Mampato es un niño colorín que viaja por el tiempo, gracias a los poderes de su cinto espacio temporal, junto a su amigo Ogú. En sus aventuras Mampato y su amigo defienden a los más débiles de algún malvado tirano que pretende gobernarlos a la fuerza o robarles el oro. A su vez enseñan de manera entretenida a los niños la historia de otras civilizaciones que en clases resultan ser una lata. Este pequeño héroe fue originalmente creado por el arquitecto Eduardo Armstrong en 1968 para la revista Mampato, pero rápidamente el dibujante Themo Lobos se volvió su padre adoptivo, su tutor, su autor.

La revista Mampato duró diez años. En 1978 se dejó de publicar. La dictadura desconfió del mensaje que entregaba el inocente Mampato. Y comenzó una persecución, aunque suene absurdo. Themo Lobos (84) recuerda cuando un agente de la CNI lo interrumpió en una charla que daba sobre la historieta en la Usach a mediados de los 70 para preguntarle: “¿qué implicancias políticas hay en su historieta ‘El árbol gigante y la rebelión de los mutantes?”. Themo, en broma, le respondió “los mutantes unidos jamás serán vencidos”. Y le recalcó que “cualquiera que sea, usted mismo incluso, el que se atreva o diga que mis historietas tienen implicancias políticas, esa persona tiene toda la razón”. Y se vino un abucheo al CNI de parte de los asistentes. “Le tiraron pelotas de papel, le gritaron insultos y terminó escapando como una rata. Pensó que iba a dominar a toda la gente que estaba ahí con el terror, pero nosotros salimos más vivos que él”.

Estas dobles lecturas políticas de Mampato se daban porque lógicamente, como dice Themo, no iba a poner de héroe a un tirano. Pero deja en claro que nunca hubo una intención de atacar directamente a Pinochet con Mampato. Guiños, sí. Por ejemplo, la portada de “Memorias de un gorila” publicada en mayo de 1974 generó una polémica inusitada. Todo porque aparecían cuatro gorilas de distintos tamaños. Y los cercanos al dictador dedujeron que el gorila mayor era Pinochet y los demás simios, la Junta Militar. Entonces mandaron a los milicos a molestar a la oficina de la revista. Al final, esa vez no pasó nada, pero meses después la directora de Revista Mampato, Isabel Allende, terminó renunciando por esto a su cargo. Como sea, esa no fue la primera intromisión de los milicos en la revista.

Meses antes, cuando se publicó “El Piloto Loco”, que contaba las aventuras de Mampato en la Europa de fines de la Primera Guerra Mundial, cuando lucha contra un piloto que quiere lucirse como tal creando una guerra ficticia, los milicos le se le dejaron caer a Themo Lobos para saber si acaso estaba proponiendo que se atacara así a los soldados chilenos. “No sean estúpidos, no se dan cuenta que esto está ambientado en otra época. ¿Aparecen los milicos en la historieta? No, así que no molesten. Y se quedaron calladitos los milijausen”. Años después, en marzo de 1978, la revista Mampato dejaría de existir. “La historieta es un género que puede sugerir una serie de ideas prohibidas, sobre todo cuando hay una dictadura. Entonces, para no correr riesgos, eliminaron todas las revistas de historietas subiendo los costos de impresión. La gente al final prefería comprar un kilo de pan antes que una revista. Y era muy lógico. La dictadura acabó con la historieta”, dice.

Con los años, Mampato se fue transformando en un ícono de la historieta chilena. Themo Lobos la siguió publicando pero en Cucalón. Y hoy, más de tres décadas después, vuelven las aventuras de Mampato y su amigo Ogú de la mano de editorial Mondadori, que adquirió los derechos de 22 títulos ya conocidos de Mampato, además de ocho aventuras inéditas, como “Ogú y Mampato en el Tíbet”, que tiene la novedad de estar en formato de novela ilustrada, y algunas prácticamente inéditas, como “Ogú y Mampato en el Far – West”, aventura que no se había vuelto a editar desde 1974. Estas últimas, Themo Lobos las coloreó con la tinta que se usa para impresoras, pero a mano. “Es el único coqueteo que he tenido con las nuevas tecnologías”, dice desde su casa en Concón, donde está radicado hace 25 años.

MAMPATO COMUNISTA

Después de quedarse sin pega con Mampato, Themo hizo historietas por encargo. Contó la vida del Padre Alberto Hurtado a pedido del cura Renato Poblete. Un encargo difícil para alguien agnóstico. “Le dejé en claro que no soy creyente, pero el cura Poblete me dijo que no le importaba, que la hiciera igual. De ahí nos hicimos amiguísimos con el padre Poblete y pucha que me dio pena cuando se murió”.

¿Por qué no cree en Dios?
-Es difícil de explicarlo. Podría estar una semana entera explicándole mis razones. Eso sí, crearía un movimiento para enseñar religión en todos los colegios, pero no la religión de Cristo o los canutos, porque no interesa, sino que ¡religiones! Enseñemos las religiones antiguas de Egipto, de los persas, de India, ¡del mundo! Para que los niños aprendan y tengan las esperanzas de que hay algo más allá que los ayudará. Por ejemplo, que aprenden la religión hinduista. Yo iría encantado y estoy seguro que la sala se llenaría de alumnos. Pero no les enseñaría sobre la iglesia católica.

¿Por qué no?
-Tiene muy mala fama. Curas como Karadima quieren repetir lo que decía Cristo: ¡dejad que los niños vengan a mí! Jaja, los curas sinvergüenzas se toman literalmente eso.

En esa época, usted también hizo humor político en un suplemento de la revista Hoy y en Humanoide de Hervi.
-Nos tirábamos contra la dictadura. Pero el gobierno compró la revista Hoy para luego cerrarla y se acabó también el suplemento Humor, que tenía un humor al estilo Topaze: bien crítico de frentón. Uno de mis personajes decía que se vaya el asesino, pero siempre me faltaba espacio en el globito para colocar la frase entera. Así que en los globitos salía “que se vaya el ase…” o “que muera el dic…”, pero todos cachaban que me refería al tirano de Pinochet. Y en Humanoide tengo una anécdota con nuestro querido presidente actual, Piñera.

¿Cuál?
-Hervi y todos los que dibujábamos en Humanoide éramos izquierdistas totales, comunistoides. Pero la revista se imprimía en la Editorial Los Andes, de la cual era dueño Piñera, por lo que andábamos medio perdidos: no sabíamos si meternos en la pata de los caballos toda la patota de comunistoides. Al final le dimos. Y un día fue Piñera a una especie de reunión de pauta y le pregunté directamente hasta dónde podíamos llegar con nuestro humor. “A cualquier lugar siempre que no cometa injurias”, nos respondió. Y le respondí que jamás llegaría a las injurias pero sí a las indirectas. “¿Y si nos meten presos?”, pregunté. Y él dijo: “Los saco como sea, me hago responsable yo”. Y por suerte no pasó nada. Por eso le creo cuando dice que votó por el NO.

¿Y ahora de Piñera como Presidente qué opina?
-Lo encuentro soso. No produce una admiración grande. Por ejemplo, a Jorge Alessandri, pese a que era de derecha, le tenía bastante respeto. Cuando viajaba al extranjero él dejaba al país como rey: un tipo con cultura, conocimiento, con vocación, como Allende, a quien era una gloria escuchar hablar. Pero éste pobre de Piñera me da pena… Camina con las manguitas largas y las agarra así (lo imita).

Si volviera Mampato con sus aventuras nuevas, ¿contra qué lucharía? Por ejemplo, ¿lucharía por los derechos de los estudiantes que exigen una educación gratis y de calidad?
-Sí, pero lo diría de una manera mucho más clara y directa. Y diría la verdad: que los profesores son malos y que hay pocos que valen la pena. Porque Gargajo, como le digo a Gajardo, no sabe ni hablar. Dice ¡nadieeeennnn! Pero ¡cómo dice nadiennnnn! ¡Y es el presidente de los maestros empujando a los cabros para que reclamen…!

¿Y Mampato, a pesar de ser niño, tenía alguna posición política?
-Claro, pero no lo andaba comentando. Y te puedo decir que era totalmente de izquierda, como su dueño. Soy de la Concertación todavía, aunque los critico por las tonterías que han hecho últimamente. A mí me gustaba Bachelet. La Michelita era la simpatía hecha mujer.

ALARACO Y LAS MONJITAS

Otro de sus personajes inolvidables es Alaraco.
-Es el único personaje que he creado pensando en alguien.

¿En quién?
-En mí. Soy sumamente “alaraco” para mis cosas. Por cualquier cosa armo una exageración.

¿Algún ejemplo?
-Hay una huella de barro en la alfombra y me pongo a alegar hasta que alguien me dice que la corte, que es un papel nomás. O me enoja la manera de hablar de los periodistas de la TV. Tengo anotadas todas las metidas de pata y las barbaridades que dicen. Y alego con la tele. Le tiro pelotitas de pan. ¡Y los idiotas no me hacen caso! Es increíble la poca cultura de la gente de TV.

Alaraco llegó justamente a la TV, al Jappening con Já. ¿Qué le pareció?
-Me pagaban unos derechos bastante jugosos… Les llevaba fotocopias de las mismas tiras que había publicado en Mampato, pero con una notita para mejorar la parte televisiva.

Ogú y Mampato también llegó al cine hace unos años…
-Tenía buena edición y animación, pero me traicionaron con el argumento. El argumento verdadero es el de la historieta, pero en la película le inventaron una especie de demonio que sale del medio de la tierra y que no tiene nada que ver. O tuvieron metidas de pata, como que la niñita dice Aloha. Y nada que ver. Así se dice en Hawai, pero en Isla de Pascua es Iorana.

Usted también dibujó para la revista de adultos “El Pingüino”
-Sí, pero en lo porno no me he metido. Es suficiente con mirar la tele. Y hay suficientes dibujantes de pornografía. Pero esas revistas eran para adultos por la portada, donde salía una niña semipilucha con traje de baño chiquitito en una pose simpática, pero hoy de seguro no ruborizan ni a las monjitas. Antes había una pacatería bastante marcada. Y no faltaba la vieja beata del barrio que tenía la manía de prohibir todo lo que les parecía mal a ellas. Y reclamaban por este tipo de revistas.

LA FIESTA SEXUAL

Algunos dicen que la historieta no es arte.
-Eso dicen. Y que no enseña. A raíz de mis historietas que incluyeron en el Maletín Literario, salió hace un tiempo en El Mercurio una dama indignada hablando de la peste negra de la historieta y que era una tontería incluirlas porque eran para retardados mentales. Y nos hizo blanco de sus diatribas. Esta señora, como otros que reclaman contra la historieta, no saben que la historia de Francia se hizo completa en historieta por dibujantes de todo Europa.

¿Cómo ve la historieta hoy?
-Sigue siendo under. Los que venden siguen siendo los mismos: los míos, los condoritos y está Guido Vallejos con sus Barrabases. Y para de contar. No hay nada más. Historietas son todas extranjeras las que llegan o el trabajo de muchachos que están empezando a dibujar copiándole a los japoneses.

¿Algún dibujante que le guste?
-Hay varios jóvenes muy buenos, pero qué pasa con ellos, que le ofrecen sus trabajos a los editores y ellos le dicen que eso no se vende, que la historieta murió y ahí quedan en el camino.

Hace unos años usted se enojó con The Clinic por un chiste triple equis de Ogú, Mampato y su novia Rena. Y llamó para reclamar…
-Con The Clinic no quería nada. Porque daban a entender que la Rena se acostaba con Ogú y engañaba a Mampato y que entre los tres armaban una fiesta sexual. Lo encontré de mal gusto. Ese tipo de cosas no me gustan. No me gustan los garabatos. Son groseros y estúpidos. Pero debo reconocer que The Clinic los dice con simpatía y en el momento propicio. No es garabatear por garabatear.

¿Por qué no le gusta la chuchada?
-Es una tontería el garabato porque sí. Por ejemplo, los cómicos de la tele no pueden hablar sin decir una grosería. Es una manía muy estúpida. Por ejemplo, me gustaron mucho las ilustraciones para la película El Cesante, pero la voz en off la hizo Coco Legrand y quedó toda plagada de groserías. A esa película nadie la quiso ir a ver ni comprar porque estaba plagada de groserías.

Y cuando se pega, ¿no se manda una chuchada acaso?
-Tengo que reconocer que llamo a la cantante brasileña Xuuuuxaaaa de manera automática. Ahora estaba leyendo “La guerrilla literaria”, que narra una pelea entre Neruda, De Rokha y Huidobro. Una pelea hasta la tumba de puros pesos pesados. Harto garabato sale ahí, pero lo dicen con tanta gracia poética que me causa mucha risa y no lo veo mal.

OXÍGENO EN CONCÓN

Themo Lobos vive en Concón hace 25 años. No en la playa, sino que en el cerro. Se escapó de la capital cuando comenzó a enfermarse de los bronquios. En ese tiempo llegaba a fumar tres cajetillas diarias, pero se apura en decir que eran “aquellos cigarrillos que se fuman solos mientras dibujaba”. Hace tres años que dejó su vicio.

¿Le costó mucho dejarlo?
-Llegaba a soñar, incluso hasta hoy, que me encuentro con un amigo y le pregunto “¿tenís un cigarro?” y me dice “Sí, deja buscar, ayyy, no, se me terminaron”. Puchacai. O sueño que quiero ir a comprar cigarros a un almacén y nunca encuentro ese almacén. Una tortura. En todo este tiempo me he fumado dos cigarros, pero no puedo porque me da una tos que te la encargo.
Hace unos años sufre una insuficiencia pulmonar que lo tiene aferrado a un tubo de oxígeno, por lo que no puede viajar a Santiago, lo cual no lo aproblema. No pudo viajar a un homenaje que le tenían preparado en la Feria del Libro. De todos modos, ya no está para esos trotes. “Tengo que autografiar por lo menos 200 libros y me canso. Al final termino escribiendo leseras como cuando una vez firmé como Themo López. La verdad es que sería un suicidio ir a la capital”. El dibujante mantiene el humor hasta el último: “Siempre digo que no voy a morir del pulmón, sino que aplastado por esta porquería si es que hay un temblor”, dice señalando el balón de oxígeno. Themo piensa de vez en cuando en la muerte. Pero como una cosa eventual de la que no hay que preocuparse. “Es inevitable. Y trato de no meterme en la pata de los caballos… Además que todos los días muere gente. Es una costumbre que no ha perdido el ser humano, así que no sería novedad si me muero. No le temo. Para mí la muerte es como apagar una vela y se acabó. No pasa nada más y no quedan huellas”.

¿Le gusta su nombre, Themistocles?
-Es divertido cuando me llaman a voz en cuello y dicen “don Perist…don Pethi…”. “Soy yo, soy yo”, les digo. Themístocles era un héroe griego que ganó la guerra de Salamina.

Entonces, lo del gusto por los héroes viene de cuna.
-Claro. Mi papá se llama Nazario, mi segundo nombre es Nazareno…Tengo otro tío llamado por supuesto Themístocles, otro Primitivo, otro Audifacio, otro Teodoberto, otro Eriberto.

¿Y a sus hijos cómo les puso?
-Decidí terminar con la dinastía. A mi hija mayor le puse Ada, a la siguiente Undina y al último Andro. Puros nombres comunes y corrientes, ¿no crees?