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Editorial 8 de Noviembre de 2026

Editorial / Thanksgiving chileno: El lunes también somos familia

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Este domingo 8 de noviembre se celebra en Chile por primera vez el Día Nacional del Encuentro Familiar. Sin embargo, el lunes tenemos que volver a organizar quién cuida a los niños, cómo pagar las cuentas y qué hacer ante el desempleo. Esa distancia entre la celebración y la vida cotidiana explica el revuelo que provocó la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf, al describir el evento como “una suerte de Thanksgiving chileno”. La frase expuso la brecha entre el Gobierno y vivencia de las personas.

La escena ocurrió en una reunión con creadores de contenido convocados para conocer la iniciativa, la que fue filtrada por una de las asistentes que preguntó cómo se vinculaba esa jornada con las dificultades de la crianza, el endeudamiento, la inseguridad y la falta de redes de apoyo. Pese a que publicar la reunión es una falta de código de parte de la influencer que da para otro capítulo, la pregunta fue razonable para una autoridad cuya responsabilidad consiste, precisamente, en comprender esas necesidades y articular respuestas.

Wulf explicó que buscaban promover un encuentro sencillo, en contacto con la naturaleza y alejado del consumo. El propósito tiene sentido y es bien intencionado. Compartir, descansar y disfrutar de espacios públicos contribuye al bienestar. Las familias también necesitan alegría. Precisamente por eso, una política que promueve esos momentos debe hacerse cargo de las condiciones que permiten vivirlos. Para quien trabaja el domingo o cuida a una persona dependiente, encontrarse requiere bastante más que una invitación.

La desconexión aparece cuando el Gobierno responde desde las bondades de su iniciativa y deja pendiente la inquietud que recibió. La pregunta apuntaba a cómo criar con mayor tranquilidad y el mensaje de la ministra fue sobre el valor de celebrar. Ese desencuentro revela una forma de ejercer la autoridad.

La ministra ha defendido posteriormente las actividades gratuitas y ha mencionado otras acciones gubernamentales, como los subsidios y el avance del proyecto de sala cuna universal. Corresponde evaluar esas medidas por su cobertura, sus plazos y sus efectos. Y también, corresponde reconocer que abrir espacios culturales y recreativos puede aliviar un fin de semana, pero la controversia surge cuando ese beneficio se presenta como reacción a una crítica sobre prioridades y condiciones de vida.

Hablar de familia obliga a mirar hogares diversos, con recursos, tiempos y apoyos muy distintos. Una madre que cría sola, unos abuelos que sostienen a sus nietos o una pareja que coordina turnos conocen de sobra el valor de estar juntos. Lo difícil suele ser conseguir las horas, el dinero y la tranquilidad para hacerlo.

El Gobierno tiene la oportunidad de transformar este episodio en una corrección de prioridades. Escuchar implica explicar qué cambiará, para quiénes y cuándo. Promover el encuentro familiar adquiere sentido cuando se acompaña de condiciones que lo hagan posible durante todo el año. Porque el lunes, cuando termine la celebración, las familias seguirán necesitando respuestas.

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