Opinión
10 de Octubre de 2026
Columna de Jaime Mañalich: Chile, primero de la clase… pero todavía no aprobado
Por Jaime Mañalich
Chile exhibe algunos de los mejores indicadores de salud de América Latina, pero enfrenta desafíos que van desde el alto gasto de bolsillo de las familias hasta la obesidad, el tabaquismo y el envejecimiento de la población. A partir de un informe de la OCDE, el BID y el Banco Mundial, el columnista Jaime Mañalich analiza los avances y las deudas del sistema sanitario chileno
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Conviene mirarse en el espejo de los vecinos. El informe Health at a Glance: Latin America and the Caribbean 2026, publicado por la OCDE, el BID y el Banco Mundial compara la salud de 33 países de la región. Para Chile, la imagen es halagadora; pero desafiante.
Con cerca de 81 años, compartimos con Costa Rica la esperanza de vida más alta de América Latina y el Caribe, muy por sobre el promedio regional de 74,6 años y casi a la par de la OCDE. Nuestra mortalidad infantil es menos de la mitad de la media regional; la mortalidad materna, es 10 por cada 100 mil nacidos vivos. Cayó 70% desde el 2000 e iguala a la de los países desarrollados. Tenemos la menor mortalidad por causas tratables de la región (62 muertes por 100 mil habitantes, frente a 130 en promedio), la tasa de embarazo adolescente más baja y somos el único país con acceso universal a saneamiento básico, en ciudades y zonas rurales.
El estudio reconoce además avances institucionales: Chile y Perú son los únicos con planes de calidad financiados y con metas medibles, y nuestro país publica el desempeño de los prestadores, mide la experiencia de los pacientes y vincula parte del pago a hospitales y atención primaria con resultados, a través de estrategias como Pagos Asociado a Diagnóstico y Garantía de Calidad AUGE.
Chile es el país que más gasta en salud por habitante en la región (US$ 4.003 en paridad de poder de compra) y el que más destina como porcentaje del PIB (10,5%), muy por sobre la OECD.
Sin embargo, una parte excesiva de ese gasto sale directamente del bolsillo de las familias: cerca del 38% del total, frente al 20% en la OCDE. Sumando seguros voluntarios, los hogares destinan más del 8% de su consumo a salud, una de las cargas más altas del continente. El GES va en la dirección correcta, pero no basta. El gasto de las familias en salud es fuertemente regresivo y exige reformas en la cobertura y en el acceso más eficiente a medicamentos genéricos de menor precio.
El otro frente son los hábitos. Las chilenas tienen la mayor prevalencia de tabaquismo de la región; la obesidad adulta y la diabetes superan el promedio latinoamericano, y nuestros adolescentes están entre los que más beben en exceso. La industria del tabaco, formal e informal afecta gravemente la salud de los chilenos. La depresión figura entre las más altas del continente. A ello se suma que, tras un infarto o un accidente cerebrovascular hemorrágico, la mortalidad durante la hospitalización supera el promedio OCDE, lo que significa que llegamos tarde. Nuestros registros clínicos siguen poco integrados, reduciendo eficacia y eficiencia. Viene el desafío mayor: el rápido envejecimiento.
Chile ya ganó la batalla de la cobertura y de los indicadores básicos. Lo próximo es proteger el bolsillo de las familias, prevenir las enfermedades crónicas y preparar al sistema para una sociedad que envejece. Ser el mejor del barrio no es lo mismo que estar a la altura de lo que necesitamos.



