Texto del Doctor Walter Ghedin para Entremujeres.com

Es un trastorno del deseo que afecta, según las estadísticas, al 6% de la humanidad. Las ganas de tener relaciones sexuales es constante e imparable, afectando severamente la vida de quien lo sufre. Afecta a hombres y mujeres de 20 a 45 años.

Hay palabras que aluden socarronamente a comportamientos sexuales, favoreciendo a un género y denigrando al otro. Un hombre con alto deseo sexual será considerado un “buen macho”. Sin embargo, pocos saben que el término “satiriasis” designa a estos hombres insaciables. Por el contrario, una mujer que demuestre una vida sexual muy activa será considerada, desde el vamos, “ninfómana”, afectada de “fiebre uterina”, “perra”, o simplemente “puta”.

Se denomina Hipersexualidad al incremento del deseo sexual, acompañado de una fuerza inevitable que mueve al sujeto a tener contactos sexuales con otros o a masturbarse, con una fuerte carga de culpa posterior. La sensación erótica no es placentera: hay fantasías intrusivas, búsqueda de contactos rápidos, dificultad para pensar en otros temas y un inevitable deterioro en la vida social, laboral, académica y de pareja.

La persona siente que tiene que saciar en forma urgente su necesidad sexual, lo que provoca inquietud interna, ansiedad, conductas de riesgo, descalabros económicos (gastos en prostitutas, casas de masajes, pornografía, tour sexuales, etc.), pérdida de trabajo (inasistencias, falta de concentración, aislamiento), etc.

Para algunos autores, la hipersexualidad es considerada una adicción, por lo cual cumpliría con los requisitos de dependencia psicológica (necesidad subjetiva), física (perturbación corporal) y tolerancia (tener cada vez más contactos para saciar el deseo). Se la denomina “la adicción silenciosa” porque no tiene la visibilidad de los abusos de sustancias, los adictos al juego, las compras sin control o los desórdenes en la alimentación. Casi un 6% de la población mundial sufriría de algún tipo de hipersexualidad.

Es importante diferenciar que tener deseos intensos y frecuentes no es sinónimo de hipersexualidad. Todos solemos reconocer cuándo estamos más dispuestos a los contactos eróticos, y hasta es posible determinar qué tipo de estímulos incrementan el deseo. Es una grata sensación que nos sensibiliza, preparándonos para sentir placer. En la hipersexualidad el deseo se mezcla con el impulso, el placer con la tensión, la tentación con la moral, el riesgo con la preservación de uno mismo.

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