Carta a la directora: Enade y el sector forestal
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En el reciente ENADE 2026, la presentación del exministro Juan Carlos Jobet sobre el Estudio Zero (SEDE-UAI) dejó una certeza contundente: el sector forestal es una de las industrias estratégicas con mayor potencial de progreso para Chile. Según el informe, con reformas, inversión y acuerdos territoriales, el valor agregado del sector podría saltar de US$5.000 millones a más de US$8.000 millones anuales al 2050. La oportunidad es real y coincide con las proyecciones de la FAO, que anticipa un alza del 37% en la demanda global de productos forestales. El mundo requerirá más madera, no menos.
Frente a este escenario, la paradoja chilena es evidente: ¿por qué cuesta tanto apoyar a un sector con un futuro tan claro?
La respuesta reside en un cuestionamiento a su legitimidad que ignora los profundos cambios implementados por la industria en las últimas décadas, insistiendo en que los impactos ambientales son intrínsecos e imposibles de gestionar. El Estudio Zero derriba esta falsa dicotomía al plantear una meta que no solo contempla sumar un millón de hectáreas plantadas y reducir un 30% las pérdidas por incendios, sino también incorporar el manejo sustentable de 700 mil hectáreas de renovables de bosque nativo. Cabe preguntarse si quienes descalifican a priori la actividad también se opondrán a esta vía de desarrollo basada en nuestros propios recursos nativos.
La experiencia global demuestra que este dilema está superado. Referentes indiscutidos en estándares ambientales como Canadá, Suecia o Finlandia basan gran parte de sus economías en sus bosques sin que nadie ponga en duda su legitimidad. Producir y conservar con altos estándares no son objetivos incompatibles.
El Estudio Zero nos recuerda que el principal freno del sector forestal chileno no es técnico ni de mercado, sino el lastre de un relato que entiende el desarrollo productivo como una amenaza al medioambiente. Es momento de superar ese prejuicio y entender que la actividad económica basada en recursos naturales es, precisamente, la palanca indispensable para asegurar el bienestar social y ambiental de Chile.

