POR PÍA TORRES LÓPEZ • FOTO: CRISTÓBAL OLIVARES

Mientras Emi ha disminuido en más de un 45% las ventas y hace dos años Warner Music alcanzó a tener 60% en pérdidas, Quemasucabeza se ha convertido en el sello más importante de la escena local y eso que apenas vende discos. Porque al revés de las grandes empresas, que pierden millones de dólares por las descargas ilegales, utiliza Internet como una herramienta para seguir creciendo y gana dinero gracias a los conciertos y a que son los manager de sus propios artistas. Ésta es la historia de un negocio que partió artesanalmente en el dormitorio de dos hermanos en Avenida Matta y que hoy representa a músicos como Gepe, Chinoy y Javiera Mena.

¿Cómo es que Quemasucabeza llega a competir con las grandes disqueras?
-Adaptándonos a los cambios que ha sufrido el mercado de la música. Nosotros somos un sello pequeño que se ha podido meter en el inconsciente de la gente, en los oídos de los melómanos. También estamos orientados a otro público, un público súper selecto que no le interesa mucho la música que estos sellos grandes lanzan. Además, hemos podido meter tremendos artistas en la escena musical chilena.

Pero tener tremendos artistas no basta. Hace poco más de un año EMI bajó sus ventas en casi un 50%.
-Sí, todas las grandes disquera han arrojado pérdidas durante los últimos años, pero nosotros somos de los pocos sellos que siempre han estado creciendo. Desde ese punto de vista le hemos doblado la mano a los sellos grandes como Emi o Warner. Es que esos sellos se han visto perjudicados con la masificación de Internet. Para ellos Internet es un enemigo, en cambio para nosotros es una herramienta para poder seguir creciendo como sello.

¿Cómo es eso?
-Por ejemplo, en nuestra página web tenemos dos discos que se pueden descargar gratuitamente. La idea es que la gente los baje, conozca a nuestros artistas y quiera ir a sus conciertos, a sus tocatas y cosas por el estilo. Yo tengo claro que la venta de discos es algo obsoleto. ¡LA GENTE NO COMPRA UN DISCO! Y eso es algo que no lo tienen claro los sellos grandes, porque si no, no lucharían en contra de algo que ya no se puede cambiar. Descargar discos de Internet se ha vuelto una costumbre. Por mucho que EMI o WARNER quieran combatirlo, nunca lograrán revertir esta situación. Y es una pena, sobre todo para los músicos, porque ahora que un artista sea exitoso, en Chile por lo menos, significa que ha vendido unas mil copias de su álbum. ¡Mil copias! ¡Eso no es nada!

Pero hay artistas como La Noche, o los regetoneros, que igual venden harto.
-Ah, bueno, La Noche puede que sí. Pero los grupos de reggaeton no venden mucho. Las personas que escuchan esa música prefieren bajarlo de Internet, que es gratis. Además que es mucho más cómodo para pasarlo al celular, al pendrive, al computador o a lo que sea. Si compras un disco tienes que transformar el formato, copiarlo y un montón de cosas más para poder traspasarlo, por ejemplo, al Mp3. Y eso sin contar que es caro.

¿Es el fin de los discos?
-No, para nada. No creo. Por ejemplo, nosotros apuntamos a un grupo de gente que sí le interesa tener el disco en sus manos, les interesa tener la carátula, la caja y el cd original. Pero son los menos, por eso hay que crear estrategias que incluyan a Internet como una herramienta.

Como lo hizo Radiohead el año pasado. Uno podía descargar el disco desde Internet y pagar lo que uno quisiera.
-Claro, pero Radiohead es un grupo que se puede dar el lujo de hacer esas cosas, porque son consagrados y ultra conocidos. Aunque yo no sé si hubiera pagado mucha plata por ese disco, probablemente hubiera pagado una cantidad simbólica. Como mil pesos, jajaja.

¿Cómo se mantiene el sello ante este panorama?
-Tenemos claro que la venta de discos no es el nicho. De hecho, por lo general no se hacen más de quinientos cds de cada artista. Para poder sobrevivir tenemos que mirar hacia otros lados. Producimos los conciertos de nuestros artistas, somos manager de nuestros propios músicos, asesoramos a otros grupos y hasta traemos músicos extranjeros para que realicen conciertos en Chile. Yo creo que sólo el 30% de nuestras ganancias proviene de la venta de discos.

Pero eso los convierte en algo más que una disquera.
-Claro. En una especie de productora también. Es que nuestro fin no es el mismo que el de los sellos grandes. Los sellos grandes quieren vender y vender discos, nosotros queremos que la música que producimos sea escuchada por la mayor cantidad de gente posible. Pero para ganar dinero tenemos que hacer un montón de otras cosas.

DE MATTA A JAPÓN

¿Cómo nace Quemasucabeza?
-Nace cuando mi hermano Jorge, Walter Roblero y yo teníamos un grupo que se llamaba “Congelador” y queríamos armar un disco con nuestra música. Algunos sellos nos habían ofrecido ayudarnos y producirnos el disco, pero nosotros no queríamos. Queríamos tener libertad de hacer lo que quisiéramos. Además, no nos íbamos a hacer millonarios con lo que estos sellos nos ofrecían.

Y ahí armaron Quemasucabeza…
-Lo primero que grabamos llevaba ese nombre. Y después el sello quedó bautizado así. Todo era súper artesanal, consiguiéndonos equipos con amigos, experimentando harto con las grabaciones. Al principio no teníamos idea de lo que estábamos haciendo, éramos tres cabros chicos que todavía íbamos al colegio, que jugaban a ser músicos. Para poder lanzar el disco teníamos que constituirnos como empresa de manera legal. Entonces tuvimos que sacar patente, contratar abogado, pagar escrituras y miles de cosas legales. Nosotros lo único que queríamos era lanzar nuestro sencillo y nos vimos envueltos en la creación de una disquera para lanzar nuestro trabajo bajo nuestras propias condiciones.

¿Y de dónde sacaron la plata?
-Jorge Santis, mi hermano, estaba estudiando en la universidad. Ahí le ofrecieron una tarjeta y una cuenta corriente. Sacó la Mastercard y la hicimos reventar en puras cosas para constituir el sello. Gastamos como un millón de pesos en pagar escrituras, patentes, abogados y cualquier papeleo que saliera. Ahorrábamos en todo, a veces no nos comprábamos ni una cerveza, jajaja. Al final nos quedamos sin plata y con la deuda mensual de la tarjeta. Y sólo para tener el nombre porque no teníamos ni oficinas, ni equipos, ni nada de nada.

¿Cómo lo hicieron?
-Ahorrábamos. Una vez el inspector de Impuestos Internos nos iba a ir a visitar para comprobar domicilio y todas esas cosas. Pero nosotros no teníamos oficina, las oficinas del sello eran nuestra casa que quedaba en Av. Matta. Estábamos súper preocupados de que fuera a pasar algo. Así que sacamos las camas de una pieza, pusimos un escritorio, un par de sillas y armamos una oficina trucha dentro de nuestra casa. El inspector revisó la oficina y se fue contento. Cuando se fue tuvimos que armar todo de nuevo, volver a poner las camas en su lugar para poder dormir en la noche.

¿Y había más cosas como ésa?
-Sí pos, eran varias cosas. Nosotros lográbamos pagar la deuda de la tarjeta y así mantener el sello, con las tocatas de nuestro grupo Congelador. Pero esas tocatas eran lo más hechizas del mundo. Al principio los equipos eran prestados y hasta teníamos que poner un ventilador detrás de los amplificadores para que no se quemaran. Usábamos los parlantes de los equipos de música de la casa y cosas así. Yo no sé cómo la gente lograba escuchar algo en esas tocatas.

Ahora la cosa ha cambiado harto. Artistas de Quemasucabeza, como Gepe o la Javiera Mena han tocado en Japón, España, Estados Unidos.
-Sí. Ahora es distinto, todo es mucho más profesional. Logramos posicionar el sello. También hemos creado alianzas con otros sellos de otros países como España por ejemplo. Incluso pensamos en expandirnos a América Latina e internacionalizar Quemasucabeza.