Ascanio Cavallo: “No creo que haya sido tan difícil para el mundo de la Concertación votar por Boric como lo está siendo votar por Jara, no había esa sensación de ‘estoy votando a la fuerza'”
Ascanio Cavallo analiza el reordenamiento del mapa político chileno a días de la elección presidencial. Desde la caída de Matthei hasta la consolidación del bloque de derechas y la deriva del oficialismo, el periodista observa un escenario en que la sorpresa ya no pasa por quién pasa a segunda vuelta -Kast y Jara, según indican las encuestas-, sino por cómo cambia el poder dentro de cada sector. "Yo creo que va a haber que estudiar cómo se está reconfigurando el electorado, la ciudadanía que vota", dice.
Por Isabel Plant 8 de Noviembre de 2025
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Por teléfono, se le pregunta a Ascanio Cavallo, Premio Nacional de Periodismo, escritor, analista político hoy en T13 Radio y La Tercera, si tiene entusiasmo y tiempo para dar una entrevista sobre el panorama político previo a las elecciones del domingo 16 de noviembre. Él bromea que “entusiasmo jamás”, pero puede ser que tenga una hora para sentarse a conversar en la semana.
Días después, recibe a The Clinic en el living de su departamento, donde una de sus varias bibliotecas -la con literatura y arte-, rodean los sillones. Para las fotos insiste en ponerse la chaqueta y, luego de ofrecer bebestibles, se instala a repasar la actualidad nacional.
—Hablemos de la temperatura ambiente. ¿Cuánto cree usted que influyen hechos noticiosos de coyuntura en lo que va a pasar en la elección del próximo domingo? Dígase, por ejemplo, las cuentas de la luz o el anuncio del cierre de Punta Peuco. ¿Tienen una incidencia grande en lo que vamos a ver en las próximas elecciones presidenciales?
—Grande no creo. No todos los hechos son iguales, algunos tienen mucho mayor impacto que otros, pero me parece que hay un margen, un porcentaje que está más o menos calculado y que es de cerca del 20%, que tiende a tomar las decisiones muy a última hora. Pero la mayoría, tiene la decisión de voto tomada desde hace ya bastante rato. Y eso explica por qué los números de las encuestas durante meses se han estado moviendo en los márgenes de error. Un movimiento de tres puntos era registrado como una novedad. Así que yo creo que la mayor parte está decidida.
—Lo que quiere decir que, si las encuestas tienen razón, no debería ser sorpresa que pasen a segunda vuelta Jara y Kast.
—La sorpresa sería otra.
—¿Como que Kaiser sea el que pase? Que haya crecido mucho en las últimas semanas. ¿O nunca tanto para alcanzar a un Kast?
—¿Qué es mucho? Si son tres puntos, es mucho por lo que estamos viendo en este periodo, pero no es mucho desde el punto de vista cuantitativo. Ahora, eso podría significar que pasara. Esta elección tiene una característica: es dos elecciones. Es una elección presidencial, primera vuelta, y otra que es una primaria en la derecha. Estamos viendo tres candidaturas que pudieron haber sido una, si hubiesen hecho las primarias en junio.
—Si hacíamos esta entrevista hace un año, la derecha parecía tener la carrera completamente ganada para La Moneda por la aprobación que tenía el Gobierno de Boric en ese momento, con una candidata muy fuerte que era Evelyn Matthei. Y se autofagocitó, cosa que hemos visto que ha pasado anteriormente con la derecha. ¿Se puede caer con la misma piedra varias veces?
—Se puede. No es la impresión que yo tengo en este caso. Yo creo que hubo una opción estratégica por no hacer primaria y trasladar la competencia de la primera vuelta. Es una opción que podría haber tomado la centroizquierda también. Y yo creo que muchos en ese mundo lamentan no haberlo hecho. Ahora, la sorpresa de que Evelyn Matthei se haya deteriorado tanto desde el año pasado es una sorpresa relativa, porque la hemos visto en forma progresiva. Vimos que este año se derrumbó alrededor de abril. Y ese sí que es un fenómeno. Ese yo lo encuentro un fenómeno sorprendente.
—¿Por qué? ¿Por ella como candidata? ¿O porque marca el fin de Chile Vamos como la fuerza más importante de derecha en el país hasta el momento?
—Un poco las dos cosas, pero habría que separarlas. Yo creo que es sorprendente que ella como candidata haya leído tan mal lo que estaba pasando en su propio sector y lo que estaba pasando con sus electores potenciales, y la dinámica que llevaba el país, que hizo que de pronto empezara a quedar atrás. Ese es un punto. El otro punto es que claro que hay una transformación de la derecha. De los tres candidatos principales, y digo principales porque habría dos más que cabrían en ese campo, como son Parisi y Mayne -Nicholls, de los tres candidatos principales, dos son anti Piñera, contrarios a las políticas de Piñera, al estilo de Piñera, al manejo de Piñera y a Chile Vamos, por extensión.
—Son críticos de hacer concesiones hacia el centro y marcarse como una derecha más pura. Pero eso también es una tendencia mundial. ¿O no? ¿Cuáles son las características de eso en la versión chilena?
—Que teníamos una hegemonía clara de Chile Vamos en el mundo de la derecha, no reciente, sino que histórica, desde los años 80 por lo menos. Eso es lo único nuevo. En lo demás sigue la evolución mundial. Eso es verdad. Ahora, la evolución mundial también hay que tomarla con pinzas, porque no en todas partes es igual. Hay países con tradiciones diferentes, culturales.
—No es lo mismo Giorgia Meloni que Javier Milei, por ejemplo.
—No, no es lo mismo. Lamentablemente las elecciones son cuestiones complejas, aunque a uno le gusta, por necesidad cognoscitiva, simplificarla. Pero son cuestiones bien complejas. Son dispositivos en los cuales se mezclan desde cuestiones identitarias que pertenecen a tu familia, tu grupo de referencia, tu historia, hasta cosas de coyuntura. Como decíamos al comienzo, los sucesos de la semana pasada. Las cuestiones ideológicas, las cuestiones culturales, educativas, de clase social, en fin de ingreso. Es una melange, como dicen los franceses, muy compleja.
—Volviendo a lo que me decía Evelyn Matthei, sobre ella como candidata: en elecciones anteriores también los candidatos que se tiraban tanto antes siempre terminaba muriendo en el camino. Como que ser candidato mucho tiempo es siempre un disparo en el pie.
—Es bien difícil calcular tanto. Digamos que de la transición para acá, el único que siempre se supo que iba a ser candidato es Frei y en segundo lugar Lagos. Los demás son todos aparecidos de última hora.
—Hay una cosa en el frescor de la novedad, quizás. Uno como votante se cansa de escuchar ciertos discursos.
—Creo que eso está más agudizado ahora. Porque es cierto que esos dos eran herederos, pero también es cierto que Piñera, por ejemplo, trabajó por muchos años, no fue candidato tantas veces, sino solo una antes de ser presidente, pero lo había pretendido. Tal vez el caso más trágico sea el de Marco Enriquez.
—Quinta vez, bajando cada vez más la votación.
—Y que, sin las circunstancias anteriores, esta era su elección. Llenaba todo el espacio que está sintiéndose medio huérfano y que, digamos, va a tener que tragar aceite ricino con cualquier candidato que vote.
—La discusión que se ha dado sobre los de votos sobre Matthei, por ejemplo la carta que algunos referentes de la Concertación firmaron, que ahora ha sido contrapesada por la comida que hubo con Carolina Tohá y otras figuras dándole su apoyo a Jara. ¿Es una conversación que se queda bastante en las élites, no? Y las élites no estarían marcando la decisión final de las votaciones.
—No, yo creo que ya es tarde para eso. En realidad haber resuelto este problema suponía decisiones mucho más drásticas. Como no hacer primaria, o romper el pacto o cualquiera de esas cosas que el gobierno se encargó de impedir. No, yo creo que esto es completamente marginal sí, de las élites. Y tarde.
—Siguen discutiendo quién pertenece a qué lado, quién cruza fronteras. Pero esos lados ya se borraron para gran parte del electorado chileno. Están peleando en otro espacio.
—Totalmente. Y las borró Michelle Bachelet en su segundo gobierno. Eso es lo que destruyó la Concertación para siempre. Creó la Nueva Mayoría, lo cual fue una manera de dinamitar la alianza, sacar de allí a la Democracia Cristiana y otros elementos más centristas; si tú quieres, convertirla en una alianza de izquierda. Y eso es lo que heredó Boric, claro. La Concertación ya es un objeto muerto, un objeto de paleontología, no tiene mucho sentido volver a eso, pero sigue siendo un referente imaginario para el grupo de personas que participó de ese mundo y por lo tanto se producen estas reuniones y estos actos simbólicos. Pero no creo que muevan nada de la aguja.
Nuevos momentos y nuevos votantes
—La anterior votación presidencial, Boric vs. Kast, ya marcaba un entierro de lo que quizá había comenzado con Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría. Cuál es la diferencia de esta elección, siguiendo esa senda. ¿Hacia dónde va encaminado este nuevo panorama político postransición?
—Bueno, esta elección puede ser entendida como una continuación de esa elección anterior y al mismo tiempo como una ruptura. Porque en ese momento no se había consolidado, y hoy día se consolidó, un abismo entre las dos posiciones. No creo que haya sido tan difícil para el mundo de la Concertación votar por Boric como lo está siendo votar por Jara, no había esa sensación de ‘estoy votando a la fuerza’. En el caso de la derecha un poco más tal vez. Pero bueno, a Kast le fue finalmente mal, así que tampoco se puede decir que la derecha la haya apoyado un cien por ciento.

—Usted ha dicho que en todas las elecciones hay una lucha principal, quién va a segunda vuelta, pero que hay sub luchas, por ejemplo la situación de Jara con el PC, o la lucha de las derechas por el legado Jaime Guzmán. ¿Cuáles otras son de importancia y están pasando desapercibidas? ¿Que otros hitos interesantes a mirar está sucediendo ahora?
—Bueno, yo creo que va a haber que estudiar cómo se está reconfigurando el electorado, la ciudadanía que vota, porque algo está pasando con los niveles de educación. Esto ya lo estudió Piketty en Francia, con los niveles de educación y con los niveles de ingreso algo se ha alterado. Descubrió que en un montón de democracias modernas, la educación más alta, la universitaria y de posgrado, estaba votando por la izquierda y eso es ligeramente anormal. Se supone que la educación está ligada a los ingresos y si eso es así, correspondería que más bien votara por la derecha, pero estaba votando por la izquierda. Entonces la izquierda está siendo sostenida por un grupo que nunca va a ser mayoritario.
—Una crítica que se le hace localmente a todo lo que ha sido el Frente Amplio, una generación universitaria, de clase media alta, cuyo trabajo estaría desconectado de lo que realmente la gente popular está pidiendo.
—No sólo eso, sino que como dijo con notable lucidez Johannes Kaiser el otro día, abandonaron a los trabajadores. El mundo de los trabajadores no está en el discurso de la izquierda hoy día. Se cambió por un discurso más identitario, más de grupos. Pero eso es raro, eso hay que estudiarlo porque de ahí van a nacer las tendencias para el futuro a largo plazo.
—Usted también ha dicho que parte de lo que está viviendo hoy día la izquierda chilena sería fruto de la “falta de lucidez” al leer el estallido.
—La mayor parte de las demandas fueron explícitas en el estallido, no son las que aparecen como los principales motivos de voto y de inquietud. Además algunas cosas empeoraron, puede que no tengan una vinculación directa, pero no cabe ninguna duda que la inseguridad creció a partir de ese momento a niveles que no conocíamos. La cosa anti inmigración también creció mucho. Sí, yo creo que ese fue un momento de error. Y lo que es más curioso es que las certezas que tenemos sobre el estallido, que no son muchas, es que la mayor proporción de gente en la Plaza Italia era gente con estudios universitarios y de posgrado.
Los protagonistas de la segunda vuelta
—Jara como candidata se ha enfrentado a diferentes dificultades, partiendo por el líder de su partido. ¿Cree usted que si pasa segunda vuelta ella va a tener que congelar su militancia en el PC? ¿Que eso es posible y es creíble también por la ciudadanía?
—A estas alturas no. Eso debió haberlo hecho cuando la saboteó Daniel Jadue. Lo iba a hacer en ese momento, al parecer. Yo creo que a esta altura, porque además como producto de los debates -que han sido muchos-, lo que ella ha hecho ha sido afirmar que es militante. Ya es tarde para cualquier movimiento distinto.
—Los temas de Jara que está instalando, o su campaña y la franja, son la seguridad, el bolsillo de los chilenos. Algunos lo ven como que está apelando al votante que no tiene domicilio político. El votante Parisi, tratando de robar esos votos hacia su lado. ¿Es posible eso también para la candidata?
—No, yo creo que no. Yo creo que ella tiene el voto de la izquierda. No hay más votos a la izquierda de ella. Hay dos posibilidades de aquí en adelante para el futuro de Jeannette Jara: o el partido la archiva y la pasa a retiro prematuramente, o ella transforma el partido. Eso permanece abierto. Yo hasta ahora he creído que ella está equivocada, que está en el partido equivocado, lugar equivocado, y que para borrar ese error tendría que haber congelado, renunciado, lo que fuera, en un momento muy previo a este. Pero ahora que seguramente pasa la segunda vuelta, tendrá que ver cómo llevan adelante esa relación.
—Y pasando a los otros posibiles protagonistas de la segunda vuelta, Kast y Kaiser. ¿Cuáles son las mayores diferencias y dificultades que tiene este Kast versus al de hace cuatro años?
—Bueno, yo creo que el problema de Kast es que esta es “la” oportunidad. En la experiencia de otros candidatos, no hay tercera vez, por lo menos en este mundo. Con Kaiser la situación es un poco distinta, porque es una figura relativamente fresca. Lo hemos tenido ya un rato largo en el parlamento, pero él se puede dar el lujo de hacer una franja como la que hizo, desnuda, con poca producción. Con él como protagonista. Así que ahí seguramente se divisa un espacio y él lo debe ver con más claridad que nosotros. Pero claro, su gran gran espacio es robarle todo lo que hay en Republicanos para sacar una tajada no pequeña.
—¿Y cómo cree que, pasada esta elección, va a ser esa negociación entre Chile Vamos, Republicanos, y Libertarios? ¿Va a ser posible un frente común, así como van las cosas?
—Sería muy loco pensar que van a mantenerse igual que en un periodo inicial, tampoco va a durar mucho ese periodo. Después ya empieza cada uno a buscar cuál es su futuro. Y está claro que son caminos diferentes. Yo creo que podríamos tener un periodo inicial de seis meses, siete meses.

—Una pequeña luna de miel.
—En la que más o menos se reúnan, traten de compatibilizar su respectivo énfasis. No es bueno no tener gestión de gobierno.
—Finalmente, Republicanos tiene que ver que necesita de Chile Vamos, no solo en votos.
—Los tres necesitan de los tres, claro. Tienen que traer experiencia al gobierno, que es lo que han prometido por lo demás. Y ganar experiencia también con sus nuevos cuadros. Pero yo diría que eso es lo racional. La política tiene un componente irracional alto, así que tampoco lo demos por cerrado ahora.
Las nuevas viejas discusiones
—En qué minuto volvimos a enfrentarnos, en el año 2025, a un debate político los que se unen para que no llegue el comunismo, y los que lo hacen para que no lleguen los pinochetistas. Como que Chile siempre está en un eterno retorno.
—Sí, discutimos más o menos de las mismas cosas, pero también producimos fenómenos nuevos. Boric es una novedad en el mundo. Allende fue una novedad en el mundo. Pinochet fue una novedad en el mundo. Alguien decía que los fenómenos chilenos terminan siendo todos casos de estudio. Es verdad.
Son todos fenómenos muy singulares que van muy sincronizados con el mundo. El Partido Comunista chileno se creó un año antes que el soviético, si mal no recuerdo. La Democracia Cristiana chilena fue el boom, junto con la Democracia Cristiana alemana y con la italiana. Pinochet se adelantó con el neoliberalismo a la Thatcher y a Reagan y así. Por lo cual tal vez haya que ponerle atención también a lo que está pasando en el mundo ahora, porque inconscientemente algo de esas pautas seguimos.
Por ejemplo, estamos a poco de ver una ola azul en el continente. Ya hubo una elección en Ecuador que lo demostró así, la confirmación de Milei en Argentina. Y las que vienen más o menos van por ahí, Perú, Colombia. Así que no estamos tan fuera de ese contexto. Ni la elección es tan independiente a estas cosas. No creo que la gente diga ‘Trump se va a pelear con el alcalde de Nueva York y por eso yo mejor voto’. Pero hay algo que ocurre detrás, en el trasfondo, que tiene que ver con estas corrientes mundiales, con la globalización, con la digitalización, con la inmigración, fenómenos que ocurren en Italia, puede ser que estén resonando de alguna manera entre los electores chilenos de una manera misteriosísima.
—¿Y en qué lugar queda parado Gabriel Boric a futuro después de esto? El otro día Eugenio Tironi decía en una entrevista que el peligro de estos meses es que el gobierno se termine por desfondar, porque el Presidente está preocupado de sí mismo y sus ministros cada uno para su lado. ¿Cuán certero cree que es ese análisis?
—Yo creo que está pasando un poco, o sea, lo que está viviendo el ministro de Hacienda es un poco eso. Lo que ha pasado con las cuentas de la luz. Son fenómenos propios de la estampida de cuando la gente huye del gobierno porque ya solo hay que perder. Sí, yo creo que ese es un riesgo real. Pucha, los presidentes suelen combatir este pedido poniendo mucha inversión personal, mucha disciplina personal, mucha vigilancia personal. De manera que es el eslogan de ‘gobernar hasta el último día’ sea real. Yo creo que hay un problema aquí. Eso por supuesto que compromete el futuro del propio Boric.
—En estos años siempre se ha discutido que Boric es muy joven y que es la figura más potente que tiene la izquierda local y que queda muy bien aspectado para el día de mañana volver a ser presidente.
—La afirmación de que es la figura más potente tiene un límite cuando aparece otra. Además es una competencia permanente. Entonces él ha podido aplacar y opacar a todas las demás figuras porque es el presidente. Perocuando se pasa a ser ex presidente…
—Y el cierre de Punta Peuco: ¿va a ser parte del legado de Boric. ¿Es como un símbolo de un cierre de algo?
—Yo creo que eso sí que es “peanuts”. Totalmente maní. Bachelet trató de cerrarlo el último día de su mandato anterior. Es más bien una obsesión. No me parece una cosa muy seria. Porque al final igual estaba convertido en una cárcel común. Estaba sobrepoblado, como todas las cárceles de Chile. Tenía más gente de la que debía.
—Pero no en las mismas condiciones que las que Colina 1.
—De acuerdo, de acuerdo. Bueno, depende del sector de Colina 1. Yo creo que eso no tiene mucha significación.
—Finalmente: ¿es imposible que el oficialismo cambie la realidad, de que las últimas cuatro elecciones, han sido ganados en segunda vuelta por la oposición?
—No, no, nada es imposible. Siempre puede ocurrir algo que cambia las cosas, pero si nos atenemos al régimen de encuesta que hemos vivido todo este año, parece imposible.



