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El periodista y panelista del programa de Mega “Mucho gusto”, José Antonio Neme, sorprendió con una reveladora verdad cuando, como habitualmente sucede, se debatía respecto de un tema en el estudio donde se realiza el programa del canal privado.

Resulta que el tema en cuestión era el bullying escolar, aquellas tristes vejaciones que cierto número de individuos, casi elegidos por un misterioso azar, debe enfrentar alguna vez en la vida. Generalmente en la infancia.

Ahí fue entonces cuando Neme lanzó su verdad, ante la atenta mirada de sus compañeros. Aquí su confesión:

“Es que la mirada tiene que ser distinta… En vez de preparar a mi hijo para que enfrente el bullying, yo creo que la mirada tiene que ser: ‘Yo preparo a mi hijo para que no sea un bullyiador’. Para que no sea un agresor. Porque si hay una preparación del grupo familiar en cuanto a disminuir las conductas agresivas, el bullying desaparece.

“Es que muchos no cuentan. Ese es un tema. Yo me recuerdo que a mí, más que el acoso y el asedio, que yo me lo podía bancar, o uno aprende al final, si el ser humano se adapta a todo… Sobre todo el bullying es más doloroso porque cuando a ti te molesta alguien que uno no conoce, o que uno ve una vez, da lo mismo.

“Pero generalmente, cuando te hacen bullying, es un grupo al cual uno quisiera pertenecer. Uno quería ser presidente de curso, uno quería ser elegido algo, uno quería que te quisieran, uno quería que te convocaran a los juegos. Es un grupo que, desde la mente infantil, debería quererte. Porque la pregunta que se hace uno como niño no solamente es ‘por qué me molestan a mí’. Y uno es tan autoflagelante que muchas veces dice: ‘Tienen razón, si soy gordo, o soy espinilludo, o soy feo, o soy amanerado, en fin’.

“O sea, uno hace el ejercicio, a veces, como de autoflagelación. Pero lo que uno no entiende, el dolor más grande, no es ‘por qué me molesten a mi tanto’, sino ‘por qué quieren a otros’. Yo miraba a los que salían presidentes de curso siempre. O sea, ‘pucha, siempre los eligen a ellos, qué tienen ellos que yo no tengo, quiénes son los cool’.

“Y lo otro, el mayor temor mío era que mis papá se enteraran. Yo no quería que mi mamá entrara al colegio. Mi mamá me decía ‘te paso a buscar a las dos de la tarde’… ‘Ya, entonces yo te espero dos cuadra fuera del colegio’. Mi mamá me decía, ‘¡pero por qué! ¡No! Yo llego, entro…’ ‘¡No, no, no! ¡No, mamá! Yo te espero porque vamos a ir a comer algo con unos amigos’.

“Le inventaba cualquier pretexto para yo salir, caminar dos cuadras. Yo estudiaba ahí en Dardinac, a veces la esperaba en Pio Nono, ahí donde está la escuela de la Universidad de Chile. Porque la escena de que mi mamá entrara al colegio y viera, presenciara un bullying, lo percibiera, a mi me angustiaba, porque me daba mucha vergüenza yo ser su hijo.

‘Lo revertí. Yo a mis compañeros del colegio no me interesa verlos nunca más, y lo digo abiertamente. He recibido varios correos, y probablemente algunos de ellos me están viendo ahora, ‘oye, tenemos una reunión de colegio, de ex alumnos’. ¡No me interesa! No quiero saber nada de ellos. No me interesa volver a juntarme con ellos y punto. Así es que no me escriban ni en redes sociales, ni en Facebook, ni en nada.

“Dicho eso, yo lo revertí a través de mi intelecto, básicamente. En sexto, séptimo, octavo, no podía, no podía, no podía, eran gritos… Yo buscaba rutas, en el recreo, en el colegio, rutas solitarias, para no pasar, porque yo sabía que si yo pasaba por un lugar donde había mucha gente, muchos alumnos, eso era bullying seguro. Conocía ya el camino detrás del kiosco, o la ruta por los baños, en fin. Ahora, que me escogieran para hacer algún tipo de acto, Fiesta Patrias, Navidad, era un terror. Cuando decían ‘usted va a ser el huasito’, yo decía ‘¡chuta!’. O sea, subirme a un escenario…

“Un par de profesores sí me ayudaron, de Educación Física, por ejemplo, y otros profesores, pero es muy complicado. Cuando me di cuenta que mi intelecto era una herramienta, dije ‘me los tengo que ganar por ahí’. Entonces empecé a hacer sesiones de estudio, a traspasar mis resúmenes. Yo era siempre el que llegaba con todo preparado, listo, en fin, los otros sub preparados. A través de ahí yo me fui ganando, yo no diría el cariño, pero al menos el respeto.

“Sí, toda la escolaridad. Cuando grande ya era un poco menos, porque a mí me iba bien y yo era súper generoso, pero era generoso con interés. No me interesaba que a ellos les fuera bien, lo que me interesaba era que me respetaran medianamente.

“Les pasaba mis resúmenes, les hacía sesiones de estudio, el día anterior a la prueba les traspasaba las cosas más difíciles, y ellos venían y se servían un poco de mi trabajo. Era una cosa bien utilitaria, ‘yo les enseño, les ayudo y ustedes me dejan de gritar cosas en el patio’.

“Ahí me agarro de la historia de Pinti, cuando dice ‘la seguridad…’ Sí, pero uno es contra 40. Yo nunca respondo por Twitter ni nada, pero hay gente por Twitter que me dice que conoce el curso, que conoce a mis compañeros y que no es tan así como yo digo.

“Yo desafío a algún compañero mío de colegio que llame por teléfono. Yo no miento. Yo desafío a contrastar posturas, ahora que somos adultos, y recordar algunas escenas del colegio, y vamos a ver si eso es bullying o no. Porque hay algunas personas que me escriben por Twitter y me dicen que no están así. Y la historia es así”.