En su defensa de Krassnoff ante la Corte Suprema, el abogado y ex diputado de RN Luis Valentín Ferrada apuntó fuerte sobre la responsabilidad de los civiles en los crímenes de la dictadura. Su argumentación fue que a partir de los años 50 el Estado Chileno adoptó una Política de Defensa que llevaba implícita la desaparición de personas, la tortura y todo lo que hoy los tribunales están calificando de delito. Su defendido enfrenta casi 30 procesos por violaciones a los derechos humanos. Ferrada dice que el adoctrinamiento que Krassnoff recibió es una “causal de justificación” que lo exime de responsabilidades.

-Lo que sostengo es que a partir de 1955 las autoridades chilenas hicieron suya una definición de Política de Defensa Nacional que significó que una parte considerable de nuestros oficiales pasaran por las escuelas de Panamá, Honduras y en Brasil. A la vez, esta política se materializó en una gran cantidad de instructivos y manuales del Ejército, que son los que yo he entregado a los tribunales. Sostengo también que esta política no fue adoptada por el Ejército “per se”, sino que intervinieron muchos ministros de defensa de gobiernos democráticos.

-¿Es política incluye hacer desaparecer personas?
Se trata de toda una metodología sobre cómo entrenar e instruir a nuestros soldados. Esto tiene distintos niveles, pero puedo decir que muchachos que entraron a la Escuela Militar a los 14 años, fueron preparados para actuar tanto en guerra convencional como en guerra informal y en guerra de guerrillas. O sea , se comenzó a capacitar a nuestros soldados para actuar en conflictos internos, donde el concepto de enemigo se amplía a cualquiera que esté en un frente de guerra interna. Yo no puedo decir que hayan sido entrenados para torturar. Pero fueron entrenados para interrogar de un modo tal que en el fondo estaba implícito el ocupar medios que son los que ahora se les reprochan como delitos. En los reglamentos que he entregado se hablaba de aniquilar, de aplastar con violencia de fuego y poderío total. Se trata de un adiestramiento que llevaba implícita una licencia enorme. Y quiero decir que no es que se les permitiera: se les premiaba, se les condecoraba y, como se trataba de actividades calificadas de riesgosas, incluso se les pagaba más.

-Esta doctrina pudo ser importada en el año 50. Pero no se aplica hasta el 73.
-Yo no estoy seguro de eso. Hasta donde yo me acuerdo, antes del 73 hubo varios enfrentamientos en los que se acusó a varios ministros del Interior de excesos. Pero no quiero especular. Lo que yo digo es súper simple: a partir del 55 nuestros soldados fueron sometidos a un tipo de formación que respondía a una decisión política del más alto nivel. No tengo idea si esta preparación se hizo pensando en una contingencia determinada, o “por si las moscas”. El punto es que las moscas llegaron y se aplicó lo que estaba previsto. En consecuencia, las personas que aplicaron esta política no pueden ser los ni los únicos ni los mayores responsables. A partir de esto hay una situación muy profunda que repensar. Porque hoy se da la paradoja de que el Poder Judicial tiene que declarar que es delito algo que el mismo Estado enseñó a hacer durante 30 años. Aquí se ha escogido a un chivo expiatorio: gente que en la época tenía 24, 25 años aparecen como los responsables de todo. Pienso que una de las consecuencias más graves de abordar así estos hechos, es que nada nos garantiza que no vuelvan a ocurrir. Porque si en definitiva pagan sólo 10 personas, la tragedia sale muy barata.

-Esto se parece a lo que afirmó el general Cheyre en el sentido de que los políticos se reciclaron y el Ejército quedó sólo.
-Yo no soy nadie para interpretar al general Cheyre. Pero es evidente que se está haciendo pagar al Ejercito por culpas que son de todo Chile.

-Usted plantea esta doctrina de seguridad como un factor determinante en el comportamiento de los oficiales chilenos. Un poco como el perro de Pavlov…
-Esa comparación es injusta. De lo que estoy hablando aquí es mucho más sofisticado. Hay conocimientos de sicología que permiten instrumentalizar a las personas y que conducen, en determinadas circunstancias, a que personas actúen de una forma que no harían si hubieran podido ejercer su libertad.

-¿El que pasó por esos cursos de alguna manera se transforma en una suerte de inimputable? ¿No podría alegar lo mismo un muchacho abandonado por sus padres, que vivió en la calle drogado y que mata a alguien en un asalto?
-Son casos distintos. Yo no digo que los oficiales son inimputables. Pero aquí hay causales de justificación que pueden llegar a ser eximentes.