Tomás-Moulián-ilustracion-Calquin
-Es una paradoja que le den el premio justo en este momento cuando el reformismo de izquierda parece un proyecto de tontos sin realismo.
-Capaz, pero yo espero que sea la expresión de que el realismo, no solo es morigerar lo que se está haciendo, sino impulsar hacia adelante tomando en consideración las circunstancias objetivas y subjetivas que vive la sociedad. Siempre hay que adaptar las políticas sociales a las condiciones del mundo, pero un realismo chato no debiera ser lo mismo que un realismo activo y con conciencia de futuro.

-¿El realismo no se opone a la idea de cambio?
-No debería. Porque en política siempre hay que ser realista. Es casi tautológico decir que se hace realismo político, porque la política debe ser realista, debe plantear lo posible en las condiciones dadas. Hoy, con la caída del precio de las materias primas obviamente que hay que tomar en consideración eso, pero tampoco hay que usarlo para caer en la inercia y tengo la impresión que en este segundo momento del gobierno de Bachelet se ha caído en una cierta parálisis. Y debe ser superada. Si se discute una nueva Constitución puede ser un momento decisivo, porque para discutir una nueva Constitución hay que pensar el presente y el futuro.

-¿Cuan fundamental es en el camino de las reformas una nueva Constitución?
-La Constitución legaliza el Chile que se quiere, no crea el Chile del futuro, pero permite que ciertas políticas sean posibles y otras no. Por eso es importante discutir la actual, que no solo tiene una deslegitimación de origen sino que exige enormes quórum para cambiarla, por lo tanto la hace una Constitución muy rígida.

-¿Cree que el programa ha ido perdiendo fuerza?
-Ha perdido la fuerza que tuvo en el principio y eso tiene que ver con los cambios de equipo y una dirección política que no ha dado pasos claros hacia delante.

-¿El programa ha guateado por plata o porque perdió un gallito político?
– Creo que son las dos cosas. Hay una disminución de los recursos y un cambio de perspectiva política. He de esperar que este equipo avance porque sino el gobierno va a caer en una parálisis muy negativa.

-¿Se puede avanzar más?¿Es la clase dominante la que no lo permite?
-Se puede, pero no hay que caer en el chantaje de algunos empresarios que ven en las reformas una especie de catástrofe. Las clases dominantes siempre buscan proteger el sistema que les da poder, pero el papel de los políticos es intentar que el programa que se logra consensuar se vaya aplicando. Y los empresarios siempre van a decir que eso afecta la inversión o que hay que irse a Perú, cosas por el estilo, pero ahí la Presidenta Bachelet debe dirigir con firmeza. Ella tiene que dar instrucciones claras y ha faltado un poco el liderazgo presidencial en el último tiempo. En este ministerio Burgos-Valdés la veo titubeante.

-¿Cómo interpreta usted la sensación de caos que se ha instalado?
-Esta es una producción política de aquellos que quieren ver en las reformas un avance a la catástrofe. Algunos creen que se avanza a lo peor de la Unidad Popular y se está muy lejos de eso.

-¿A qué se refiere con “producción política”?
-A la creación de un clima negativo con respecto a lo que el gobierno está haciendo. Algunos incluso se preguntan si la Presidenta se va a ir, si tiene no se qué cosa, eso forma parte de una maquinación.

-¿Esto es intencionado?
– Sí, hay una conspiración política. Hay gente que está maquinando para impedir que, por ejemplo, las reformas laborales, que son sumamente importantes, tengan contenidos que generen un poder de negociación del movimiento sindical mayor de lo que parece aceptable para los inversionistas chilenos acostumbrados a las leyes laborales creadas por José Piñera.

-¿Quiénes están maquinando?
-Sectores empresariales, de la derecha política y sectores en el interior de la Nueva Mayoría.

-¿Se justifica hablar de Chile como un país en crisis?
-Hay una crisis política que se expresó en el fenómeno Penta, Caval, SQM. Ir a pedirle plata al yermo de Augusto Pinochet, un hombre tan colocado en la derecha, no es lo que hubiera esperado de la Concertación y la Nueva Mayoría. Tiene que haber límites éticos y políticos. Esto hace indispensable que los partidos planteen debates sobre financiamiento de la política, porque si los partidos van a recibir plata del Estado van a tener que responder por la plata que reciben.

-¿Hay crisis institucional?
-Sí, pero para eso está la discusión de la Constitución.

-¿Y crisis económica?
-Se requiere que el gobierno haga un balance, en conjunto con el Banco Central, y tome medidas y yo no he visto que se tomen demasiadas medidas.

-Reconociendo que hay crisis, ¿es dramática?
Las crisis se dramatizan y hay algunos que quieren dramatizar. Pero yo no la veo dramática, es algo que los distintos sectores tienen que enfrentar. Estos llamamientos a un acuerdo nacional me parecen bien, siempre que sea un acuerdo en función de una política limpia y creo que todos los grupos y movimientos sociales deben participar. La CUT, la CPC, los profesores, los estudiantes, todos tienen que hablar.

-En su libro “Antes del Chile actual, la década del sesenta” usted hace un análisis de lo que nos llevó al Golpe. ¿Las tensiones de ahora, se parecen aquellas tensiones?
-No. Frei hizo cambios profundos y Allende también. Los cambios de Allende fueron afectados por intolerancias de algunos sectores que quisieron ir más allá de lo posible, en contra de lo que pensaba Allende y otros sectores de la UP que querían cambios profundos graduales y generando un bloque con sectores de la DC, en fin. Eran tiempos en que se creía que el socialismo era la virtud y la felicidad y que no íbamos a salir del desarrollo si no avanzábamos hacia el socialismo. Esas ideas no existen. Hoy día estamos en un reformismo avanzado, pensemos en Ecuador, Bolivia, Venezuela, estamos en otro mundo. Hoy en la izquierda nadie plantea el socialismo como lo pensábamos en la década de los 60. Esas elucubraciones de sectores de la derecha, que visualizan un escenario catastrófico son maneras de impedir que las reformas salgan adelante. Las reformas no llevan al socialismo. Chile está a varias leguas de la Venezuela de Chávez o el Ecuador de Rafael Correa o el estado plurinacional del Bolivia. Chile es un país donde se han planteado reformas posibles que no tienen por qué plantear una catástrofe.

-Si no existe polarización, ¿por qué hace meses la derecha insiste en hablar de la UP?
-Porque quiere dramatizar. La derecha ni siquiera quiere la reforma tributaria, pese a que fue pactada, y es además, su forma de prepararse para una futura campaña presidencial y municipal y cree que con acusar a este gobierno de querer caminar en la dirección de la UP va a sacar ventaja. Los ciudadanos chilenos no son estúpidos y no creo que esas exageraciones tengan un efecto político apropiado.

-¿La reacción de la derecha es racional o emocional?
-Es una mezcla de ambas.

-En el tema de los camioneros, parece ser que es un trauma histórico que interpela a la derecha y la izquierda.
-Uno podría preguntar porqué no se lo hicieron a Piñera y obviamente porque tienen una determinada orientación política. Pero que doce camiones circulen por el centro de Santiago nunca debió ser un problema, desde el principio se les debió dejar pasear por la Alameda. El gobierno se dejó llevar por la reminiscencia de los antiguos camioneros como si vinieran a tomarse el poder, cuando lo que querían era poner en el tapete el tema de mapuches y colonos en la Araucanía y ese tema el gobierno tiene que abordarlo.

–¿Hay un griterío?
-Existe y es propio de cuando se intenta hacer reformas en un sistema democrático. Cuando se hacen reformas en un contexto democrático hay que tomar en cuenta lo que el otro va hacer y este gobierno no ha escuchado demasiado ni ha tratado de generar acuerdos nacionales sobre ciertas cuestiones que permitan preservar la institucionalidad chilena.

-¿Son fundamentales las reformas?
-Sí. Sobre todo las reformas a la institucionalidad política: la Constitución y el papel de los partidos en el futuro democrático chileno.