Vía Lanacion.com.ar

Rafael Nadal vuelve a jugar, lo hace después de casi 7 meses. Pasaron 222 días desde que cayó en la segunda rueda de Wimbledon ante el checho Lukas Rosol, el 28 de junio último. Desde entonces, una lesión en su rodilla izquierda lo martirizó y lo alejó de las canchas. Descendió al quinto puesto del ranking, pero esta semana, en Viña del Mar , el español entrará de nuevo en acción y lo hará esta tarde, desde las 18, en Chile, en un partido de dobles en pareja con Juan Mónaco. Desde mañana, competirá en el cuadro de singles y, en su presentación, chocará ante un rival argentino.

El regreso supone volver a los costumbres, al día a día del tenis, algo que Nadal dejó por varios meses para recuperar su rodilla. Está feliz Rafa, pese a que aclara que llega con lo justo físicamente. Pero seguro por dentro ya siente la adrenalina por competir. Para él también es la vuelta de sus rituales, los que hace cuando juega y también antes de cada partido, algo que detalla en su biografía (“Rafa, mi historia”), escrita por el periodista John Carlin.

¿Cómo es esa rutina de Nadal? Todo empieza 45 minutos antes de los partidos. Es el momento en que en el vestuario Rafa se da una ducha de agua helada. “Es el primer paso de lo que yo llamo el ritual anterior al juego. Bajo el agua fría, entro en un espacio distinto en el que siento crecer mi fuerza y mi resistencia. Cuando salgo soy otro, me siento activado”, cuenta Rafa en su libro.

Luego, Nadal se aísla y escucha música con auriculares, mientras le pone los grips a las empuñaduras de las seis raquetas con las que sale a la cancha. “Vienen con una cinta previa de color negro; yo pongo una cinta blanca encima de la negra, le doy vueltas y más vueltas en sentido diagonal. No necesito pensar en lo que hago, simplemente lo hago. Como si estuviera en trance”, relata el español.

¿Cómo sigue? Luego, uno de sus ayudantes lo masajea y lo venda en las piernas por debajo de la rodilla. “Las vendas impiden las irritaciones y calman el dolor si aparece. Hacer deporte es saludable para las personas normales, pero el deporte a nivel profesional no es bueno para la salud”, reflexiona Nadal.

“Cuando terminan de vendarme, me levanto, me visto y me mojo el pelo. Luego, me pongo el pañuelo en la frente. Es otro movimiento que no requiere ninguna clase de reflexión, pero lo realizo despacio y con cuidado”, dice Rafa, al que después le vendan su mano izquierda, con la que juega. Entonces, el español empieza a realizar una serie de ejercicios violentos en el vestuario, que, según sus colaboradores, son los empiezan a intimidar a los rivales, que comparten vestuario con él. Salta y corre de un extremo a otro, siempre escuchando música.

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