El “cazafantasmas” de Providencia: el hombre que recorre las ciclovías aspirando el polvillo de los plátanos orientales
Cada primavera, mientras miles de plátanos orientales convierten Providencia en un campo minado para los alérgicos, Alfredo Arancibia sale a buscar lo que dejan caer. Tiene 57 años, también sufre alergia y recorre las ciclovías con una enorme aspiradora eléctrica que lo hace parecer un cazafantasmas. Antes hacía la misma pega con escoba, mascarilla y antiparras; hoy puede retirar seis o siete bolsas diarias cargadas de polen y semillas, esquiva ciclistas –y alguno que otro insulto– y asegura que la máquina hizo algo más que facilitarle el trabajo: "me trajo dignidad".
Por Sebastián Palma 3 de Octubre de 2026
Compartir
Alfredo Arancibia, de 57 años, recorre las ciclovías de Providencia con una aspiradora eléctrica llamada Glutton para retirar el polvillo, polen y semillas que dejan los plátanos orientales. Antes barría con escoba; ahora dice que la máquina le facilitó el trabajo, reduce su alergia y "me trajo dignidad".
- Alfredo Arancibia aspira polvillo y polen en ciclovías de Providencia.
- Usa una Glutton, aspiradora urbana eléctrica creada en Bélgica.
- Antes trabajaba con escoba; ahora dice que hay menos alergia y más rapidez.
- En temporada de polen retira unas 6 o 7 bolsas diarias; con hojas, 15 a 20.
- Asegura que la máquina mejoró sus condiciones y le dio "dignidad".
El artículo cuenta el trabajo de Alfredo Arancibia en Providencia, donde recorre ciclovías con una aspiradora urbana para recoger el polvillo, polen y semillas de los plátanos orientales. La nota destaca cómo cambió su labor desde que dejó la escoba y cómo la máquina le alivió la alergia y mejoró sus condiciones.
No son ni las dos de la tarde y estoy acostado, derrotado, sobre el pasto. Sobre mi cabeza hay un plátano oriental.
Árbol maldito.
Hace menos de un mes probablemente no habría podido hacer esto. Soy alérgico. Pero no de esos alérgicos que estornudan tres veces, dicen y siguen con su vida. Cuando comienza esta época del año, al levantarme tengo una pequeña rutina farmacológica: gotas para los ojos, un puff nasal, una pastilla y un inhalador porque prácticamente me da asma.
Por eso, cuando vi a Alfredo, andando en bicicleta por una ciclovía, pensé que quizás estaba frente al hombre que todos los alérgicos de Santiago querrían tener cerca.
Alfredo usa zapatos de seguridad, pantalones oscuros y una chaqueta amarillo fluorescente. Sobre la cabeza lleva un jockey y, entre las manos, sostiene una manguera negra enorme. A su espalda hay una máquina blanca de tres ruedas, con una baliza naranja en el techo y un nombre escrito en grandes letras azules:
Glutton.
Parece un cazafantasmas.
Solo que Alfredo no caza fantasmas.
Caza polvillo. El hombre de la aspiradora día a día aspira el polvillo que cada primavera emanan los plátanos orientales. Esos enemigo mortales que tenemos los alérgicos.

El orgulloso Alfredo “el cazafantasmas” del polen
Hasta hace un año, Alfredo Arancibia barría Providencia. Llevaba cuatro años haciendolo en la calle. Entonces le pasaron la máquina. La Glutton es una especie de aspiradora urbana. Es eléctrica, autopropulsada y fue creada en Bélgica para recoger los desperdicios que van quedando en las ciudades.
Colillas, papeles, latas, botellas, hojas. Tiene un depósito de 240 litros y, dependiendo de su configuración, puede alcanzar varias horas de autonomía. El fabricante dice que fue pensada precisamente para transformar el trabajo del barrendero tradicional. Hacerles la vida más fácil
Eso fue exactamente lo que ocurrió con Alfredo. Dejó la escoba y tomó la aspiradora.
Ahora avanza con ella por las veredas y, especialmente, por las ciclovías de Providencia. La máquina lo sigue. Cuando encuentra algo en el suelo, Alfredo acerca el tubo y la Glutton se lo traga. Durante buena parte del año son residuos comunes. Pero cuando llega septiembre comienza su trabajo cambia. Los plátanos orientales despiertan.
En Providencia hay actualmente 51 mil árboles. El alcalde Jaime Bellolio dice que, además de hermosear los barrios y ayudar a reducir las islas de calor durante el verano, en esta época muchos de ellos traen un problema: el polen.
“Para mitigar esto y reducir las alergias primaverales, implementamos un innovador sistema a través del cual nuestros equipos de aseo barren diariamente las calles y veredas, con el apoyo de tecnología, y recogen el polvo y los alérgenos”, me cuenta Bellolio.
El sistema incluye un camión de barrido mecanizado que aspira y humedece los residuos en los sectores de mayor tránsito. Y también cuatro aspiradoras eléctricas como la de Alfredo, destinadas a los ejes comerciales.
El objetivo, explica el alcalde, es sencillo: “evitar que el polen se levante en exceso”.

Son también parte de su postal. En la Avenida Pedro de Valdivia, por ejemplo, los llenan de luces para navidad. A esa altura del año no provocan tanta alergia y se ven tan lindos que los alérgicos terminamos reconciliándonos con estos árboles enormes de troncos claros y manchados y de copas que durante el verano convierten algunas veredas en túneles verdes.
Pero antes de Navidad son un enemigo. El Museo Nacional de Historia Natural lo incluye entre los árboles cuyo polen puede provocar síntomas respiratorios en personas sensibilizadas. Ojos rojos. Picazón. Congestión. Estornudos.
Ahí aparece Alfredo. Una batalla que vuelve cada mañana y que tiene algo de Sísifo, el personaje mitológico famoso por empujar una piedra cuesta arriba para que luego vuelva a caer eternamente.
—¿Qué es lo que más estás aspirando en esta época?
—En estos momentos prácticamente es puro polen y semilla del árbol. Ahora las bolsas se sacan menos de la mitad porque es muy pesado el polen y el polvo. Entonces, para que no le quede muy pesado al que lleva la bolsa, solamente se deja en menos de la mitad. En un día serán unas seis, siete bolsas. En el tiempo de hoja, no: ahí se sacan entre 15 y 20 bolsas por ciclovía.

—¿Y qué ciclovías haces tú?
—Depende del día. Por ejemplo, hago Eliodoro Yáñez, Lyon, Suecia, Miguel Claro. Yo soy el que mantiene la ciclovía. En la mañana a mí me dejan en una ciclovía y la máquina después se la llevan cuando termino.
—Antes de que llegara la Glutton, ¿cómo hacías esta misma pega?
—Lo mismo, ciclovía, pero con un tacho. Claro, así mismo. Y he notado diferencia. Una es la rapidez, menos alergia, aunque igual tengo, pero menos. Y no andar con el ruido, por ejemplo. Los ciclistas se molestan menos porque es menos el espacio que tienen. Antes, como era barrer, prácticamente tenía que andar con mascarilla y con antiparra.
—¿Tú también eres alérgico?
—Sí. Uno siente nomás que la tiene. Más de mañana. Mira, en la tarde, o sea, al mediodía ya no hay nada. Pero antes, con la mascarilla y la antiparra, uno transpira mucho y el mismo polvo se va pegando en la cara, que es peor. Ahora ya no se levanta polvo. No se ve prácticamente hasta que uno saca la bolsa
—¿La máquina es difícil de manejar? Porque se ve enorme.
—No. La historia de la máquina es buena porque se hizo en Bélgica. El creador trató de que fuera el menor esfuerzo posible para el trabajador. Tiene un acelerador y con un dedo se puede manejar. No se tira. Cuando dijeron que iban a llegar y que yo iba a ocupar una, yo la busqué para saber.
—¿Y qué decía la gente cuando empezaste a aparecer con esto por Providencia?
—De primera le sacaban fotos porque decían que era moderna. Primero no sabían qué era. Y uno les explicaba que era una aspiradora, que no metía bulla, que era más práctica. Llama bastante la atención. Mucho más que cuando uno barre. Incluso una señora brasileña preguntó los datos, todo. No sé qué es lo que es de Brasil, pero la quería llevar allá. Estábamos en Los Leones y empezó a preguntar.
—¿Los ciclistas ya te conocen?
—Sí. Aquí en la ciclovía varias personas ya me conocen. Hay buenas personas que saludan, que paran a conversar incluso. Pero, por ejemplo, en Miguel Claro, como es doble vía, ahí hay sus garabatos.
—¿Te insultan?
—Sí. Uno lo entiende en realidad porque le está obstruyendo el tránsito y la dirección. Pero a ellos nada les cuesta perder, ¿cuánto?, uno o dos segundos en disminuir la velocidad y seguir. Pero ya con el tiempo se acostumbraron. Texto pegado
—¿Y tú qué haces cuando te tiran un garabato?
—Ahora tiendo a usar audífonos. Me acostumbré, evitando los garabatos que a uno le tiran. Porque primero igual uno contesta, porque, claro… Pero después ya no. Audífonos nomás. Y la vista sí, siempre mirando hacia atrás, pendiente de que no venga un ciclista.
—¿Qué escuchas mientras trabajas?
—Toda la música romántica. Por ejemplo, la semana pasada andaba escuchando esos corridos mexicanos que salieron nuevos. Yo tengo la gracia de que escuché la música de mi papá y escuché la música de mi hijo.
—¿Cuántos hijos tienes?
—Seis. Una hija y cinco hijos.

—¿Y esta pega ha influido en tu familia?
—Nos salvó para la pandemia. Yo trabajé en la pandemia de noche acá. Afortunadamente me quedaba uno estudiando. El penúltimo estudió Ingeniería Comercial y salió. Está súper bien. Incluso ahora hace poco llegó de Argentina. Tiene que viajar tres, cuatro veces al año por el trabajo.
—¿Antes eras barrendero te costaba más?
—Es que, como le decía, de primera claro, da vergüenza y todo eso. Pero cuando uno se da cuenta de que muchas veces pasa inadvertido, se va la vergüenza. Básicamente, barriendo, muchas personas barren en el día y nadie las saluda. Aquí en la ciclovía ya varias personas me conocen.
—¿Esta pega con la máquina te causa orgullo?
—Sí. O sea, todas las pegas… yo he buscado, bueno. Pero esta con la máquina como que le da más dignidad al trabajador también, porque ya no está tragando ese polvo, por ejemplo.
—Mejoraron las condiciones.
—Claro. Mejoraron las condiciones de trabajo. Eso. Hasta más la dignidad.
Alfredo vuelve a mirar el suelo. Hay polvillo acumulado incluso en las pequeñas rendijas de la ciclovía.
Después sigue caminando. En los audífonos seguirán sonando los corridos que les mostró sus hijos. Sobre su cabeza siguen los plátanos orientales. Luego encenderá nuevamente la Glutton, tomará la enorme manguera con una mano y continuará por la ciclovía vestido de amarillo fluorescente.
A la distancia vuelve a parecer un cazafantasmas.



