Texto de El Confidencial

“El uso de antibióticos en granjas está asociado directamente con la transferencia de bacterias resistentes a los mismos de animales a humanos”, señala James M. Tiedje, investigador de la Universidad Estatal de Michigan. Se trata de un problema conocido, sobre el que las autoridades europeas y estadounidenses habían tomado medidas; pero, hasta ahora, nadie había investigado cómo gestionaba el asunto el mayor productor de antibióticos del mundo: China.

Tal como señala Tiedje en un estudio publicado esta semana en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), “en China el uso de antibióticos para tratar enfermedades en animales, y como aceleradores del crecimiento, no tiene control alguno, lo que generalmente provoca un uso indiscriminado de estos, que se refleja en las altas concentraciones de residuos de antibióticos (cientos de miligramos de tetraciclina por kilogramo) que se detectan fácilmente en las heces de los animales”.

El investigador estadounidense, con la ayuda de varios científicos chinos, ha analizado la presencia de genes resistentes a los antibióticos (ARG, por sus siglas en inglés) en tres granjas porcinas de distintas regiones del país asiático, tomando muestras del estiércol que se producía en éstas, el compost resultante, y los suelos donde se había vertido éste. En su opinión, el estudio demuestra que “los ARG en las granjas porcinas de china no sólo son diversos, además son extraordinariamente abundantes, lo que provoca una alta probabilidad estadística de que se dispersen, surjan nuevas mutaciones y se produzca una transferencia horizontal en el ambiente”.

Un peligro más cercano de lo que parece

Para Alfonso Carrascosa, investigador del área de microbiología del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación del CSIC, el peligro que conlleva el uso indiscriminado de antibióticos en el ganado es una “obviedad” que, por desgracia, muchos países no tienen en cuenta. Tal cómo explica el científico, el uso no selectivo de antibióticos en animales puede traer dos problemas: “En primer lugar, la bacteria que desarrolla una mutación que la hace resistente a los antibióticos puede ser patógena, y si la comemos o nos exponemos a ella provoca una enfermedad para la que el antibiótico no sirve. En segundo lugar, las bacterias pueden transferir los genes resistentes a los antibióticos a otras bacterias próximas, entre ellas las que provocan enfermedades en los seres humanos”. Estos fenómenos, junto a otros similares, han dado lugar al desarrollo de bacterias resistentes a los antibióticos: las “super bacterias” que mantienen en vilo a la comunidad científica.

En el caso concreto de los cerdos chinos, el peligro para las sociedades occidentales es mayor de lo que parece. “El cerdo tiene en su intestino un reservorio importante de salmonela”, explica Carrascosa, “y esta puede trasmitirse por las heces que están en contacto con el agua que luego acaban bebiendo los humanos”. De ahí a su contagio a otras latitudes, cuenta el investigador, sólo hay un paso: “Las cepas resistentes de cualquier bacteria patógena pueden trasmitirse de muchas maneras. No tienen una masa apreciable, vuelan y están en el mar. Hace poco descubrieron incluso que había bacterias en la estratosfera. En definitiva, pueden migrar a cualquier país gracias a diversos fenómenos meteorológicos pero, además, a través de los movimientos de masas poblacionales. La gente va y viene de china todos los años”.

Ver nota completa en El Confidencial