La semana pasada, en un partido del campeonato nocturno en La Legua, Francisco Ortega echó a seis jugadores, tres de cada equipo, y ni se inmutó. es de los pocos árbitros calificados para dirigir partidos bravos sin que se le vayan de las manos. Ha aprendido a ser más choro que los choros pero se lamenta de cómo los narcotraficantes han penetrado en el fútbol de barrio.

Por Claudio Pizarro – Fotos: Alejandro Olivares

Ortega lleva nueve años arbitrando en la zona sur de Santiago. Su primer partido fue en la población San Gregorio, durante un clásico entre dos equipos rivales que nadie quería dirigir. Antes, había jugado como amateur en el Club Las Flores del mismo barrio y compartido equipo con el lanza internacional y pistolero Juan Mujica Hernández, El Indio Juan, que alguna vez irrumpió en un partido de su club para balear a un rival en la cancha y que años después fue muerto en la cárcel de San Miguel, por rencillas con otros hampones.

¿Qué tal para la pelota el indio Juan?
-Era bueno y caballero. La rivalidad siempre era entre ellos y del ambiente que tenían. Ellos, los lanzas, trabajaban fuera de Chile y a él le robaron sus moneditas por ahí y después llegó y cobró. La rivalidad era con los muchachos de otros clubes, como El Escudo de Chile. Pero en la cancha era un excelente caballero. Jugaba de 6 ó 7 y te daba harta confianza. Tenía un estilo pachorro, ganador, te gritaba, te mandaba y agarrabai tu pachorra. Era el líder del equipo.

¿Había harto lanza en el club?
-Sí, siempre se ha caracterizado por eso. Empezando el verano, acá llega toda la gente. A veces traen sus cosas y llegan a arreglar sus rencillas. Uno, no metiéndose, no tiene problemas. En Las Flores había hartos lanzas pero eran súper caballeros.

¿Eran rajados?
-Las canchas estaban llenas de autos cero kilómetro. De repente uno iba a mirar los puros autos nomás. Si poh. BMW, Mercedes Benz. Llegaban con cadenas de oro, sus piochas. Lo bueno es que los atados quedaban en barra, en cancha no. Ahí se dedicaban a jugar, se conocían. Los partidos eran sumamente buenos. Pero lamentablemente empezó a cambiar la cosa…

¿Qué cosa?
-Empezaron a salir los hijos y ellos salieron con otro sistema, más bravo, más choro. La generación cambió. Los hijos tienen otra mentalidad, la juventud cambió en el sentido de esta maldita droga, la pasta. Lamentablemente se están perdiendo los grandes jugadores que hicieron vida en estas poblaciones. Ya esto no

¿Hay mucho narco metido?
-Lo que pasa es que los dirigentes no pueden frenar a un niño de 15 ó 16 años, ¿me entiende? Si uno le llama la atención a uno, a lo mejor él va a sacar una cuchilla. O una pistola. Antiguamente, cuando fui infantil, uno respetaba al dirigente, al entrenador…

¿Ya no hay respeto con el dirigente?
-Se ha perdido todo eso. El niño de ahora está muy rebelde, hay mucha droga, mucha choreza. No le hacen caso a sus padres. Algunos padres han fallecido; otros han salido del país. Los niños quedan solos. No hay respeto. Hoy vas a las canchas y ves a 8 jugadores en cada equipo. Ya no juegan tanto. Uno ve niños fumándose su pasta base antes de jugar. Es la triste realidad de los jóvenes de La Bandera, la José María Caro, la misma Legua.

¿La Legua es una excepción en la zona sur?
-Los clubes se mantienen más, es otra realidad. Ellos hacen campeonatos de campeones, intercomunales, tienen escuelas de fútbol…

¿Hay mucho narco metido a dirigente?
-Claro, eso es. Actualmente ellos lideran los clubes. El club más poderoso tiene que ganar y tiene que ganar…

¿cómo se imponen?
-Con la rudeza, mandando al choque. Contratan a cabros que son buenos y les gusta la droga, les dan un papelillo o un poco de droga y el cabro juega, porque ahora el niño no lo hace porque le guste el fútbol, lo hace por droga. No en todos los clubes, no hay que meter a todos en el mismo saco. Pero la mayoría de los equipos de primera adulto son todos pagados. Los clubes más grandes y llamativos son dirigidos por narcos. En general son los clubes más poderosos. Ellos lamentablemente llevan por muy mal camino a los niños.

¿Por qué se meten los narcos a los clubes?
-Es un buen negocio, les sirve para comercializar su mercadería, así tienen más poder y controlan a más gente. Acá uno ha visto niños que han sido súper inteligentes y después los veís sin dientes botados en la calle. Los utilizan como soldados, como guardaespaldas, como sapos y también para jugar a la pelota.

CANCHA DE CHOROS

¿Cómo se impone en una cancha llena de choros?
-En el campo de juego, el único que manda soy yo. Eso se sabe, pero también hay que saber manejar los partidos. Y también tienes que usar esa dureza, porque si eres blando te van a comerte en 10 ó 15 minutos.

¿cómo maneja situaciones complejas?
-Tenís que manejarlo a lo que te de, levantar la voz más que ellos, imponerte. Yo al jugador le digo bien claro: señor una más y pa afuera. No falta el que te echa un garabato y uno a veces responde. Pero es entre los dos. Si un jugador me dice “¿qué cobrai, conchetumare?”, le digo “¿quién soy voh? Juega a la pelota, embarao tal por cual. Si voh querís ser vivo, tenís que ser vivo. Todos no somos pavos”. Listo. A veces me he ido con jugadores a garabato limpio adentro. Pero siempre entre los dos.

¿le sacan los choros del canasto?
-No falta el que es más chorongo y te empieza a decir “ya estai cobrando huevas”. Y pah, amarilla. En la calentura, empezai a ser igual que el jugador, pero siempre entre los dos. “Quién soy voh, amariconado”. Después termina el partido y más allá no pasa. Yo le he dicho a jugadores “ven pa’ acá, esta huevá queda en la cancha”. Tenís que ser más choro, pero siempre con miedo, es bueno tener miedo porque uno tiene que estar atento y no sabe qué reacción va a tener el jugador. O qué puede pasar una vez terminado el partido.

¿no le han hecho encerronas?
-Me he parado con compadres choros que me han amenazado, “donde te vea, te voy a matarte”. “Y tenís que puro hacerlo nomás”, les digo. Y después me he encontrado con ellos y no pasa nada. En el fondo, tenís que ser árbitro y choro.

¿Pero está conciente que arriesga el pellejo?
-Claro, aquí uno arriesga el pellejo día a día, semana a semana. Pertenezco a la Federación de árbitros de La Granja. Antes éramos 18 árbitros, después empezamos a quedar 6 árbitros porque ya nadie quería arbitrar. Les pegaban, los amenazaban y no todos tenían el coraje.

¿Qué le pasó a sus colegas?
-Los han amenazado, les han pegado combos, roto el pómulo, la cara. Ahora último, a un compañero, Guillermo Soto, en la José María Caro lo agarraron a patás en el suelo entre tres. A otro le fracturaron la nariz. Eso ha sido lo más traumático. Por eso siempre digo que si haces bien el trabajo, la persona, por muy chora que sea, te va a respetar.

Pero el árbitro se equivoca tambien.
-Claro, si es humano. Lo que pasa es que ahora es distinto: en los clubes ya no están esos dirigentes caballeros que uno decía un garabato y lo echaban. Ahora los mismos dirigentes enseñan a que el jugador sea agresivo. Ahora manda la rivalidad nomás. Los dirigentes hacen más espectáculo que los jugadores.

ARMAS

¿Ha visto gente armada en la cancha?
-En mi primer arbitraje, hace seis años. Me mandaron a un clásico en La Legua, de guardalíneas. Era una final, Legua con Colombia, en el campeonato nocturno. Me empecé a preparar y de repente vimos que entraban coches y más coches con guagua, donde escondían las pistolas y cuchillas, y mirabas para las galerías y veías gente que se acomodaba la pistola. Y eso que había más de 60 carabineros. De ahí, cuando partieron los fuegos artificiales y empezaron a salir los clubes a la cancha, sonó su balazo al aire. Esa fue mi primera prueba de fuego. Tenía miedo. Gracias a Dios me salió todo bien.

¿Hay mucho cabro que se pierde?
-Sí, estamos en poblaciones donde hay jugadores muy buenos y lamentablemente en los clubes profesionales la mayoría son apitutados. Hay muchos gallos que son traficantes y pagan para tener a los hijos ahí.

¿Mucha chuleta en el fútbol amateur?
-Claaaro. Lo que pasa es que a veces el jugador se engrupe mucho por lo que grita la gente o el mismo entrenador.

¿cuando llegan los lanzas, se rajan?
-Lo pasan bien, hacen sus asaditos, sus cervezas, lo pasan en familia, todo buena onda. Se ve buen fútbol también, porque traen otro roce de afuera. Juegan con muchachos de otros países, hacen buen fútbol. Eso se ha perdido.

“DONDE TE PILLE, CHUCHETUMARE”

¿cuánto le pagan si lo agreden?
-Una miseria, alrededor de 80 mil pesos. Eso te lo paga el club. Ahora, yo le puedo seguir un juicio al agresor, como lo hizo mi compañero al que le quebraron la nariz, que se fue a juicio y le sacó dos millones y medio.

¿lo han amenazado con pistolas?
-Sí. Pero nunca en el camarín, sino cuando ha terminado el partido. Pero nuuuunca les he tenido miedo.

¿cómo llegan?
-Dicen “qué tanto, hueón, donde te pille chuchetumare te voy a matarte” y me muestran la pistola. Si les contestai, es más complicado. Hay que dejarlos que ladren solos. La mayoría de los que te amenazan son cabros perjenios de 15 ó 16 años. Eso es más peligro. Un cabro te pega un balazo, te mató y después sale libre porque es menor de edad. Esto es lo que pasa con todo este ajetreo del fútbol en las poblaciones. Está todo dominado por el niño de 15 y 16 años. Son más bravos porque no hay una ley.

¿los narcos le han ofrecido plata?
-Nunca. Sí me han amenazado que si no ganan me van a matar. Pero no he pescado.Yo tengo que sacar el partido como sea, Le da lo mismo. Yo no gano con nadie.

¿Y a otros colegas?
-Nunca han llegado al extremo de ofrecer plata. Aquí no usan el dinero, usan la amenaza. Siempre me gritan que si tengo hijos, mejor que no vaya a arbitrar. En el fondo, es una amenaza de muerte. Ellos amenazan pero no lo hacen. Hay muchos Compadres que se las dan de choros pero en el fondo son terrible perkins. Se creen que porque están entremedio de los más grandotes, la pueden trabajar de cuerpo grande. Si después los veo solos en la calle, van a agachar la cabeza.

¿nunca se ha agarrado a pelear despues de un partido?
-No, pero sí los he desafiado a peliar. Una vez un compadre me güevió tanto que le dije que cuando nos viéramos en la calle me gritara lo mismo, a ver si iba a ser tan choro. Después nos encontramos, pasé y él pasó. Por eso te digo: ellos ven la calidad, también. Si uno anda como pajarito te van a comerte vivo. Uno igual tiene miedo de que podís salir del estadio y un compadre te esté esperando y te pegue un balazo, un palo, un cortaplumazo. Esos son los riesgos. En los partidos bravos no tenís ningún resguardo. Ni un carabinero, nada…

¿solo contra el mundo? ¿cómo lo hace?
-Solo. Ni siquiera hay dirigentes de los árbitros. De repente uno va a un partido a la José María Caro, un clásico, y está solo en medio de la cancha, entremedio de jugadores, barra, dirigentes, delegados. Y como todos son hinchas, si hacís un cobro, no lo van a entender y van a empezar “ya po chuchetumare, qué estay cobrando, rechuchetumare”. Para eso uno tiene que tener ese temple. No me da ni frío ni calor. Y así me los llevo. Esa es mi manera de arbitrar y gracias a Dios me ha resultado.

¿tiene algunos maestros?
-Aprendí mucho de un árbitro antiguo que le decían El Camión, un colorín, grande. Él trabajó mucho tiempo en San Gregorio. Era un espectáculo. Si un jugador le alegaba le decía “pega, pero si pegai sin pelota te vay cagando pa afuera. Pega calladito pero con pelota”. De repente, la gente le gritaba y se daba vuelta y le gritaba a las viejas “vayan a hacer el almuerzo, viejas culiàs, qué están güeviando en la calle”. Era un show. Los jugadores se reían. Pero todo bien cobrado.

¿Hasta cuándo piensa seguir arbitrando?
-Hasta cuando Dios diga. De repente uno se mete a una cancha en una población y no sabe si va a salir vivo. Arriesgo mi vida por 15 mil pesos. Si me pegan un balazo puedo quedar cojo, inválido. Pero tengo que hacerlo. Nadie se gana ahora 50 ó 60 mil pesos por día. Tenís que trabajar todo un mes para ganarte 200 mil pesos. Un día sábado, en cambio, sacas tres partidos y son 30 lucas y el domingo tres partidos más, y son 30. Sesenta mil el fin de semana. Pero te arriesgas a que te pueda pasar algo. Es lo que Dios quiera.