FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES

Hace unos meses, Ascanio Cavallo publicó su libro más personal: “Historia de mi madre muerta” (Uqbar Editores). Ahí revela los secretos que le guardó por mucho tiempo su mamá, Ánjela Custodia. Cuenta, por ejemplo, que antes de nacer él, ella tuvo otra vida, otra familia, otro esposo y tres hijos más, a los que abandonó en el sur. Él se enteró del secreto de su madre, a fines de los setenta, estando en la universidad, de la boca de ella misma. Pero no quiso ahondar más y se calló: nunca le preguntó nada, ni la enjuició jamás. Su mamá murió en 2011 y se llevó su verdad a la tumba.

Recién el año 2009, apareció una sobrina perdida del sur, hija de uno de sus tres hermanos, que quería conocerlo. Al principio, se hizo el leso. Pero, luego de las insistencias, se juntó con ella, en 2012, en una estación bencinera en las afueras de Duqueco. Ahí escucharía por primera vez hablar de su otra familia y comenzó a armar el puzzle: su mamá no había abandonado a sus hijos, sino que los perdió en un juicio que le hizo su ex esposo y que los visitaba de vez en cuando.

En ese entonces, con su madre muerta, planeaba escribir un libro sobre ella. Pero no la historia solamente de ella, sino la de las mujeres del siglo XX. “Era otra manera de ver este asunto, del lado de las mujeres domésticas. Y, por lo tanto, eso tenía ciertos significados políticos que yo no había visto y que me interesaba transmitir”.
Y, claro, después se te complicó con tus secretos familiares…

-En realidad no eran tan secretos y me di cuenta que ambas cosas tenían relación. Y eso hace un libro híbrido. No es un libro íntimo. Es más bien personal. Porque si fuera íntimo tendría que ver con mis problemas y no los de ella. Y esta no es mi historia, si no la de ella.

Pero es tu historia a la larga…
-Supongo que es inevitable que así sea. Pero no es mi historia. Pucha, mi historia o es más negra o es más blanca, no estoy seguro, pero no es la misma. Tendría que escribir otro libro para contar eso. Pero quizá sea un libro que nunca escriba.

¿Por qué quisiste contar la historia de tu madre estando muerta y no antes?
-Originalmente, no tenía totalmente claro lo que iba a escribir. No sabía si iba a tocar a ciertas personas, a ofender a alguien, a escribir algo que a ella tampoco le gustara. Preferí que ese terreno estuviera completamente despejado y eso sólo podía ocurrir, no cuando ella estuviera con alzheimer, como le pasó durante muchos años, porque eso habría sido traicionarla por la espalda… No, tenía que esperar a que muriera.

Tu mamá te habló de sus hijos pero no ahondó en detalles. Tampoco le preguntaste nada. ¿Nunca sentiste rabia, enojo?
-Sí, sí. Pero no es enojo. Es un sentimiento difícil de explicar. Es como esa espina que tienes clavada con respecto a alguien que en verdad tú dices “esto no pudo ocurrir, no puede haber estado bien”.

¿Nunca le sacaste en cara nada?
-No. Habría sido canalla no preguntar y sacar en cara, no, no.

Pero quedarse callado….
-Es que nunca se tocó el tema. Nunca fue materia de discusión ni en conversaciones. Ni siquiera me lo dijo mi papá que sabía bien la historia. Y no había interés en meterme a mí en el medio de la cuestión, cosa que francamente les agradezco, porque también creo que es lo que uno debe hacer con los hijos, no meterlos en cosas añejas, totalmente envenenadas, llenas de rencores y de odios.

¿Pero nunca tuviste algún reproche?
-Sí, tenía un reproche no dicho y ese reproche se me empezó a despejar con Rocío (su sobrina del sur). Y ese reproche era que obviamente habían unos niños que habían sido abandonados, dejados, entregados, llámalo como quieras…

Tu sobrina tenía una visión mucho más benevolente con tu madre que la tuya…
-Claro. Mucho más. Le habían perdonado todo en algún punto, aunque en algún otro le deben haber reprochado mucho también.

No preguntar nada, te debe haber generado un montón de especulaciones sobre tu mamá…
-Por supuesto. Pero no tenía gran interés en ahondar.

¿Nunca pensaste cómo serían tus otros hermanos?
-No, no, no. Pero todo comenzó a enredarse cuando apareció la Rocío. Ahí me di cuenta que las dos cosas eran inseparables y tenían algo que ver, que el problema de liberación de la mujer, no era solamente público, sino que también tenía que ver con la vida privada, con cómo vivían el matrimonio, con qué significaban los hijos.

Y te diste cuenta que el caso de tu mamá no era aislado.
-Claro. Bueno, lo primero que me pasó fue que di a leer el manuscrito, antes que lo mandara a la editorial, a algunas personas amigas. Y lo que descubrí era que todo el mundo tenía historias parecidas. Y esto hizo darme cuenta que este era un país, en la mitad del siglo XX, que tenía muchos cadáveres en los armarios de la familia, que era muy frecuente este tipo de cosas y que habían otras peores que ésta.

LA MAMÁ CONTRADICTORIA

Tu mamá era totalmente contradictoria en lo político. Apoyó a Ibáñez, a Frei…
-Rarísima. Pero lo más raro, es que siendo de derecha, partidaria del Golpe, la apresaran y la llevaran a Tejas Verdes. Y que al salir de ahí, lo hiciera más pinochetista que nunca.

¿Por qué le habrá pasado eso, que se haya puesto más pinochetista?
-Conocemos, pero funciona en otro plano, el llamado Síndrome de Estocolmo, donde los secuestrados terminan amando a sus secuestradores. Algo de eso está en la sicología del que niega la culpa de los otros.

¿Eso le podría haber pasado a tu madre?
-Es que no hay ninguna otra explicación…y, por supuesto, esto es muy loco, no lo entiende nadie…. Lo que no fue ella fue ser allendista, porque la Unidad Popular le parecía una cosa espantosa. A mí me costó entender eso hasta ahora, justamente por la mujer de hogar, dueña de casa, que ha tenido pérdidas en su historia muy dolorosas y cuyo último refugio es la casa. Y es la casa conservadora, no la casa abierta y popular, ni con ENU, ni con interventores, ni con JAP. Lo que te quiero decir es que ella fue cambiando de posiciones, pero dentro de un marco democrático: apoyaba a Ibáñez, a Frei, a Allende no y claro su pinochetismo era el resultado de su anti allendismo. Y, para que veas, después de ser pinochetista, se aburrió de eso y terminó haciendo campaña al NO y amaba a Frei.

¿Por qué crees que la tomaron presa siendo que era pinochetista?
-No tengo ninguna información. He pensado en la situación peor: que ella hubiese delatado, lo que me parece completamente posible, porque la cantidad de gente que delató a otra gente en esa época, era como la mitad de Chile, o sea, los héroes de hoy no existieron en esos días. Y la gente lo hacía casi de forma deportiva, porque no teníamos idea del nivel de violencia que iba a pasar. En cambio, tengo mucha evidencia acumulada respecto de lo torpe y masiva que fue la DINA respecto de mucha gente. Hernán Valdés tiene un libro llamado Tejas Verdes, uno de los que más me perturbó cuando leí, porque era el primero que contaba historias del lugar donde había estado mi mamá… Y tampoco había razón para detener a un tipo como Hernán Valdés que no era un dirigente político, sino que sólo militante de izquierda. Lo que te quiero decir, que en esa oleada torpe, estúpida, masiva de la DINA pudo caer mucha gente, entre ellas mi madre.

PENAL CORDILLERA

Se cerró el penal Cordillera. Algunos dicen que esto marca el final de la transición. ¿Es tan así?
-No, ya llevamos como ocho fines de la transición. La transición se terminó cuando Pinochet dejó el ejército en el año 98. Tanto que después lo tomaron preso. Yo no puedo entender por qué se llama Penal Cordillera una cosa que es una esquina de un regimiento. Lo que llama la atención es la colección de gente que hay ahí. Uno diría, bueno ya, están los generales, pero en realidad me parece que había tres generales nomás: Contreras, Mena y Salas. No me queda claro el criterio por el cual llegaron ahí. Aquí no hay militares sancionados por estafa, ni tampoco por asaltos, sino que están todos condenados por derechos humanos.

Lo que lo hace más indignante aún…
-Lo que lo hace más terrible o menos terrible, depende de donde lo mires. No estoy tan seguro que quisiera que esa gente estuviera en contacto con reos comunes.

¿Por qué no?
-Me parece que son dos categorías del mal completamente distintas. Algunos dicen que por razones humanitarias, que los pueden matar, pero qué pasa si es al revés, si los adoctrinan, qué pasa si los convencen de otras cosas, porque son gente más inteligente. Entonces, no estoy tan seguro. En fin, mi opinión importa un bledo.

La conmemoración de los 40 años del Golpe, tomó bastante mal a la derecha
-Los metió en una trampa, como dijo Evelyn Matthei, de la cual aún no pueden salir. Es bastante incomprensible, porque pucha, el aniversario se conocía desde siempre.

Se conocía desde hace 40 años.
-Claro. Es verdad. Hace 40 años se sabía que se iban a cumplir 40 años. Y que después venía el aniversario del No, también se sabía. O sea, que el mes era cargado. Algunos de ellos subvaloraron la importancia de la memoria histórica y el hecho de que este es un tema que hoy día le interesa más a la gente joven. Suponían que esto era al revés, de que esto iba a quedar en los viejos y en realidad se ha ido trasladando a los jóvenes de la manera con la que uno puede concordar o disentir. La historia es una máquina muy pesada de moverse. Hoy tenemos más matices de, por ejemplo, lo que fue la Unidad Popular. Hace unos años la UP era una especie de templo al que no podías entrar con ninguna crítica. Y hoy no hay nadie que desconozca que los propios partidos fueron desleales con Allende, que el ultrismo fue una cosa fatal para la coalición.

Esto ha demostrado que la derecha liberal no existe y que más bien hay una ultra derecha.
-No. Lo que pasa es que el efecto es muy malo. Yo creo que existe una derecha liberal. Lo que pasa es que muchos estarían de acuerdo con lo que dijo Piñera, pero lo dirían en otro momento.

¿Y si no es ahora, en qué momento?
-No sé. Este es el peor momento para estar de acuerdo.

Yo creo que el otro año, cuando Piñera sea un ciudadano más, le van a estar sacando la cresta en la derecha.
-Eso sería normal. Yo también se la sacaría si quiero impedir que sea candidato el 2017. Es lógico. Aquí lo que llama la atención es que estando todo previsto, fuera como si los hubiesen agarrado por sorpresa. Ellos deberían haber estado preparados primero para que el aniversario fuese jodido; segundo, para que hubiesen manifestaciones juveniles; tercero, para que los partidos los hincharan, cuarto, para que el presidente dijera lo que se le ocurriera. Para todo eso era posible estar prevenido. Pero lo que no es posible es que hoy digan “es que nos tomó por sorpresa”. Eso es rídiculo. Son muy malos políticos. Si la explicación es esa, la conclusión es que en la derecha hay muy malos políticos.

Melero, por los cómplices pasivos de los que habla Piñera, dijo que le había dolido porque ellos habían trabajado para recuperar la democracia. Qué patudo.
-Estaban convencidos, y no es totalmente falso, que ellos-la gente que hoy es de la UDI- presionaron para que haya una Constitución que fue la de la 80. Lo que no se puede negar es que sin Constitución, esto habría sido mucho peor. La Constitución fue un corsé: obligó a Pinochet a meterse en un trajecito que le apretaba un poco, que le fue apretando cada vez más y tanto que lo obligó a hacer un plebiscito, que más encima perdió y que lo obligó a reconocer la derrota. Bueno, dicho en el contexto electoral suena muy mal, pero no es totalmente falso. Ahora que eso parezca una frase cínica, revela que la opinión está muy endurecida todavía. Yo también encuentro que la idea de cómplices pasivos, sin precisar a qué se refiere, es un poco excesiva.

¿Por qué excesiva?
-Porque Piñera mete a todo el mundo en el mismo saco.

¿Y a quién se estará refiriendo? ¿a gente de su mismo sector, como Larroulet, Novoa?
-¿O a Allamand o a la Matthei? Es muy general. Puedes decir todos fueron cómplices pasivos, pero eso no sirve: no tiene aplicabilidad operativa. Entonces, tiene el defecto que por ser genérica puede ser tremendamente injusta, no digo con quién, pero puede ser tremendamente injusta. Pero, claro, además lo hace en un contexto que hace imposible que su propio sector le responda, que se defienda… ¿Cómo lo hace en medio de una campaña electoral?

Termina perjudicando a Evelyn Matthei.
-Totalmente. Imagínate, pongámosle, que Evelyn Matthei como dijo ella tenía 20 años. Esa es una mala respuesta. Bueno, pero ¿y él papá? El papá era cómplice más que pasivo. Era miembro de la junta. Ya metiste la cuestión en una moledora de carne.

Cómo vislumbras el futuro de la Alianza. Escribiste una columna de la derecha hace poco que…
-Uf, he escrito varias. Es que ahí está el tema, porque en la Concertación no pasa nada, la cosa está más fome ahí. La Alianza ha sido el tema y desde septiembre nos quedó en el columpio y no se ha bajado todavía.

Pero la Alianza ya viene columpiándose hace rato…
-Claro. Piensa que la Evelyn asumió la candidatura como el 10 de agosto. O sea, ya faltaba poco para el once…Y nunca había ocurrido que cayeran tres candidatos potentes en tres meses. Si eso mismo le hubiese ocurrido a la Concertación, la situación hubiese sido idéntica y estarían en el columpio. Imagínate, Bachelet hubiera renunciado y después hubiera venido… es que ni se me ocurre el segundo, jajaja. Ya, Ignacio Walker, una cosa insólita. Claudio Orrego, no sé.

Tuvo suerte la Concertación esta vez…
-Claro, pero para el 2017 no tienen nombres.

Bueno, te quería decir que en tu columna “El karma negro”, vislumbrabas un futuro sombrío, calamitoso, para la derecha.
-Bueno, este mes ha sido así, no digo que vaya a seguir así. En algún momento, tendrán que salir de este túnel. Y, bueno, la UDI siente que el gobierno de Piñera la empuja a hacer cosas que no quiere hacer. Entonces, está obligada a obedecer y Piñera no les obedece. Ese es su karma negro.

EL VOTO

¿Votarás?
-Siempre voto.

¿Tienes candidato o candidata?
-Nadie sabe por quién voto. Ni mis hijos. Nunca lo diré. Te juro que nadie lo sabe. No me interesa meter mi opinión.

Pero en tus columnas lo haces…
-Creo que no. Trato de mantenerme en la posición más analítica posible, pero de repente puede que se me cuele algo que parece un juicio, pero no es mi propósito. O sea, si opinara lo que pienso, cómo te explico, serían un escándalo mis columnas.

Te aventuraste en decir en una de ellas que Lagos no terminaría su gobierno por el caso Mop Gate. ¿Fue un error decirlo?
-Mucha gente piensa que alguien que escribe una columna política- y sobre todo un periodista como yo- escribe lo que quiere que ocurra. Y no, yo no quiero que ocurra nada. Me da exactamente lo mismo lo que ocurra. Lo que trato de hacer, es registrar lo que está ocurriendo. Y lo que esa columna decía es exactamente lo que yo había oído dos noches antes en una reunión con figuras importantísimas del gobierno de Lagos y todo esto se producía porque una ministra en visita tenía toda la intención de citarlo a declarar. Eso está escrito en esa columna, pero Lagos se picó, se enojó su gobierno, me llegaron toda clase de recados diciéndome más o menos que este era casi como un acto subversivo. ¿Te fijas?

¿Alguien más se ha picado?
-Sí, varios, pero no me lo dicen mucho.

¿Qué es más difícil escribir sobre política o cine?
-De cine, por supuesto, porque cambias de tono… la política, entre otras cosas, es más predecible.

¿Qué haces cuando las películas son muy malas?
-Es que lo que pasa es que escribo una vez a la semana en El Sábado en una sección de guías para el fin de semana. Entonces, no puedo escribir sobre películas malas. Me ha pasado que me ha tocado hablar de películas muy malas, pero lo he dicho.

¿Te ha pasado con películas chilenas?
-Soy más bien benevolente con el cine chileno. En la posición del crítico si escribes mal sobre Batman, no le pasa nada. Pero con el cine chileno, que está en una sala, que tiene pocos espectadores, le pegas un pencazo y realmente la puedes dañar. Entonces, si es mala prefiero no escribir nada. Prefiero marginarme. Y muy pocas veces he estado obligado a escribir algo de una película muy mala. ¿A ver, en qué caso importante? Imaginemos una película chilena muy resonante, que le esté yendo bien, creo que fue el caso de Kramer y Kramer, sí, esa. Esa película no me parece que sea cine, es un show de televisión. Esa no podía dejar de comentarla, aunque yo habría evitado, porque no me parece cine.

Y lo hiciste…
-Y debo haber dicho que no era cine.

A principios de año, sacaste con Antonio Martínez el libro “Chile en el cine”. A propósito, ¿de qué forma aparece Chile?
-Yo y mi generación creció pensando que Chile era parte central del mundo. O sea, el Golpe de Estado era central en toda la humanidad, que el gobierno democratacristiano estaba dentro de los grandes gobiernos democratacristianos del mundo, que el partido comunista se fundó cuando se fundaron todos los partidos comunistas del mundo y que no fuimos a la guerra porque los gobiernos radicales eran medios pillos. Y lo que han hecho estas películas es que te demuestran que no: que Tombuctú está siempre más cerca que Chile.

Qué lata darse cuenta de eso.
-Es fuerte constatarlo. Chile es una abstracción y una estación final para el cine. Es un lugar abstracto. Sabes que existe pero no lo has visto. Es una idea de país, más que un país en sí mismo. Y es terminal, porque es el último lugar donde se llega. Lo más característico es la lejanía y el frío, que vendrían siendo los dos grandes drivers, los dos grandes definidores de la idea de Chile visto desde fuera. Chile es el último lugar del mundo, pero además es frío y tiene cosas pavorosas como el Cabo de Hornos donde chocan los océanos. Y, en cuanto a figuras, tenemos tres grandes que forman la idea de Chile en el extranjero: Pablo Neruda por lejos, Augusto Pinochet y Salvador Allende. Y te lo estoy dando en orden cuantitativo. O sea, que en el cine aparece más Pinochet que Allende.

¿Y Pinochet siempre es el malo o aparece como bueno también?
-Siempre encarna el ideal malo, del mal, de la traición. Prácticamente, no hay menciones positivas a Pinochet. Pero sí hay cosas burlescas, pero nadie que lo admire. La más divertida de todas, donde lo interpretan, es una película que se llama en español Marcha de Espía, donde aparece como un general totalmente ratonil, delgado, flaco y con una cara de traidor impresionante. Por supuesto, no se parece en nada, nada. Pero da lo mismo, porque es Pinochet y además es muy divertido porque Allende le habla en italiano: “generale, Pinochet” ja, ja, ja.

¿Y Allende cómo aparece?
-Generalmente, como una figura cúspide. Pero hilando más fino, aparece como una figura imprecisa que la gente del mundo le tuvo simpatía. El cine es una cosa siempre más o menos vinculada a la izquierda en todo el mundo, pero en este caso, no sabían muy bien lo que era Allende. No entienden mucho lo que está haciendo este señor y por lo tanto se quedan con la parte final que es su sacrificio.

No sé si has visto la serie Breaking Bad…
-No, no veo series. Encuentro que son muy contradictorias con el cine, a pesar que algunos creen que es la continuación del cine, yo creo que no. Y ya la idea de una serie me tira para atrás. Y se ha producido una cosa loca en la gente que les gustan mucho las series. No las ven mientras las dan, sino que compran paquetes y pasan cuatro días encerrados viéndolas. Una locura.

Te preguntaba por esa serie, porque ahí el más malo de todos es un chileno y empresario más encima
-¿Ah, sí? Jajaja, está bueno.

No encuentras raro que nuestros empresarios malos sean de exportación…
-No, pero hay de todo. No diría que hay un patrón del chileno malo. No, no, no.

¿Por qué te pusieron Ascanio?
-La única explicación que conozco es una novela de Alexandre Dumas llamada Ascanio y que son dos tomos. Esa novela estaba en mi casa y entiendo que esa fue la razón por la cual mi papá me puso así. Por supuesto, que en ese libro, Ascanio era un príncipe.

¿Y te sientes un príncipe?
-Lógico ja, ja, ja. El único país donde he encontrado ese nombre, es en Panamá donde hay dos héroes que se llaman Ascanio.