí, y que parecen tan perfectas que carecen del realismo humano natural“.
“Iluminación cinematográfica, modelos perfectos, casi ilustrados, composición central, profundidad de campo, alto contraste, superficies impecables, detalle en cada cabello, etc. son parte de una estética digital que contribuye a configurar un nuevo estándar de belleza que se separa cada vez más de la belleza natural. Por su parte, la utilización de prompts de interés común entre usuarios para lograr visualidades que están de moda, culminan generando una estética absolutamente estandarizada donde cuesta diferenciar marcas, productos, servicios y mensajes, ya que todos parecen nacer de la misma base estética“, lamenta.
Domínguez también rescata que “el surgimiento y auge de la IA promueve un cambio importante de foco en el rol del diseñador. Antiguamente el diseñador tenía una ventaja importante en ámbitos de capacidad técnica y dominio de herramientas tecnológicas para la producción visual frente a otros profesionales. Hoy, gran parte de estas capacidades las reemplaza la IA, constituyéndose en una herramienta clave para acelerar los procesos productivos del diseño y generación de piezas gráficas. Sin embargo, esto en ningún caso significa la desaparición del diseñador como profesional, sino que desplaza su valor hacia un rol más estratégico de la disciplina, siendo clave en procesos de toma de decisiones, conceptualización, dirección de arte, curadoría, construcción de identidad, definiciones estratégicas y desarrollo de empatía, entre otros“.
“Por último, la historia nos ha demostrado en sus procesos de evolución que es muy probable que el auge de la IA nos lleve pronto a la generación de nuevas tendencias donde la autenticidad puede convertirse en un atributo clave del diseño del futuro”, indicó.


