A los 6 años ya querías ser embajador…
-Sí. En la escuela básica me hicieron escribir mi primer ensayo sobre qué quería ser cuando grande. Y mientras todos los niños apuntaron a lo mismo -y que debe suceder también en Chile- y escribieron futbolistas, ingenieros, bomberos carabineros y astronautas; yo, en cambio, puse “quiero ser embajador”.

¿Por qué querías serlo?
-No sé. No tengo antecedentes familiares ni nada por el estilo. Puede que haya visto un programa o algo en la tele, pero nadie sabe. Pero es lo único que quise ser profesionalmente desde muy chico.

¿Cómo te imaginabas, en ese entonces, la vida de un embajador?
-Imaginaba tener que hablar idiomas distintos, conocer a mucha gente entretenida, negociar sobre problemas. Me la imaginaba como una vida muy glamorosa. Se supone que muchos dirán, al observar mi vida, que es así. Pero cuando uno la vive en carne propia no se siente tan glamoroso. A veces, sí. Pero no siempre.

Uno se los imagina con choferes para todos lados y en autos polarizados…
-No sé cuántos embajadores lo hacen, pero yo muchas veces ando a pata o me subo al Metro, ando en micro o en un taxi callejero cualquiera. No ando en mi auto oficial para todos lados.

¿Cómo ha sido la experiencia en el transporte público?
-Me gusta. Pero a veces he andado en las horas peak en el Metro y he sudado como chancho.

¿Por dónde andas a pata?
-Desde la oficina a mi casa en Las Condes. Debe ser un kilómetro y medio. Pero muchas veces cuando bajo al centro me gusta andar a pata para ver a la gente interactuando, mirar los edificios, todo lo que no se ve desde arriba de un auto. Tengo la impresión de que muchas personas creen que el papel del embajador es sólo glamour y que me la paso solamente en grandes eventos, conociendo artistas, en cenas y en auto para todos lados. Pero hay aspectos mundanos y aburridos.

¿Cómo qué?
-Uf. Mira, la burocracia es fome, por todos los formularios que hay que rellenar, pero es necesaria. Y no es que quiera eludir mis responsabilidades, pero evidentemente es menos entretenido que asistir a eventos divertidos.

LA LEGUA
¿Por qué quieres desmarcarte del típico rol del embajador?

-Lo que pasa es que los embajadores en todos los países, normalmente se relacionan solamente con las elites de una sociedad, pero yo siempre he tratado de ampliar, ensanchar un poco nuestra red de contactos.

¿Cómo lo has hecho?
-Por ejemplo, fui a visitar La Legua para ver cómo viven sectores completamente distintos de la sociedad.

¿Y qué te pareció?
-Yo provengo de un barrio relativamente pobre de Londres. Y la diferencia entre un barrio más acomodado y el más pobre en Londres, es aproximadamente la diferencia entre Lo Barnechea y La Legua. Los problemas de drogas, de criminalidad, de ilegalidad de las armas, no difieren mucho de lo que pasa en un barrio pobre de Londres. Lo distinto es que no hay nadie en “La Legua de Londres”que no haya visitado en algún momento “Lo Barnechea de Londres”. Mientras acá hay muy poco intercambio. De hecho, el año pasado en la fiesta navideña, invitamos a los niños de una clase de una escuela básica de La Legua para que vinieran acá. Y me quedó grabado lo que me comentó una profesora.

¿Qué te dijo?
-Que el 80% de sus niños nunca habían estado en Las Condes antes. Y luego otra persona nos comentó que el 100% de las personas de Las Condes nunca habían estado en la Legua. Los de la Legua, por no tener acceso; los de Las Condes, se supone, por no querer.

Debes ser el único embajador que ha visitado La Legua…
-Qué yo sepa, sí. Bueno, no quiero alabarme a mí mismo demasiado, pero soy el único embajador en hacer esas cosas acá. Opino que cuando uno está destinado en otro país hay que saber la realidad en todos sus aspectos. Y no quedarse solo en la elite. Es importante asociarse con todos los líderes de la sociedad, pero si uno no se esfuerza en ampliar un poco sus contactos como diplomático, es muy fácil limitarse a esas elites. Y a mí me interesa expandir mi visión relacionando con otros sectores de la sociedad.

EL BARRIO ALTO
Así como conociste La Legua, ¿qué impresión tienes del barrio alto?

-Mira, existen aspectos de todas las elites, en general, tanto en otros países como en Chile, que no me agradan mucho.

¿Cómo qué?
-Ciertas actitudes discriminatorias, mirar en menos a los demás y francamente existen personas, no estoy pensando en todos, que se creen la muerte y ciudadanos del mundo que no lo son. Y no por ser demasiado diplomático, no les voy a nombrar a nadie, pero he conocido personas que francamente se consideran a sí mismos la absoluta muerte de la crema de la crema mundial. Y no serían considerados así en Londres.

Y acá, ¿te han mirado en menos?
-A veces he experimentado tal sensación. Me he encontrado con actitudes discriminatorias.

¿Cómo qué?
-Lo peor es que me llegan por terceros. Porque la gente también no se atreve a decirle eso en las narices a un embajador. Y eso me consta. Y puede ser por mi facha, por mi aspecto físico, por no ser egresado de Oxford, que no correspondo con la imagen que tienen de un embajador. Y eso lo he sentido de ciertos particulares dentro de la clase alta. No estoy generalizando. Pero no he encontrado tales prejuicios en otras clases.

Otra cosa que te distingue de otros embajadores, es que usas Twitter.
-Para mí Twitter es la diplomacia del siglo XXI. Y lo uso para sostener una conversación con particulares de distintos sectores de la sociedad chilena.

De repente has recibido un par de insultos…
-Sí. Y no les contesto a todos. Respondo en cierta medida y bloqueo a las personas cuando son muy irrespetuosas, utilizan garabatos o recurren a frases racistas o antisemitas. Y si respondo, trato de hacerlo con cierto sentido de humor e ironía… Pero a veces la ironía la utilizo acá y se entiende literal. Y se enojan. Lo otro que pasa en Twitter, es que muchas personas, que son muy razonables, se convierten en monstruos en Twitter, usan garabatos y un lenguaje que ellos nunca utilizarían en la vida real. Es un doble estándar.

LOS GAYS
Así como fuiste el único embajador a ir a La Legua, fuiste el único que asistió al acto en desagravio a la jueza Atala…

-Habría que preguntar por qué no fueron los demás. Yo creo que deberían haber ido, porque a todos los invitaron. Yo no fui de colado, sino porque me invitó el gobierno.

Acá son muy maltratadas las minorías.
-Un principio básico de los DD.HH., es que no se debe limitar ni maltratar a las personas, sino que concederles a todos los derechos igualitarios. Pero, ojo, en el Reino Unido por más que seamos un país desarrollado, tenemos las mismas discusiones. Ahora estamos debatiendo el matrimonio igualitario.

De hecho, 60 diputados se opusieron al matrimonio entre personas del mismo sexo….
-Incluso del partido del primer ministro, el mismo que propuso el proyecto de ley. Así que no es que esos conceptos dejen de ser controvertidos de aquí a la mañana. Es un proceso gradual.

¿Los homosexuales deberían casarse?
-En lo personal, pienso que sí. Pero no insistiría que se impusiera el matrimonio igualitario en las iglesias. Si no quieren casar a una pareja gay dentro de una iglesia, bueno, debe depender de ellos. Pero, de igual manera, no veo que las religiones deberían impedir que dos personas que se aman se casen en una instancia del Estado bajo el derecho civil. Tampoco veo que el matrimonio de dos personas gay perjudique a miles de matrimonios heterosexuales. Encuentro que cada tipo de relación afectiva entre adultos consentidos no les incumbe a otras personas de criticarlos, de limitarles sus derechos, de imponerles todo tipo de prohibición.

¿Qué te ha llamado la atención del país?
-Muchísimas cosas. Encuentro fascinante la política, los debates en torno de la desigualdad, lo que significa un país desarrollado.

A propósito, ¿qué le falta a Chile para ser un país desarrollado?
-Suponiendo que el Reino Unido ya es un país desarrollado, no se terminan las cosas ahí. En Inglaterra, se discuten todos los días los mismos temas: educación, salud, estructura, impuestos. Así que a veces tengo la impresión de que en Chile algunos piensan como si uno pudiera llegar a esa meta mística de ser un país desarrollado y ahí termina la historia.

Y no es así.
-Encuentro que en Chile la definición de lo que es el pleno desarrollo se centra con propiedad en lo económico, que es correcto, pero va mucho más allá de eso. Tiene que ver con la tolerancia, la multiculturalidad, la diversidad, etcétera. En ese sentido, la tolerancia se mide sobre todo en cómo se trata a las minorías. Por eso la causa gay en el mundo ha sido como un punto de inflexión para medir el grado de tolerancia dentro de una sociedad.

Se dice que somos los ingleses de Sudamérica. ¿Compartes esa visión?
-Nunca nadie me había dicho que eran los británicos de Sudamérica. Acá no más lo he escuchado. Y no entiendo mucho el concepto. Pero cuando lo trato de entender, me pongo a pensar que Chile por más que no sea una isla literalmente, en estricto rigor, sí tiene por su historia y su loca geografía un poco de esa mentalidad nuestra un poco aislada e isleña. Pero no sé cuál sea el vínculo en términos de puntualidad.

DROGAS Y THATCHER
¿Cómo fue tu juventud? ¿en qué andabas?

-Era hincha loco de mi equipo y desperdicié no sé cuántos años en seguirlos a todos los rincones del país.

¿Probaste drogas?
-En el colegio, como cualquiera. Pero odio fumar. Pero odio, odio, odio, la sensación de rellenar los pulmones con humo de cualquier cosa. Me da asco. Pero probé pitos. Pero nunca me agradó.

¿Protestabas por algo?
-No. Eso sí, recuerdo que cuando chico y tenía unos siete años, en la época en que Margaret Thatcher era ministra de Educación, reclamé con unos compañeros por una medida que tomó. Resulta que después de la Segunda Guerra Mundial, para evitar el hambre y la desnutrición, todos los días repartían en los colegios un medio litro de leche. Pero llegó ella y se acabó la leche.

¿Y cómo protestaron?
-Participé de una mini marcha que hicimos durante los recreos en el patio de la escuela donde gritábamos “Thatcher, Thatcher, milk snatcher”, porque rimaba, lo cual significaba “Thatcher, ladrona de la leche”. Pero no cachaba más de ella.

¿Y más grande protestaste por sus medidas?
-No, en general, no me sumo mucho a las protestas. No me siento ligado a ninguna ideología ni sector político específico.

¿Por qué no?
-Francamente, políticamente soy bastante neutral. Por razones profesionales, todos los embajadores británicos somos de carrera y ninguno de confianza. De tal manera, que cuando firmé mi contrato de trabajo, prescindí voluntariamente de mis derechos políticos. Pero tengo como cualquier ciudadano, el derecho a votar, pero no se me permite militar en un partido, ni asociarme en la carrera de nadie, ni tampoco expresar opiniones partidarias acerca de la política.

Pero imagino que debes tener una opinión política escondida…
-Algunos colegas encuentran esas reglas como una carga, pero como te dije, no me siento ligado a un partido específico. Sin especificar por quién he votado, te cuento que desde que tenía 18 años he votado no sé en cuántas elecciones en Inglaterra para los parlamentarios y alcaldes. Y he votado por los distintos partidos, dependiendo de la contingencia, de la calidad de los candidatos, así que para mí no es una gran carga tener que abstenerme de la política interna.

Cuando estuvo Pinochet preso en Londres, ¿seguiste el caso?
-Sí. Cuando lo detuvieron yo estaba en Turquía, pero lo seguí mucho por la prensa. Personalmente, opino que por los abusos a los Derechos Humanos, Pinochet debería haber enfrentado la justicia, pero en Chile, país en el que ocurrieron esas violaciones. El episodio de Pinochet en Londres indirectamente estableció un precedente importante en el mundo: a un jefe de Estado se le puede formalizar por un asunto de abusos a los DD.HH. Y tenemos un poco la impresión que tras la detención de Pinochet, se desató una ola de cosas judiciales que no estaban vigentes antes.

Pero, lamentablemente, él se fue sin pagar en Chile…
-Sí. Claro. Ahora con lo de Assange existe la extradición automática entre países de la Unión Europea. Y si lo de Pinochet hubiese sido ahora, lo hubiésemos extraditado a España como se sugería.


MICK JAGGER Y DJ MENDÉZ
¿Cuándo te hiciste rockero?

-Hasta los 10 años no me interesaba la música. Pero recuerdo con mucha claridad un Navidad a esa edad. Como todas las familias, aunque somos judíos, nos reuníamos para esa fecha con un montón de primos y tíos fomísimos. Y con un primo siete años mayor nos escapamos a su pieza. Y me puso unos audífonos y me hizo sonar un disco que acababa de salir: The dark side of the Moon, de Pink Floyd. Para mí, que no me interesaba la música, fue un revelación religiosa.

¿Tan así?
-Sí. Un punto de inflexión en mi vida de verdad.

¿Y cuándo rayaste con los Rolling Stones?
-Me gustan de los años 70, cuando estaban en su auge musical y hacían temas. Nunca fui partidario de los Beatles. Si uno se cría en Inglaterra, siempre te ponen la música de ellos. Y no me gustaron.

¿Y cuándo conociste a los Rolling?
-En Indonesia en los ‘80. Y siempre a sus manager los he ayudado en el extranjero cuando enfrentaban problemas o cuando querían conocer algún presidente.

¿De qué hablas con Mick Jagger?
-De muchos temas. Mick una persona sumamente inteligente. Nos hemos topado en un montón de países. Y siempre me hace preguntas políticas, la sociedad, es muy curioso.

¿Alguna anécdota con él?
-Recuerdo cuando estaba con Mick en Indonesia, en el ‘87, desapareció en un momento, Y todo el mundo pensó, equivocadamente, que estaba fumándose un pito o con una chica.

¿Y qué estaba haciendo, entonces?
-Lo pillé en una pieza escuchando en una pequeña radio ¡el cricket!

Qué fome.
-Y todo el mundo piensa que el rockero es revolucionario, que toma drogas y alcohol todo el rato, pero él estaba haciendo lo más conservador de la esencia británica: ¡escuchando un partido de cricket!

¿De quién más eres amigo?
-Moby, que hizo un concierto privado en mi living de mi casa en Chile. Súper entretenido.

¿Juntas autógrafos?
-No, no. Encuentro un poco cursi pedirle un autógrafo, pero sí trato siempre de sacarme una foto con ellos.

¿Con quién tienes?
-Obviamente, con Mick Jagger, con Joss Stones, Sting, Seal…

¿Cuál es el más simpático?
-Keith Richard y John Wood de los Rolling son lejos los más simpáticos y graciosos.

Keith, tengo entendido, te regalo una pulsera hecha con la cuerda de su guitarra.
-Sí. Me la regaló tras un recital en no recuerdo dónde. En fin, he asistido a tantos de ellos.

¿Y los más pesados quiénes son?
-Hay unos terribles, con muy malos modales. Pero para que no me demanden, no los diré, jaja. Pero a veces uno queda sorprendido. Algunas personas tienen cierta fama terrible, pero cuando los conoces no son tan así. Por ejemplo, el año pasado conocí a los hermanos Gallagher, pero por separado, porque ellos no se llevan bien. Y los encontré encantadores y eso que esperaba a unos niños terribles que arrojaran los vasos por la ventana.

¿Por qué el rock inglés es el mejor del mundo?
-The Beatles y los Rolling Stones representaban en su época en los ‘60 la vanguardia de la revolución musical. Y, creo, que tenemos una fuerte ventaja lingüística con el inglés, que es la lengua mundial. Además que se generó en Londres, y en Liverpool sobre todo, un espíritu que siguió regenerándose en cada generación. Y, claro, eso nos hace tener la mejor música moderna del mundo.

¿Música chilena escuchas?
-Mi banda chilena favorita es Banda Conmoción. Oh, me encanta increíblemente. Y hablando un poco de Madonna, por lo único que he querido retar a Banda Conmoción, es por su impuntualidad. Para la noche de año nuevo, tenían previsto que se presentaran a las diez de la noche y al final subieron al escenario ¡a las dos de la mañana! Aún más atrasados que Madonna. Pero es distinto. Me encantan. Otro que me encanta es el rapero DJ Méndez.

¿En serio?
-Yo me crié un tiempo en Suecia como él. Existen temas suyos en sueco y como hablo en sueco, mi sueño sería conocerlo para cantar en sueco sus temas.

A Propósito de Madonna, en Twitter, luego de su bochornoso concierto, pusiste que menos mal que habías regalado las entradas y que Elton John en Chile no haría lo mismo…
-Personalmente, encuentro irrespetuoso lo que hizo Madonna. Elton John no lo haría. Es el típico inglés y nos destacamos por ser muy puntuales.


LA MONARQUÍA
¿Cuál es tu relación con la monarquía?

-Estoy a favor. Siempre les pregunto a los que se oponen a ella, y que son el 20% en Gran Bretaña, con qué querrían reemplazarla. Un Estado moderno requiere de un jefe del Estado y si el Reino Unido se convirtiera -lo que no va a ocurrir, te lo prometo-; pero si se convirtiera en una república y entiendo que el jefe de una república es un presidente, ¿a quién pondrían? ¿a uno poderoso con poderes políticos como en EE.UU. o Francia, o uno simbólico, como en Irlanda o Alemania? No veo por qué abolir y destruir una tradición que, efectivamente, ha durado más de mil años sin tener mejor alternativa. Además, que la abrumadora mayoría de los británicos, independientemente de sus sentimientos, no están a favor de abolir la monarquía.

Algunos reclaman por el supuesto costo de mantenerlos…
-Bueno, en Twitter me han comentado unos chilenos lo mismo. Pero, la verdad, el costo de mantener a la familia real equivale, si no me equivoco, al 0, 001% del PIB. Muy poco. Y, más encima, el lado atractivo de la monarquía es que atrae a mucho turismo. Y tampoco son tantos los familiares de la familia real mantenidos por el Estado. Son pocos, unas diez personas, a lo más. Y trabajan harto.

¿En serio?
-Sí.

¿En qué?
-Encabezan muchas fundaciones, acuden a inaugurar muchos edificios. Es como el oficio protocolar que tiene un presidente como Piñera. Y esa es la función de la monarquía, representar la tradición y lo protocolar.

GUACHACA LONDINENSE
Chile también es monárquico. Hay reyes para todo: para el mote con huesillo, las papas fritas…

-Jajaja. Sí. Pero no queremos imponer a ningún país ninguna monarquía y no queremos que nos manden a cambiar nuestra monarquía, tampoco. A mí acá no me coronaron rey, pero sí como el gran compipa ilustre de los guachacas junto con el rey. Un gran reconocimiento.

¿Te sientes guachaca?
-Tengo algo de guachaca londinense. Pero me eligieron en reconocimiento de mis esfuerzos tras el terremoto. Me fui con la comunidad judía a construir mediaguas a los damnificados en Chillán, pasando piola, pues nadie sabía quién era yo allí en un comienzo, era uno más de los constructores que habían.

Cuando te eligieron Gran Compipa, te regalaron una garrafa de pipeño. ¿Te tomaste la garrafa?
-Debo confesar que sí, pero no me gusta mucho la garrafa, la chicha, etc. Prefiero las cervezas artesanales chilenas, sobre todo las oscuras.

¿Y te gusta La Piojera?
-Sí, de vez en cuando voy. ¿Sabes? Te tengo una confesión.

¿Qué cosa?
-No me gusta el terremoto.

¿Por la caña infernal?
-No. Menos mal que no. Por el sabor. No me agrada tanto. Quizás por el comentario que me hizo alguien la primera vez cuando lo probé.

¿Qué te dijo?
-Me dijo “el terremoto, cuando lo bebes, tiene ese sabor porque ha sido bebido anteriormente por otra persona”. Teniendo ese concepto en la mente, no logré aguantar y no me gusta.

¿Alguna picada qué recomiendes?
-Chang Cheng por la comida china, en avenida Las Condes. Es mi favorito. En todo Santiago, sé que es medio cuico, pero la azotea del doble W. Tiene una vista impresionante.

¿Qué te parece Costanera Center?
-He ido como dos veces. No soy bueno para los mall. Odio hacer las compras. Estéticamente, mejor dentro que afuera, jajaja. Pero, bueno, Chile ahora tiene la torre más alta de Sudamérica, lo que no es menor.

¿Has aprendido garabatos?
-Sí. Cuando llegué a Chile, un amigo me dio una enseñanza de una hora de los múltiples uso del hueón, hueá y la raja.

¿Y cuál te gustó más?
-El “te voy a volar la raja”, pero no es garabato, y el “no me hueí, hueón”. Pero a mis casi 50 años es imposible que emita un verdadero garabato chileno. Pero me encantan.

Y el doble sentido, ¿lo entiendes?
-Sí. Pero he cometido errores. Muy recién puse en Twitter cuando cumplí tres años acá: “hoy cumplo tres años en Chile, gracias a mis amigos por la buena cogida!”. Me faltó una sola a y me agarraron para el hueveo.

SU CHILENA Y CONDORITO
Te enamoraste de una chilena con la que tienes un pequeño hijo. ¿Qué te gustó de la mujer chilena?

-¿En general o de una sola, jajaja?

En general.
-¿Estás tratando de hacerme pisar el palito?

Habla de la tuya, entonces. ¿Es celosa, cariñosa?
-Sí, sí, todo eso. Y, bueno, como en muchas otras culturas, a primera vista, en la superficie, Chile puede parecer muy machista, pero tengo la impresión que dentro de los hogares mandan las mujeres.

Te gusta Condorito. De hecho tiene dos gatos. Uno se llama Condorito y la otra Yayita….
-Primero que nada, cuando aprendí español y no lo dominaba muy bien, utilizaba a Condorito como herramienta de enseñanza del español y los chilenismos.

¿Qué aprendiste de tus lecturas de Condorito?
-El humor chileno. Lo encuentro una figura cultural chilena muy destacada. Después del terremoto, financiamos un proyecto en Pelluhue y no sé por qué siempre le digo Pelotillehue, jaja. Pero me encanta. Espero no equivocarme en público, eso sí jaja.

¿Algún mensaje para The Clinic?
-Sí. Encuentro que su visión política es muy acuciosa. Me hace reír mucho. Y, al igual que la revista Condorito, me ha servido de herramienta lingüística para perfeccionar mi chileno. Lo encuentro genial. Y veo a The Clinic, digamos, como la única publicación de esa índole que refleja a ciertos sectores, así que es súper necesario en una democracia. Así que soy hincha de The Clinic. Y aprovecho de mandarle muchos saludos de fin de año a los lectores.

¿Algo más que desees agregar?
-Que cumplo 50 años el 19 de enero y , por favor, incluye mi dirección de twitter, @JonBenjamin19, para que los lectores me sigan.