En diciembre del año pasado un intento de suicidio levantó las alertas en el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh). La preocupación no solo cunde porque se trata de un miembro activo de la agrupación, sino porque también el episodio se convierte en el detonante de un quiebre que enfrenta a 13 activistas –entre voluntarios, sicólogos, abogados y voceros- contra dos de los dirigentes históricos de la agrupación: Rolando Jiménez, director del Área de Derechos Humanos, y Ramón Gómez, presidente y ex pareja de Jiménez.

-Un día Rolando me dijo que sacara al cabro de la clínica de la UC, porque había convencido al papá de llevárselo a la casa. La decisión me pareció extraña, porque sin ser médico estaba tomando una resolución importante. Se lo hice saber y su respuesta fue agresiva. Me dijo: “me importa una raja tu opinión”. Ahí se produjo la crisis –recuerda Jaime Parada, ex vocero del Movimiento.

El hecho generó un fuerte debate al interior de la agrupación. No solo por la cuestionada decisión de Jiménez, sino también porque comenzaron a reflotar los fantasmas de anteriores discusiones, en que los problemas se habían zanjado con el mismo autoritarismo. Diez días antes que terminara el 2013, de hecho, el secretario Eduardo Ubilla mandó un mail citando a una reunión extraordinaria donde se trataría el tema: “Debemos abordar diversos problemas que están provocando que varias personas que trabajan tengan una creciente y preocupante molestia en como se están manejando los aspectos que dicen relación con la mala comunicación y deficiente resolución de conflictos”, decía el correo, que terminaba llamando al grupo a sincerar la crisis.

Lo que vino de vuelta, sin embargo, terminó por agravar aún más la situación. En la cadena de correos, tanto Rolando Jiménez como Ramón Gómez, denunciaron la existencia de una traición: “nos hemos reunido varias veces en los últimos meses y nadie ha planteado algo en ese sentido, por lo tanto si en reuniones fuera del espacio habitual de discusión del Movilh alguien lo ha hecho, lamentaría que no haya sido transparente y leal”, respondió Jiménez.

Como la reunión nunca se realizó, el 27 de diciembre comenzaron las deserciones. El primero en irse fue Eduardo Ubilla, que puso fin a 13 años de militancia. En su carta de renuncia expuso que “la apatía y el malestar” se habían apoderado de la organización, y que el liderazgo del presidente estaba en “crisis”: “El maltrato permanente y cada vez más agresivo de Ramón Gómez, que en vez de ser corregido y ser objeto de cuestionamientos, hoy es nuevamente ratificado y avalado por la dirigencia”, decía la misiva.

A Ubilla lo siguieron 12 activistas más, que en menos de dos meses dejaron al Movilh reducido a no más de 10 militantes. El último en irse fue Jaime Parada, una de las figuras más mediáticas de la organización, quien el 5 de febrero de este año comunicó su alejamiento mediante un llamado telefónico que le hizo a Jiménez: “Rolando me preguntó si era verdad que estaba de vocero del Movimiento Progresista y yo le dije que sí. Ahí él se alteró y me dijo que era incompatible con mi trabajo en el Movilh. Antes que me echara, yo le dije que renunciaba y que lo hacía porque era una persona que no tenía liderazgo y que pasaba por encima del resto”, recuerda Parada que le dijo por celular.

Los años dorados

Según consigna en su página web, el Movilh nació el 28 de junio de 1991, con la misión de defender los derechos humanos de las lesbianas, gays, bisexuales, y transexuales. Su antigüedad en el activismo convirtió a la agrupación en uno de los movimientos más importantes del país, labor que ha sido reconocida por Naciones Unidas y por Amnistía Internacional, organismo que lo declaró “Representante de la República de la Conciencia”. Desde hace 12 años, además, realizan el informe anual de los derechos humanos de la diversidad sexual en Chile, investigación que se encarga de recopilar todos los casos de homofobia registrados en diversos ámbitos.

Estos logros, sin embargo, siempre han estado rodeados de crisis. Eduardo Ubilla recuerda, de hecho, que la organización se creó por una escisión de la Corporación Nacional del Sida y que a los pocos años una nueva crisis provocó otro quiebre: “ese problema se produjo porque había gente que quería trabajar el tema del VIH y otros el tema político. Al poco tiempo, Rolando Jiménez tuvo problemas, y en 1995 lo echaron por diferencias con la directiva”, recuerda.

En ese tiempo Jiménez fundó dos movimientos que no tuvieron mucho éxito: Simusex y el Cihom (comité de iniciativa homosexual), mientras que los que se quedaron en el Movilh se fusionaron con otros dirigentes y crearon el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (Mums). Para 1998, el Movilh había sido desarticulado, y de él sólo quedaba el nombre.

De eso se dio cuenta Jiménez cuando a fines de los 90 retomó el activismo bajo esa marca, y en el 2005 asumió como presidente. Durante su gestión se hicieron innumerables esfuerzos por lograr la aprobación de la Ley Antidiscriminación -que finalmente fue publicada en julio de 2012 luego de la muerte de Daniel Zamudio-, y realizó todas las gestiones con el ministerio de Salud destinadas a lograr que los transexuales pudiesen operarse de cambio de sexo en los hospitales.

Tal como había ocurrido en otra época, estos logros no lograron aplacar una nueva crisis. Esta última, en voz de los 13 activistas que se fueron, es quizás la más importante. No sólo por el número de militantes que abandonó la organización, sino por la mermada posición en la que quedó el Movimiento: renunciaron las únicas dos sicólogas que allí trabajaban, una abogada, el ex responsable del Movilh Joven, y Jaime Parada, entre otros colaboradores.

-Esta es una organización que funciona dependiendo de lo que les gusta a ellos. Si los casos no eran mediáticos no les importaba nada y dejaban las carpetas debajo de otras que nunca tenían respuestas. Es tal el poder que tiene Ramón Gómez que cuando él estaba enojado, ninguno de nosotros podía siquiera saludarlo, porque te echaba de su oficina, cuenta Lorena Monsalve, una de las sicólogas que se distanció y que trabajaba gratis en la organización.

Las renuncias

El 2014 para el Movilh llegó con más renuncias. Al distanciamiento de Eduardo Ubilla se sumaron los de siete jóvenes activistas que se alejaron de la agrupación masivamente el 7 de enero pasado. En su carta de alejamiento, los voluntarios dijeron sentirse frustrados por la manera en que se estaba dirigiendo el Movimiento y por los constantes malos tratos de los que eran víctimas: “lamentamos la violencia a la que hemos sido expuestos por Ramón y Rolando, la cual dejamos que sucediera y que no habíamos tomado en serio ni dimensionado en su gravedad… Hemos sido voluntarios por varios años y sentimos que dejamos de ser escuchados, y a su vez comenzamos a ser minimizados en nuestro trabajo, el cual pareció perder valor por no ser profesionales”, continuaba la misiva.

-Tú no puedes decir que representas a una organización que defiende los derechos humanos si tus prácticas internas son totalmente contrarias. Los jóvenes que se fueron eran tratados como mano de obra para armar los escenarios. Rolando y Alberto les hacían saber que ellos sólo servían para llevar palos, como voluntarios de segunda categoría -cuenta Lorena Monsalve.

A los pocos días, también renunció Alberto Cid, vicepresidente del centro de alumnos del Liceo Barros Borgoño, que no hace mucho tiempo había sido nombrado responsable del Movilh joven. La razón, salvo matices, era la misma que esgrimieron sus otros compañeros. Todos concuerdan en que el ambiente de trabajo ya era insoportable: “en una reunión común y corriente era normal que Ramón gritara, insultara y agarrara a puteadas a Rolando”, recuerda Eduardo Ubilla. “Rolando y Ramón son absolutamente paranoicos. Son como activistas de la Guerra Fría, si no estás de acuerdo con ellos pasas a ser una persona desconfiable. Entre ambos se fragua todo”, agrega Parada.

La razón por la que estos ex militantes decidieron hacer pública la masiva renuncia –según dicen- tiene que ver con que en el último tiempo el hostigamiento hacia ellos ha continuado, pese a que ya no mantienen contacto con ninguno de los dirigentes, ahora el mal trato se da en las redes sociales. Por ejemplo, cuando el 19 de abril Jaime Parada se manifestó afuera de la Catedral de Santiago con Juan Carlos Cruz, víctima de Fernando Karadima, Rolando Jiménez escribió en su cuenta de tuíter: “dan asco aquellos seudo activistas que solo se presentan en aquellas ocasiones que aseguran cobertura periodística”. La gota que rebasó el vaso, sin embargo, fue un comentario que Jiménez publicó la semana pasada en su cuenta de Facebook, en el que criticaba las declaraciones de las familias homoparentales que estaban pidiendo que la tramitación del Acuerdo de Vida en Pareja pasara por la comisión de familia y no por la de Constitución. En esa ocasión, Jiménez escribió que esa era una “reacción histérica” y que esos eran “testimonios lacrimógenos”.

-Hoy estamos chatos de las críticas de Rolando, porque es una persona que se ríe de aquellos que él mismo representa. Nosotros nos hemos transformados en sus enemigos –concluye Eduardo Ubilla.

Antes del cierre de esta edición, The Clinic se contactó con Rolando Jiménez, pero no quiso hacer comentarios sobre las denuncias, argumentando que son cosas que sucedieron hace tiempo.