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Cuando saliste de la Moneda: ¿Pensabas hablar o lo decidiste en ese preciso instante?
-En algún momento pensé hablar al día siguiente. Pero lo que más quería era irme y que acabara todo eso rápido. También entendía que los periodistas me iban a asediar, y que lo que había dicho en internet no iba a pasar piola.

Dio la impresión que estabas preparada para decir algo…
-Sí, es que yo sabía que estaban abajo los periodistas. Podría haber decidido no hablar. Pero al final dije, torpemente, que hablaría.

¿Lo decidiste en ese segundo, entonces?
-Más que cómo lo iba a decir y qué iba a decir, pensé en mi mente que sería la única vez que hablaría y que me podía ir tranquilamente a mi casa. Quería cerrar un círculo para después retomar mi vida laboral. Esto no se acaba porque uno se va de La Moneda. Por el contrario, esto recién empieza. Pero, claro, es duro. Uno es bien cuero de chancho.

¿Esperabas lo que se te venía encima?
-Uno ve, efectivamente, que tiene la capacidad de ser súper poco asertiva en el peor lugar. Y lo poco asertivo nubla incluso el contenido de lo que uno dice en un escenario que es súper despiadado como son las comunicaciones, donde se cuestiona más allá de la persona.

Por dónde pasa tu autocrítica ¿por la forma o el fondo?
-Tengo una autocrítica, principalmente a la forma, y como el poder de la forma nubla el fondo. Lo que dije lo mantengo, pero tal vez lo hubiese dicho con otra explicación.

Pero en ese momento dio la impresión que estabas renunciando públicamente…
-Cuando llegó Paula Fortes presenté mi renuncia. Uno entiende que está en un espacio del poder y que es súper natural que esa confianza se transfiera a la nueva directora. Yo fui una persona de confianza de Sebastián Dávalos y no de Paula Fortes. Ella no aceptó mi renuncia, me pidió que me quedara, pero yo le dije que estaba súper agotada mentalmente, que esto había sido una cuestión súper fuerte para mí. Y mucho más fuerte y doloroso que mí salida de La Moneda, fue lo anterior: el hecho de estar ahí y no poder haber hecho algo más. Esa cuestión a uno no la deja dormir, independiente que la responsabilidad no haya sido completamente mía, yo entendía que tenía un grado de responsabilidad.

De hecho, lo dijiste: que no querías pasar a la historia como la jefe de gabinete de una persona que por amurrado se quedó en el sur.
-Claro. Uno entiende que en política uno defiende un conglomerado, pero también llega un momento en que uno quiere defender su dignidad y honorabilidad. Y eso en el colectivo no funciona. Probablemente, si la presidenta no hubiera dicho lo que dijo en el programa de don Francisco, me habría quedado callada. Tragarse la verdad, al menos para mí, es una cosa que enferma. A una la descompensa.

¿Pero crees que lo defendiste bien al decir que estaba amurrado en el sur?
-Lo que dije fue todo lo contrario. Dije que él no se quedó amurrado, sino que siguió una orden y esa orden la dio el ministro Peñailillo. Eso fue lo que a mí me dijeron: “Se tienen que dar señales de normalidad”. Y eso lo dije en el tuit. Hasta que el día miércoles dije que era absurdo. No se puede seguir dando señales de normalidad, porque esto no era normal.

¿Qué piensas del escenario? ¿Fue propicio o no?
-La presentación, la puesta en escena, fue desafortunada de principio a fin. Además, es súper doloroso para la gente que a uno la quiere. Insisto, soy bien dura, pero sé que lo que hice dañó a una persona que ya no era parte del gobierno, que estaba renunciada, y los daños me los como sola. Pero encuentro mucho más grave salir de La Moneda sabiendo que uno tiene boletas ideológicamente falsas, habiendo mentido o tapado información. Es mucho más grave no haber dado información completa a la presidenta cuando estaba en Caburgua. Eso sí que es doloroso. Yo no salí así. La gente podrá pensar lo que quiera de mí, pero salí sin mentir, sin tejado de vidrio.

Qué quisiste decir con la frase: “Ustedes no saben lo cómodo que es ganar 3 millones 700 mil pesos, sentarse en la oficina de Allende, no saben lo que para un socialista eso significa”.
-Yo no me creo una persona que tenga una comprensión particularmente elevada. Pero sí alguien está diciendo eso, y está renunciando, a buen entendedor pocas palabras: está dejando de ganar eso. Lo que estoy diciendo es justamente lo contrario: que renuncio a todo eso.

Fuiste una de las primeras que desnudó cierta ambigüedad política en Peñailillo.
-Yo dije lo que tenía que decir y tenía pruebas de cada una de las acciones y decisiones que se tomaron. En eso soy súper seria. Yo era la contraparte…Todavía lo mantengo. Eso alimentó mi culpa y me hacía sentir pésimo, pero tampoco era idiota: sabía que alguien la había cagado más. Y yo obedecí órdenes de él.

Por eso enjuiciaste públicamente su conducción…
-Sí, pero habiendo estado renunciada. Yo sabía exactamente lo que iba a pasar cuando hablara. Lo único que me quedaba era la renuncia. Y que esa renuncia iba a ser aceptada.

¿Es cierto que en La Moneda te pidieron cerrar tus cuentas en las redes sociales debido a tus comentarios?
-En algún momento me dijeron “es que tú no puedes escribir en contra del ministro Peñailillo”. Y yo les dije cuándo he escrito mal del ministro. ¡En tu Facebook! ¡Es mentira! Yo les llevé todas las copias de lo que había escrito en Facebook. Era absurdo.

¿Cuándo fue eso?
-En el tiempo que estuve sin Sebastián. Y les dije lean lo que escribo y después critiquen. Y cuando entré a La Moneda me dijeron: sería bueno que tú no tuvieras Facebook. Yo les dije que no iba a cerrar nada. Es mi vida personal y uno es súper cuidadosa.

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¿Y el famoso tuit fue posterior a tu renuncia o no?
-Escribí el tuit y paralelamente tenía mi Facebook abierto y mi jefa estaba en Argentina y le digo: te presento mi renuncia y te la dejo sobre la mesa.

O sea, renunciaste por Facebook…
-Sí, porque ella no estaba.

Y lo que vino después…
-A los cinco minutos vi que Paulsen me seguía y dije llegó donde tenía que llegar, es público. De hecho, no soy tuitera. Tenía 500 seguidores y de repente pasé a tener 2900. Mi Gmail colapsó.

¿Te arrepientes de algo?
-No me arrepiento de nada. Porque si no hubiese tenido esa estrepitosa salida, no me estarían entrevistando. Y suena súper frío, pero en el mundo de las comunicaciones es mucho más difícil ser conocido y después de ser conocido revertir mi imagen pública.

¿Dávalos te increpó políticamente?
-No, Dávalos no. Dávalos ya no es mi jefe, por lo tanto, es solo mi amigo. Las relaciones que tenemos respetan nuestras diferencias.

¿Pero no te dijo nada?
-“Tú veras lo que haces”, me dijo.

¿No te dijo, puta, Erika la cagaste?
-No, lo que pasa es que la relación con Sebastián es bien drástica. A mí él me llevó porque él siempre dijo “tú eres de las pocas personas que me puede decir que no, que me puede mandar a la cresta si algo no le parece”.

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¿Y desde el mundo político nadie te dijo nada?
-Amorosamente, recibí una llamada del PS donde me decían que me pasarían al Tribunal Supremo. Eso no se ha concretado. No voy a dejar de ser socialista por más crítica que sea. No espero nada del Partido. Nunca he esperado nada. Lo único que espero es que los militantes aprendan que no son carne de campaña.

¿Qué tipo de socialista eres?
-Una militante deslenguada, sin poder y de base. No puedo ocultar mi historia. Soy una persona chavista y bien de izquierda. Y eso lo declaré cuando entré a La Moneda.

¿Debe haber generado mucha pica que tú hayas llegado al cargo sin autorización del partido?
-¡Por supuesto! Nadie corrió a felicitarme. Excepto mi comunal de Pedro Aguirre Cerda, porque de ahí nadie ha llegado más lejos que un puesto en la municipalidad. Aunque a los cuatro meses el partido me pidió la cuota por el cargo. Yo les dije que había mirado los estatutos y que efectivamente cuando te pone el partido tienes que pagar, pero a mí me puso Sebastián Dávalos.

¿Alguien del círculo de Peñailillo te atrincó?
-No he hablado con nadie. Pero debo reconocer que durante la época de Peñailillo me reuní varias veces con Harold Correa, que siempre estuvo preocupado por Sebastián Dávalos. Y eso lo agradezco. Fue una de las pocas personas que se preocuparon legítimamente.

¿Te gustaría volver a ocupar un cargo público?
-A mí me gusta el poder.

¿Por qué?
-Como objeto de estudio para poder interpretar lo que le pasa a las personas cuando lo tienen.

¿Te cambió el poder?
-No me cambio en nada. Uno cuando está en el palacio se da cuenta que la gente blufea mucho con el poder. Pero el poder no tiene que ver con el poder real, sino con cuanto te convenzo a ti de que yo tengo poder. Por eso, yo sabía que era un ave de paso.

Dicen que la política es sin llorar…
-La política es con llorar…

MI AMIGO SEBASTIÁN

¿Cómo se conocieron con Sebastián?
-El destino… Se sentó al lado mío en la clase del magíster. Yo jamás me habría sentado al lado suyo.

¿Qué pensaste cuando lo viste?
-Alguna vez voy a tener una foto con la presidenta gracias a Dávalos.

¿Cómo empezaste a estrechar vínculos con Sebastián?
-Nos tocó hacer los trabajos juntos. Así nos hicimos amigos. He ido algunas veces a su casa.

¿Qué Sebastián conociste?
-Un Sebastián que nunca habla de su mamá. Estas cosas que dicen sobre Lollapalooza es porque no lo conocen. Sebastián nunca ha hecho uso indiscriminado del nombre de la mamá. Él estudió gobierno y sabe de disciplina. Y los pocos que lo conocemos sabemos perfectamente que lo que más quiere es desprenderse de la figura de ser el hijo de…

Su karma.
-Es una vida que yo no querría. Tiene todos esos privilegios, pero finalmente siempre es el hijo de… Y ser el hijo de significa que siempre será cuestionado, aunque trabaje en el mundo privado o no.

¿Cómo es Sebastián?
-Un tipo disciplinado, exigente, absolutamente riguroso y que nos obligaba a una austeridad enorme. Jamás abusar de nada aunque estemos en el puesto que estábamos. Jamás pedir nada más de lo que nos correspondía. Si íbamos fuera, gastar lo menos que se pudiera.

Contrasta con la imagen que uno tiene de él, andando en un Lexus.
-Le están preguntando a una persona que no tiene auto, que anda en micro, y que está súper alejada de los negocios. Invierto en APV, así de mal. No me pidan eso.

Entre todo lo que se ha especulado acerca de ti, dicen que estarías enamorada de Sebastián…
-Sin comentarios. Además un comentario del cual mi marido moriría de la risa y Natalia moriría el doble de la risa. O sea, nos podríamos morir de la risa los cuatro.

¿Qué sentiste cuando Sebastián te invitó a trabajar a La Moneda?
-Sentí como un zumbido en la cabeza. No podía creer lo que estaba escuchando.

¿Cómo evalúas la gestión que hicieron en la Dirección Sociocultural?
-Yo creo que nos sacamos la mugre trabajando harto. Y en esa figura sí que Sebastián opera más. Fíjense en los gastos que hizo él. Deben haber sido los más bajos en un director sociocultural. No se invitaba a comer gente demás. No se tomaba coca-cola, nada.

Entendiendo todas las dudas que se generaron con la llegada de Dávalos a la Dirección Sociocultural ¿Crees que a lo mejor no debió haber aceptado el cargo?
-Yo creo que es absurdo que exista una potestad del presidente para poner a alguien de su familia en el poder. Ahora, uno entiende que esto es política real. Y de que si existe esa posibilidad, el presidente lo va a hacer. Y me parece súper legítimo. Ahora, si me preguntas a mí, no debería existir eso. Es como la realeza.

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¿No habría sido mejor que le dejara limpia la pista a Bachelet?
-Eso pregúntenselo a él. Quiero ser súper pragmática, a mí me ofrecieron una oportunidad, que no la pedí, de poder ocupar un puesto de poder y lo ocupé con respecto a alguien que confió en mí. Si me preguntan si me arrepiento, por supuesto que no. Qué posibilidades tiene uno, siendo la roja de nadie, de llegar al segundo piso. ¡Cero!

¿Has hablado del caso Caval con Sebastián?
-Hablamos regularmente.

¿Cómo ha vivido este proceso?
-¿Ustedes hablarían de las cosas privadas de sus amigos?

Depende, si mi amigo es famoso…
-Ja, ja, ja. No. Lo único que puedo decir es que si hay algo que puede salvar a Sebastián del infierno es que al menos, hasta ahora, no se ha demostrado que ha mentido. Y para mí eso es súper importante. Porque el día que yo sepa que me dijeron A y en realidad era B, voy a ser la primera en apuntarlo.

Pero más allá de lo legal, hay un dilema ético.
-No le quito el cuerpo, aquí el problema es si se mintió o no. Hasta ahora no sé si mintió…

¿Hubo tráfico de influencias?
-No puedo responder eso. Pero lo que no puedo aceptar es que Sebastián sea el ícono de los que hacen esto. El problema es mucho más grave.

¿Cómo te enteraste del caso Caval?
-Yo estaba de vacaciones en Chiloé, me llaman y dicen “pasó esto con el reportaje de la Qué Pasa, no te estoy pidiendo que te regreses, pero parece que esto no va bien”. Entro a un restorán y veo la cara de Sebastián Dávalos en todas las noticias. Obviamente, lo que haría cualquier persona con dos dedos de frente es devolverse corriendo. Era evidente.

Se estaba quemando la casa
-Claro. Llegué a Santiago a revisar las redes sociales y estaba la grande. Una muestra importante es la aldea bacheletista. Y esa aldea se estaba quemando. Había que buscar la manera de que esto se enfrentara comunicacionalmente desde el gobierno de la mejor manera. Ese era mi trabajo como jefa de gabinete: controlar los impactos mediáticos de la dirección sociocultural, en este caso, de Sebastián Dávalos.

¿Cómo intentaste hacer ese control?
-Como cuando uno está en una línea de poder: obedeciendo. Y la orden era que hiciera lo que el ministro del Interior decía. Y yo hice eso hasta que me pareció razonable. Con mucha dificultad me comuniqué con Sebastián, que me dijo “haz lo que Interior diga, porque esa es la orden que se va a dar”. Y yo hice lo que Interior decía, aunque a uno le empieza a parecer que las cosas se estaban escapando.

¿Tú llamaste a Sebastián desde Chiloé?
-No recuerdo exactamente. Pero hubo dificultades. Él teléfono de él no contestaba. Yo me tuve que contactar con él a través del teléfono de la Natalia que me conseguí tratando de buscar alguno que contestara.

¿No ahondaron más en la situación misma?
-No. Lo que pasa es que Dávalos es un tipo disciplinado. En el intertanto yo hablaba con gente y me decían “pero, bueno, es la información que te están dando”. Yo decía pásame a la presidenta, pásamela, necesito hablar con ella. Pero todos me decían “confía en lo que te están diciendo”. Y eso es súper natural. Tampoco los voy a deslumbrar con esto, pero la presidenta confiaba ciegamente en Peñailillo.

¿Cuándo decides llamar a la presidenta?
-La llamé un miércoles. Yo estaba en mi oficina. No voy a entrar en detalles, pero lo único que puedo decir es lo mismo que ella dijo: pareciera que no estoy recibiendo toda la información y que esto es muy grave. La conversación fue más larga que eso, pero quiero ser súper fiel a lo que ya es público. Y fue súper raro. Era la primera vez que yo hablaba con la presidenta. Estaba ultra nerviosa y temblaba mi voz.

¿Y cómo es que te conseguiste el teléfono de ella?
-No me lo conseguí nunca. De hecho, pedí que la llamaran, que me pasaran a la presidenta, pero no había buena señal. Hasta que en algún momento me devuelve el llamado.

¿Esa llamada fue a través de Natalia?
-Sí. Y no fui muy simpática con Natalia. Le dije, gritando, ¡pásame a la presidenta! Fui muy pesada.

¿Ya tenías un juicio sobre el rol de Peñailillo?
-Evidentemente, si uno mira hacia atrás claramente se cometieron muchas fallas.

¿Qué más habrías hecho por Sebastián?
-Le hubiese dicho: “¡Presidenta y Sebastián vuélvanse hoy domingo!” O hubiese tomado un avión o me habría ido nadando a Caburgua.

¿De verdad se te pasó la idea de irte nadando a Caburgua?
-Ahora miro hacia atrás y digo por qué fui tan disciplinada.

O sea, lo que estás diciendo es que ahora, si lo piensas bien, habrías ido a Caburgua.
-Pero claro. Y por eso uno se enferma de culpa. Me arrepiento de muchas cosas que no hice. Pero es inconducente el arrepentimiento.

¿Y por qué no seguiste en tus vacaciones?
-El trabajo es gran parte de mi vida. Y mi familia me decía: “tenís que ir a ver al Seba”. Tú crees que mi marido iba a decir no, mejor quedémonos aquí, no. “Este es un problema de la familia, tenemos que devolvernos”, me dijo. Nadie dijo “puta, que soi aguafiestas”.

LOS MEMES

Después que saliste en la tele, se hicieron memes con tu cara ¿Cómo viviste el vendaval?
-Primero, por sanidad mental, uno opta por cerrar Facebook. No quería tener la tentación de ver nada.

¿Te dio vergüenza verte a ti misma?
-Más allá que uno le dé pudor o no, es sanidad mental. La comunicación genera efectos en las personas. Cuando dicen cosas que te interpelan a ti como persona y no en tu actuar político, uno podría terminar hasta pegándose un tiro. O no saliendo más de la casa. Uno piensa que debiera sacarse el rostro de cuajo para no tener la cara que tiene. Pero agradezco estar mejor parada en la vida. Uno no puede renunciar a ser quien es. Y sé exactamente que no soy una caricatura. A mí lo que me pasó fue sentir ganas de no existir, ganas de no ser yo, ganas de que The Clinic no se mofara de mí.

Pero, sin ser mala onda, dejaste la imagen de una mina loca.
-No, si está bien. A nadie le gusta que lo traten de loco. Y me afectó. Pero no me derribó y no me hizo querer saltar desde un quinto piso. Y duele más cuando te dicen que eres ladrona, que fuiste trucha o que me cagué a alguien. Eso es terrible. Yo me imagino lo doloroso que debe ser para Peñailillo sentir que alguien le pueda decir “te cagaste a la presidenta”. Ese dolor, por favor, no lo quiero. Prefiero que me tilden de loca antes que ver hecha mierda a la presidenta.

¿Qué fue lo más duro?
-Tener periodistas fuera de la casa. Es incómodo. ¡Erika, Erika, Erika!, gritaban. Yo me fui a San Felipe sola. Allá viven mis papás. Coincidió con que a mi mamá la operaron. Era el momento que tenía para estar con los míos. Un día llegué y estaba La Segunda afuera de la casa y La Tercera. Eso fue incómodo. Es la vida que uno no quiere.

¿En la calle la gente te reconoce? ¿Te dicen cosas?
-Lo terrible es que me reconocían de antes, desde que salió mi foto con Dávalos y salgo detrás. Una que salgo de blanco. “Mira, ahí va la secretaria de Dávalos, ahí va la ladrona, súper bueno tu jefe, ladrona concha de tu madre”, me decían.

¿Y después subió el calibre?
-No, porque es como excepcional que alguien de Pedro Aguirre Cerda llegue al poder. En mi barrio la gente tira tallas pero te respeta caleta. Mis caseros de la feria me dicen “no se preocupe, nosotros la conocemos”. Ahora la gente igual se caga de la risa. Y yo tampoco soy tan grave. Igual me cagué de la risa, como la hueva estúpida de Sebastián Peñailillo.

¿De qué te reíste? ¿De los memes?
-Veo Campo Minado y me hacen bolsa. De hecho les escribo y me hacen bolsa igual. Me imitan la cara, que soy papiche. Son cosas de que no me reiría pero también ellas se ríen de ellas mismas. Siento que se instalan temas importantes, desde lo irónico y la risa. Uno es animal político y le gustaría estar en Tolerancia Cero, pero entiende que no es el programa favorito de todos los chilenos.

¿Te gustaría estar en un programa de debates?
-Sí, aunque no estoy diciendo que me gustaría estar en Tolerancia Cero. Me gusta poder ocupar los espacios para que la gente al menos se cuestione algunas cosas que están naturalizadas en las relaciones de los ciudadanos con el poder. Soy consciente de lo que puedo producir y de la oportunidad. Esta entrevista no existiría si no hubiera pasado esto. Mi hermano, que es sicólogo, me dijo que tenía dos posibilidades: o te volvís loca o haces un uso de tu poder comunicacional. Ser conocida es mucho más difícil que revertir una imagen pública. El Camilo es como mi gurú, me dijo que si quería cambiar esta mierda iban a estar todos los focos arriba tuyo, así que aprovecha, van a pasar ciertas cosas, pero es súper hiper bacán saber que la prensa lee tu Facebook.

¿Qué más te aconsejó tu hermano?
-Mi hermano comparaba mi salida con la de Jorge Insunza, que había sido muy medida, muy elegante, no le temblaba nada, muy seguro. Pero que siendo un tipo que estaba a cargo de la agenda de probidad no fue capaz de entender que tenía problemas asociados.

¿Cómo ves el futuro?
Por ahora quedarme en mi casa, regar mis plantas, hacer arpilleras, pan, estar con mi hija y mi marido, a quienes los dejé de ver tanto rato.

¿Qué te gustaría aclarar en esta entrevista?
-Es importante para mí rehabilitar mi imagen pública, dejar de ser un meme, que mi vida continúe.