POR PEDRO CAYUQUEO

Carabineros disparaba como matando patos”, denuncia un joven rapanui testigo de la violenta arremetida policial en su isla. “Nos cazaban como si fuéramos conejos”, me relataba un joven dirigente mapuche un año atrás en Ercilla. Pueden cambiar las locaciones e incluso los actores, pero la escena filmada pareciera ser la misma; cowboys de uniforme arremetiendo contra los indios. En nada incide incluso que los productores y directores del filme sean diferentes.

La posta de los western en Chile, patrimonio de la Concertación por dos décadas, hoy la toma la “nueva derecha” de Hinzpeter. ¿”Nueva derecha”? La expresión, sobre todo tras ver las imágenes llegadas de Rapa Nui, no deja de provocar náuseas. Si bien recurrentes en los campos del sur, observar tropas aerotransportadas desembarcar en Rapa Nui no deja de sorprender. A uno, que ingenuamente llegó a pensar que las colonias de ultramar eran cosa del siglo XIX. Y aún más a los propios Rapa Nui, sospecho, acostumbrados a ver apaleos étnicos solo por televisión satelital. Lo reconoció el propio presidente del Parlamento Rapa Nui, Leviante Araki. “Nunca en nuestra perra vida nos habían tratado de esta manera”, señaló a The Clinic, con 8 perdigones de plomo incrustados en su espalda. Pero el dirigente fue aún más lejos en su desahogo; subrayó que sobre un 60% de los isleños apoyó y de manera entusiasta con su voto a Sebastián Piñera en las pasadas elecciones presidenciales.

Este hecho, a su juicio, volvería mucho más incomprensible el represivo actuar de las autoridades frente a su legítimo reclamo territorial. Pues, queridos hermanos y hermanas de la isla, con todo respeto, bienvenidos a la cruda realidad. Y sepan que sin una organización política propia, autónoma, cien por ciento Rapa Nui, vuestra lucha seguirá condicionada por intereses políticos ajenos. Intereses políticos “continentales”, para ser más preciso.

Algo de ello, a 4 mil kilómetros hacia el este, está recién comprendiendo y no sin dificultades, el propio pueblo mapuche. Mucho más cerca de ustedes, vuestros vecinos polinésicos Maoríes, con su partido político propio, sus parlamentarios en el Congreso neozelandés y su comprensión de la resistencia indígena sobre todo como una lucha de descolonización, bien podrían dictarnos a todos un par de cátedras al respecto.

Y es que frente a la brutalidad policial que no discrimina gobiernos de derecha, ultraderecha, izquierda y centroizquierda, ¿qué otro camino político les queda transitar a nuestros pueblos? Y ojo, que no solo es la brutalidad policial la que se cierne como amenaza fantasma sobre la bella gente de Rapa Nui. Tras los últimos acontecimientos, no son pocos los miembros de dicho pueblo que han conocido ya y de primera fuente la arbitrariedad supina de los tristemente célebres fiscales. O la actuación paranoica y hasta cierto punto kafkiana del Ministerio Público chileno, propenso a bautizar como “terrorista” a gente humilde hastiada de las tomaduras de pelo.

Es lo que sucede, en estos precisos momentos, con el emblemático juicio oral contra comuneros mapuche que tiene lugar en Cañete, todos ellos acusados de “asociación ilícita terrorista”, vinculación con Al Qaeda, la Mafia siciliana y los Marcianos, entre otras perlas. Si bien iniciado hace ya casi un mes, recién en las últimas semanas hicieron su estreno los famosos “testigos protegidos”. O “testigos secretos”. O “testigos sin rostro”, como les llamaba Fujimori en tiempos de su dictadura y como les sigue llamando aún el siniestro régimen de Birmania. Media docena de connotados observadores internacionales escucharon sus delirantes declaraciones la semana recién pasada. Y lo hicieron, subrayan los familiares de los presos, asombrados y perplejos. Y cómo no iban a estarlo, si uno de los “testigos sin rostro”, aquel que declaró haber reconocido las voces de dos imputados entre los encapuchados que atacaron un campin en la zona de conflicto, ¡resultó ser sordo! Y tan sordo que los fiscales tuvieron que ponerle audífonos para poder interrogarlo en la audiencia. Por si fuera poco, el mismo “testigo” reconoció “no saber leer ni escribir”, desconociendo en tres ocasiones y ante los magistrados la autenticidad de una supuesta declaración suya presentada como prueba por la Fiscalía. Como broche de oro de su participación, reconoció además haber estado, la noche del supuesto ataque, “bebiendo 10 litros de chicha” en casa de la supuesta víctima. Realismo mágico puro y duro. Lo advierto desde esta humilde tribuna pública. Todo esto es lo que espera a los habitantes de Rapa Nui de ahora en más. Vayan por lo pronto despidiéndose de las curvilíneas promotoras de Sernatur. Y de los millonarios fondos de Pro-Chile. Y de las fiestas tradicionales financiadas con el generoso Fondart. Bienvenidos todos a la realidad.