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23 de Octubre de 2026

El peligro tras el mito del hogar tradicional: por qué las tradwifes “pueden seguir reproduciendo finalmente desigualdades de género”

El fenómeno de las ex tradwifes deja al descubierto una paradoja estructural: para triunfar vendiendo la sumisión doméstica en internet, se requiere ser una trabajadora independiente implacable, capaz de negociar contratos comerciales, dirigir grabaciones diarias y dominar los algoritmos.

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Durante bastante tiempo, los algoritmos de redes sociales mostraban la figura de una familia tradicional con la mujer en el centro, pero al mismo tiempo con un papel relegado en la sociedad. Casi como un acompañamiento bien arreglado. Vestidos como los que se usaban en los años cincuenta, panes de masa madre horneados desde cero y la promesa de una paz mental alcanzable únicamente si la mujer renunciaba al mercado laboral para someterse a la proveeduría masculina. 

Sin embargo, la fantasía duró poco. Finalmente, la estética terminó revelándose como una maquinaria comercial calculada al milímetro: nunca fueron amas de casa comunes, sino creadoras de contenido facturando millones. Algo así como lo que le ocurre a Natalie Heller Mills, protagonista del libro “Yesteryear”.

La caída del mito comenzó cuando sus rostros más emblemáticos tuvieron que admitir la distancia insalvable entre el libreto que presentaban en el mundo digital y sus vidas reales. En un podcast, Nara Smith afirmó que no es parte de ese movimiento e Internet construyó una identidad alrededor de ella basada en videos cortos de cocina que no reflejan su vida real.

A su vez, el idilio rural de Ballerina Farm quedó expuesto tras confirmarse que Hannah Neeleman no es una campesina autosuficiente ajena al capitalismo, sino una empresaria multimillonaria al frente de un imperio comercial y respaldada por capital corporativo. En el extremo más crudo de la desconexión entre la pantalla y la realidad, creadoras como Bernardine Barber terminaron en divorcio, enfrentando la desprotección patrimonial y habitacional que genera la dependencia económica absoluta una vez que el matrimonio se fractura.

¿La muerte de las tradwifes?

Beatriz Revuelta, directora de Sociología de la Universidad Central, explicó a The Clinic que “el formato de TikTok es un formato muy atractivo, sobre todo para las generaciones adolescentes, jóvenes. Por otro lado, las posturas ideológicas, las posturas de género van a permanecer y van a ir mutando. Creo que ninguno de los dos va a desaparecer o se va a agotar, sino que va a ir modificándose, va a ir mutando también”.

“Siempre va a haber posturas críticas respecto de este tipo de videos de TikTok que finalmente reproducen situaciones que no favorecen la participación de las mujeres en ningún caso. Efectivamente, la crítica ayuda a moderar, ayuda a limitar que este tipo de discursos que banalizan o colocan en una posición más superficial, o en un rol más tradicional, a las mujeres son posiciones que hoy uno podría dar por superadas. Entonces, ciertamente van siempre a estar expuestas a la crítica social”, añade.

Por otro lado, afirma que “la idea o modelo de un solo proveedor es una idea que, de algún modo, ha quedado desterrada con la participación de las mujeres en la vida social, en el trabajo también. Hay una realidad económica que no se puede desconocer. Hay hogares donde hay un solo ingreso y sabemos que en esos lugares la situación económica es difícil”. 

“El costo de la vida, la crianza de los hijos y sostener la vida cotidiana es complejo, por lo cual, esta idea del solo proveedor es insostenible para ciertos grupos sociales. También uno puede mirar alguna contradicción en esta idea del solo proveedor, muchas de estas influencer proveen una vida donde el hombre trabaja y la mujer se dedica al hogar, pero ellas mismas generan ingresos a través de las redes sociales. Entonces, uno podría decir que ellas tienen, en sus redes sociales, sus fuentes de ingreso por lo cual el discurso que reproducen es bien acotado y se ciñe a la realidad de ellas mismas. No es posible que otros grupos sociales lo puedan compartir”, destaca.

Desigualdad de género

A juicio de Revuelta, “estas ideas que siempre han existido, están cambiando la manera en que se presentan. No necesariamente vamos a ver a las mujeres vestidas con el delantal de los años 50, pero sí se reproducen en las redes un conjunto de disposiciones, de roles asociados a la maternidad, el bienestar, la vida saludable o incluso la búsqueda de una familia o una vida más tranquila que finalmente corre el riesgo de seguir planteando ideas que se han dado por superadas respecto de la participación de las mujeres”. 

“Lo interesante de estos discursos es que se presentan como una elección personal, pero pueden seguir reproduciendo finalmente desigualdades de género. Entonces, lo que cambia es la estética, pero no necesariamente los valores que están detrás. Es importante distinguir el elegir dedicarse al hogar, a los hijos, a la familia y plantear que ese debería ser el lugar de las mujeres en la sociedad. Ahí tendríamos una situación mucho más problemática”, recalca. 

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