Juan Carvajal: “El poder que tiene un Gobierno para comunicar es inmenso. Si usted no lo usa, entonces pierde”
A siete meses de haber dejado La Moneda, el exdirector de la Secom durante el primer gobierno de Michelle Bachelet y exasesor de Gabriel Boric analiza el desempeño comunicacional de la administración de José Antonio Kast. En conversación con The Clinic, cuestiona la ausencia de un diseño estratégico en el Ejecutivo, la distribución de funciones entre el Segundo Piso y la Secom, y la sobreexposición del Presidente. Además, reflexiona sobre la derrota electoral del progresismo, la crisis de ideas de la izquierda y el papel que podrían desempeñar Michelle Bachelet y Gabriel Boric en la reconstrucción de la oposición.
Por Rodrigo Córdova 25 de Octubre de 2026
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Juan Carvajal (PS), exdirector de la Secretaría de Comunicaciones durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, dejó La Moneda hace poco más de siete meses. No es que haya permanecido más de 15 años en Palacio. Lo que ocurrió fue que el expresidente Gabriel Boric también requirió sus servicios como asesor externo en la misma dependencia, luego de que estallara el Caso Convenios en 2023.
Hoy, alejado de la contingencia política, dice que aprovecha el tiempo para descansar, tocar y escuchar música —que atesora en una colección de más de 2.000 CD y 2.000 DVD— y seguir la política desde la posición de observador.
En un café de la comuna de Providencia, cuenta que su principal atención está puesta en la elaboración del informe de su taller de coyuntura, Punto y Aarte. Se trata de un análisis que realiza junto a nueve compañeros de distintas sensibilidades progresistas y que comparten con presidentes de partidos y dirigentes del arco opositor al gobierno. “Uno aún tiene la pretensión de influir”, confiesa medio entre risas a The Clinic.
Hace seis años que Carvajal está a cargo de la redacción de este informe, aunque durante su paso por La Moneda suspendió esa tarea y uno de sus compañeros tomó la posta. En ese período, continuó participando de las discusiones del taller, pero dejó la escritura en otras manos. Una vez que salió del gobierno, retomó la redacción.
El viernes, de hecho, fue despachada la edición número 146, que circula cada quince días. Esta vez, el documento aborda el momento que atraviesa el Gobierno de José Antonio Kast bajo el título “La tormenta perfecta”, con un análisis de la crisis del desempleo, la crisis climática y, a propósito de su especialidad, lo que considera una crisis comunicacional de la actual administración.
Si bien es crítico de la gestión del Gobierno durante estos siete meses y de su diseño comunicacional, también reconoce que la izquierda chilena, e incluso la de otras partes del mundo, enfrenta un desafío relevante: un déficit de ideas en el sector.
A ello suma la polarización, un fenómeno que, a su juicio, ha dificultado la reflexión política en general. En ese escenario, sostiene que “la realidad política de un país como Chile, el espacio natural que tiene para la estabilidad política y económica es uno que esté lo más cerca del centro que se expresa en la centro izquierda y en la centroderecha”.

—¿Sigue en contacto con personas del gobierno anterior, con el Presidente Boric?
—Sigo en contacto. Con quienes más he estado en contacto es con Carlos Durán, con Pablo Paredes, que está en Barcelona y con ambos intercambiamos ideas. Justo ahora tengo un almuerzo con otro integrante del Segundo Piso del Presidente Boric para hacer lo mismo.
—Ahora, con esta perspectiva, a los siete meses de haber dejado La Moneda, ¿cree que el gobierno de Boric fue un buen gobierno?
—Al gobierno de Boric hay que compararlo con datos. La economía quedó mucho mejor de lo que está la hoy día, con siete meses de gobierno de Kast. Hay que partir por ahí. Además, el haber instalado un Ministerio de Seguridad Pública y toda la campaña que se hizo por fortalecer el combate al narcotráfico y al crimen organizado tuvo un éxito bien importante, partiendo de la base de que el tema de la delincuencia y del narcotráfico no es algo que se resuelve de un día para otro y, para ser justos, tampoco lo va a poder resolver este gobierno.
—¿Entonces cuál es el problema?
—El problema está en que este gobierno dijo que lo iban a resolver. Es más, dijo que tenían los días contados. Entonces, uno tiene que analizar a las administraciones por lo que dicen y no por la comprensión que uno tenga del fenómeno.
—¿Por qué se perdió la elección presidencial que le entregó el poder a José Antonio Kast?
—Se perdió ya en la Convención Constitucional, por el impacto que eso tuvo en grandes sectores de la población. Se perdió también, indudablemente, porque hubo un desgaste de las ideas, se descohesionó lo que podríamos llamar el progresismo. Si a eso le agregamos factores internacionales, me parecía que lo más probable era que se perdiera la elección.
Cuando hubo el segundo proceso constitucional se abrió una ventana de esperanza de que se podía ganar la elección por parte del progresismo, pero la cosa igual no dio. En ese contexto, con situaciones como la de Nicaragua, como la de Venezuela, como la de Corea del Norte, con el mismo desgaste que ha tenido Cuba, al mundo de la izquierda y de la centroizquierda se le acabaron las ideas y la capacidad de tener un discurso y una narrativa que fuera comprensible para grandes sectores ciudadanos.
—En ese contexto, ¿fue inteligente instalar a una militante del Partido Comunista como la representante del progresismo chileno para esas elecciones?
—Lo que pasa es que uno tiene que ser consecuente con los procesos que crea. Si se crearon las primarias, Jeannette Jara ganó en buena ley y había que poner todos los esfuerzos para que fuera lo más competitiva posible. Ahora, yo tengo una gran impresión de Jeannette Jara, la apoyé mucho en todo lo que pude en su campaña, pero claro, este país parece que destierra más al comunismo que a la ultraderecha, curiosamente.

Carvajal: “El Gobierno no tiene un modelo, un diseño comunicacional en tiempos en que la comunicación es todo”
—¿Y cómo evalúa la actual administración?
—Le voy a decir el título del análisis coyuntural que hicimos, aunque aún no ha sido despachado: «La tormenta perfecta».
—¿Por qué?
—Porque hay una confluencia de problemas. Primero, de la naturaleza, de todos los temporales que hemos tenido. Segundo, una crisis económica que, lejos de contenerse, va en desarrollo, un proceso recesivo complejo. Un desempleo que alcanza niveles muy alarmantes y, en definitiva, bueno, si a eso le sumamos lo que está pasando con los fondos de pensiones y si le agregamos que el bastión y pilar del Gobierno era la seguridad, que lejos de resolverse se mantiene como estaba, las cosas que realmente son preocupantes.
—¿Pero es un mal gobierno?
—No solo ha sido un mal gobierno, sino que veo con preocupación, porque no es que me sienta contento. Le puede dar una visión súper concreta: vivimos hoy día, y hace años, que la realidad es que la comunicación es todo y este gobierno no tiene comunicación.
—¿En qué nota eso?
—Si la Presidenta Bachelet dio a entender que podría participar en una tercera campaña presidencial, eso no es sino el resultado de un gobierno que, a la visión de muchos analistas, ya terminó a siete meses. Porque todo lo que tenía que invertir, lo que tenía que hacer, no ha resultado, o con problemas, o con una muy baja perspectiva de que pueda tener un envión que le sea favorable. Si uno mira las encuestas, además, imagínense, la última dio un 25% de apoyo.
—Se ha hablado mucho de que el factor comunicacional es un problema para el Gobierno ¿Ve un problema ahí?
—Las críticas que veo sobre el desempeño comunicacional del Gobierno siempre son coyunturales. Es decir, que está mal la comunicación y que esto se arregla con un nuevo vocero. Ahora se nombró un nuevo subsecretario de la Segegob con la idea de que haga una vocería, pero toda esa lectura es, al fin y al cabo, coyuntural.
—¿Pero qué hay de fondo?
—Que el Gobierno no tiene un modelo, un diseño comunicacional en tiempos en que la comunicación es todo. No entender que el posicionamiento de una política, de un diseño de gestión o de cualquier iniciativa de un gobierno tiene que ser parte de un todo y que ese todo se debe expresar en cada una de las partes de lo que el Gobierno hace y dice, porque la comunicación no es solo lo que se dice, sino lo que se hace, lo que se proyecta, el cómo se presentan las cosas.
—¿Y cuál es el elemento principal de ese problema?
—A mi juicio se está produciendo un fenómeno de enclaustramiento del Gobierno. Voy a graficarlo en el Palacio. Tome en consideración cuántas veces hay ministros que salen a explicar sus políticas, cuántas veces hay respuestas del Gobierno o intervenciones que salgan a tiempo de las cosas, incluso en este temporal. Cuando la lectura de mucha gente es que en los temporales se ve la diferencia de clase, en vez de aparecer en Maipú, que hubo granizada, o en Talagante, o en San Bernardo, o en Puente Alto, que eran lugares que podían ser afectados por las quebradas, el ministro del Interior se fue a Las Condes.
Esas cosas comunican, esas cosas tienen contenido y a mí me hacen convencerme de que este Gobierno, uno, no tiene diseño comunicacional global y, dos, no le importa no tenerlo, que es lo peor. Y aquí concluyo: para este gobierno lo más importante es la ideología. Pero ¿cuál es el fenómeno interesante por lo que le acabo de decir? Que al enclaustrarse el Gobierno, cuando usted quita a un actor, un fenómeno, un elemento de la cuestión social, necesariamente se crea un vacío, pero otro lo reemplaza.
—¿Y quién lo reemplaza?
—El poder local. Ahora estamos con los alcaldes jugando un rol protagónico, los medios de comunicación preocupándose de lo que piensan los alcaldes, de lo que van a hacer los alcaldes, porque además el Parlamento también está enclaustrado entre medio de todas estas discusiones.
La política está encerrada y, entre tanto, los alcaldes están jugando un protagonismo fundamental para resolver los problemas ciudadanos con la ciudadanía y, déjeme decirle, encuentro que eso es maravilloso, al fin y al cabo, al futuro de lo que necesita un país como Chile. Es muy bueno que esos liderazgos empiecen a expresarse y encuentren un momento y un lugar donde puedan hacerse sentir.

“En realidad, Cristián Valenzuela es director de la Secom”
—¿Pero la llegada de un vocero como Gonzalo Arenas no es una buena noticia para, como dice usted, “sacar del claustro” al Gobierno?
—No, porque el tema no es salir con alguien que hable bien, con alguien que sea coherente y asertivo. El tema es en qué contexto me muevo, con qué ideas me muevo, hacia dónde apunto y, en ese contexto, cuándo hago vocería, de qué hago vocería, qué hay que planear. Es una tarea global y diaria y es de evaluación diaria.
Eso no existe ya definitivamente en el Gobierno. Lo que pasó con Mara Sedini tiene una mirada que es coyuntural: si era buena o mala vocera, pero también tiene una mirada global.
—¿Qué le parece la innovación de este Gobierno con la vocería que depende del Segundo Piso, con Cristián Valenzuela, y, por otro lado, la Secom?
—Le voy a decir algo muy cómico. En realidad, Cristian Valenzuela es director de la Secom, finalmente. Uno no puede dividir las comunicaciones de un tipo arriba y de otro tipo abajo, a no ser que uno sienta que la Secom es una fábrica de salchichas. La cantidad de funcionarios que tiene no se justificaría, se justifica en tanto que es una maquinaria muy poderosa que permite una información, pero cotidiana, en el momento preciso, que permite la posibilidad de respuesta, que tiene elementos que entregan municiones, digamos, cotidianamente para responder bien y hacer bien las cosas. Por lo tanto, creo que desde allí lo que usted menciona es una muestra más del error que cometieron desde un inicio.
—Pero eso sí existe.
—Existe, pero si usted mismo está diciéndome que se encarga de la vocería, eso significa que se encarga de lo que se dice, no se encarga de lo que se hace, no se encarga de planificar cosas que apunten a temas sensibles. Si el tema es que se equivocaron con los computadores en los colegios, ¿qué se hace para modificar esa idea? ¿Solo se habla? Si solo se habla, esta acción del Gobierno se junta contra las acciones de otros diez o 20 que hablan en contra y los gobiernos tienen que enfrentar eso.
El poder que tiene un gobierno para comunicar es inmenso. Si usted no lo usa, entonces pierde. Por eso que el Gobierno está en donde está y por eso que a siete meses de gestión está en las condiciones que está. Los personajes que funcionan allí como los decisivos en materia de generación de ideas no creen en las comunicaciones y no entienden de comunicaciones.
—¿Cómo evalúa el trabajo de Felipe Costabal como director de la Secom?
—Lo que pasa es que no quiero ser injusto, yo creo que a él lo pusieron en un rol en que no tiene ninguna posibilidad de ejercer una dimensión distinta de su cargo. Pero además me llama la atención porque, según entiendo, él es publicista y no tengo nada contra los publicistas, pero la dimensión de dirigir el ámbito de las comunicaciones no es solo entender cómo hago producciones, sino entender cómo enfoco en términos globales la comunicación de un gobierno y cómo se expresa eso en distintos actores. Cómo se ordenan las vocerías de los ministros, por ejemplo. Aquí cualquiera habla.
“Este es un gobierno prisionero de la campaña”
—¿Qué le parece el esquema de La Moneda con un biministro del Interior y de Segegob y un subsecretario para cada cartera? ¿Cree que hay una resistencia a instalar a un ministro de la Segegob?
—Es que este es un gobierno prisionero de la campaña. Cuando la oposición se opone a Kast y el Gobierno dice que no se hace ninguna propuesta, le quiero recordar que Republicanos se opuso durante los cuatro años del gobierno de Boric a todo lo que se planteó.
—¿Usted coincide en que el Presidente Kast es el vocero de Gobierno?
—Es una cuestión de estadística. Si uno se da cuenta, hubo un tiempo que estuvo dando entrevistas en todas las radios. Uno puede hacer lo que quiera en realidad cuando está en el Gobierno. Ahora, si me pregunta a mí si eso es prudente, le digo que es muy imprudente porque…
—¿Qué riesgo tiene?
—El principal riesgo es que el Presidente es lo último que uno toca, es lo primero que resguarda frente a toda situación. Si usted pone al Presidente haciendo todo eso, se desgasta. A siete meses tiene 25% de apoyo ya en una encuesta, entonces es un error profundo, simplemente.

“Hay que cambiar las ideas porque la reconexión con la base requiere de que lo que se diga sea interpretado como lo esperable por parte de la ciudadanía”
—En su última entrevista usted dijo que este gobierno asumió con algo similar a lo que vivió el primer momento de Boric: la falta de experiencia y, segundo, su arrogancia. ¿Sostiene eso todavía?
—Sí, pero no es solo el de Boric, también al primer gobierno de Piñera le pasó lo mismo. Llegó una generación al gobierno que no había estado nunca en un gobierno. Pensaban que lo iban a hacer todo muy rápido y con eficiencia porque los demás eran ineficientes. Creo que ocurre eso y, efectivamente, el Frente Amplio pagó el costo de tener grandes ideas, de tener ambición de poder, de pensar que las cosas se pueden hacer de una manera más ágil.
Llegó al gobierno y se dio cuenta de que los gobiernos son los gobiernos, que las leyes son las leyes, que las dificultades que hay para avanzar son las que existen. Y, bueno, supo enmendar, esa es la diferencia.
—¿Cree que hay una autocrítica que el expresidente Boric no ha hecho todavía?
—Acabo de leer en la mañana que el presidente Boric llamó a que la izquierda tenga una autocrítica mayor.
—¿Y hacia dónde tiene que apuntar?
—A ver, es que no es un problema solo del Frente Amplio, es de la izquierda chilena y de la izquierda mundial, que hoy día tiene que hacerse una autocrítica que es más que eso. Tiene que hacer una reflexión profunda de cuáles son sus ideas y revalorar aquellas cosas que son convicciones profundas.
—¿Y cuáles son esas convicciones?
—Más que nunca me convenzo de que los principios de la democracia son básicos de tener en cualquier proyecto de sociedad que uno tenga. Cuando uno afecta a la democracia, afecta el respeto a los derechos humanos, afecta la capacidad de escucha que debe tener un partido, una organización, sobre lo que quiere. Y las transformaciones profundas estamos obligados a hacerlas en democracia y con mayorías.
—Algo que se ha destacado desde la propia izquierda es la capacidad que ha tenido la derecha de ser oposición, de hacer campaña y utilizar el ambiente digital. ¿A la oposición le ha faltado aprender de eso?
—Lo veo un poquito distinto. Yo creo que la izquierda, eso lo vivía además desde mi especialidad, aprendió muy rápido y de buena forma los elementos de la comunicación moderna. Por algo las campañas presidenciales fueron exitosas, totales, y me costó y me tocó conversar con gente de la derecha destacada que se veía muy desesperada porque veían que en nuestro mundo había una capacidad que ellos no tenían ni sabían cómo hacerlo.
Y, de hecho, algunos de los publicistas que trabajaron por el progresismo terminaron trabajando también en campañas de la derecha. Por lo tanto, yo diría que no es ese el déficit que ha tenido la izquierda.
—Pero la izquierda sí ha tenido un déficit en los años siguientes.
—El déficit son las ideas. Hay que cambiar las ideas porque la reconexión con la base requiere de que lo que se diga sea interpretado como lo esperable por parte de la ciudadanía. Eso tuvo un quiebre que no tiene reemplazo. Ahí está el problema. ¿Cómo le explica usted que nosotros queremos democracia, más amplitud y todo, más diálogo y, al mismo tiempo, no tenemos claridad sobre lo que pasa en Venezuela o lo que pasaba en Venezuela?
—Desde el Partido Comunista, en particular la exministra Vallejo, se ha dicho que, para frenar el avance de la derecha extrema, la centroderecha tiene que poner un cerco sanitario. ¿No vale lo mismo para la centroizquierda con el Partido Comunista, que está más a la izquierda?
—No hablaría de cerco sanitario. Lo que yo creo que tiene que pasar es que se vayan imponiendo, sobre la base de los acuerdos, de los diálogos, determinadas posturas que terminen en unas propuestas sólidas. Y eso, usted me está hablando de algo que además es una realidad. Mire lo que pasa. Otro de los problemas que tiene el gobierno actual es la diferencia interna que tiene por la derecha y por la centroderecha. Son ellos los que no han logrado resolver el problema.

Bachelet, Boric y la unidad de la oposición
—¿Cómo ve la llegada de Bachelet a la política nacional, a la política coyuntural? También en dupla con el Presidente Boric.
—Se necesitaba que el prestigio, la capacidad y el cariño que tiene además la presidenta Bachelet de parte de la ciudadanía se hicieran presentes, porque eso de por sí es un factor, hablando de lo comunicacional. No solo lo que se dice, su sola presencia ya es una convocatoria a grandes sectores y genera la sensación de que se está en otra etapa. Y yo creo que eso lo logró totalmente.
—El vocero Arenas sostuvo que los comentarios que hacen Bachelet y Boric respecto a la política nacional desvirtúan la figura de los expresidentes. Argumentó que estos deberían estar por sobre el debate coyuntural porque representan a todos los chilenos.
—Es que es una manera muy tramposa de entender a un expresidente. Porque ellos siguen siendo personajes que piensan, que tienen posturas políticas, que militan en partidos y, en caso contrario, tienen ideas. No solo tienen el deber, sino que el derecho de tener opiniones sobre lo que pasa en el país.
Con esa idea que dice el, entre comillas, vocero hoy día, el Gobierno debería haber apoyado la candidatura de la presidenta Bachelet a las Naciones Unidas, porque era una cosa de Estado, no había que poner diferencias al respecto, y el Presidente Kast actuó exactamente en el sentido contrario de lo que dicen.
—La oposición ha intentado instalar esta idea de la unidad en la diversidad, pero el Socialismo Democrático protagonizó un quiebre tras la remoción del senador Araya de la Comisión de Constitución del Senado. ¿Cree que fue una falta a esa idea que se ha intentado instalar?
—Se está en un proceso de ajustes y no es el primer problema que tiene el senador Araya con su propio partido. No es el PPD el que está en contradicción con el PS, es el senador Araya el que tiene una perspectiva distinta de su rol y de lo que está haciendo y de lo que está acordando. De manera que en el proceso de construcción de unidad van a existir estas cosas.
Si eso implica que alguien se sale, que toma otra decisión, que se cambia de partido, yo creo que es parte de la normalidad de lo que tiene que ocurrir. El ajuste de las piezas es como cuando usted hace un ajuste de motor porque el auto ya no le está funcionando bien.



