Relatos-de-viaje_Por-Marcelo-Mellado

Quizás municipalicé en demasía mi existencia y mi praxis cultural, por eso ya no me interesan mucho el arte y la cultura. Ahora en lo único que pienso es en atacar el municipio de Valpo con unos cómplices y poner un alcalde ciudadano, aunque yo prefiero hablar de un vecino, uno que sea decentito y con cierta calidad humana, y profesional.

El 28 recién pasado, en mi calidad de jardinero autónomo, participé junto a un centenar de compañera(o)s de una memorable jornada cívica (comunal, vecinal, asociativa) para ver la posibilidad de diseñar-organizar primarias ciudadanas en la ciudad puerto de Valparaíso. Hubo acuerdo sobre la necesidad electoral de ir contra el duopolio, que en realidad es un monopolio derecha-concertación porque según los últimos antecedentes sobre la relación entre criminalidad y política son la misma cosa. Finalmente, vamos a ir a la pelea, tanto a nivel de alcaldes como de concejales. Aquí lo importante no son los candidatos, sino el programa y la voluntad de hacer una nueva ciudad que efectivamente esté al servicio de los habitantes. En el cónclave o jornada de primarias no había ningún poeta, eso ya es una garantía de seriedad.

Por eso ya no le soy artista. Los artistas de ahora, en rigor, no existen, lo que ahora hay son gestores u operadores culturales, por eso yo preferí dedicarme a la jardinería y un poco a la política. Todo esto por culpa del concepto de industria cultural que impusieron los del monopolio político, ya sea vía Corfo, Consejo de la Cultura u otras mediaciones. Estos operadores, muy cercanos a los operadores políticos, ya tienen un ministerio que vela por sus intereses. Así como el ministerio de Minería cuida los intereses de las empresas mineras, el de Agricultura a la agroindustria, etc., el de Cultura se asegura de que la industria cultural funcione bien, es decir, con poquitos productores y muchos consumidores. Esto en términos muy genéricos, por cierto. Uno de los grandes logros de este modelo es la conversión de una ciudad cochina, hedionda, pobre y ruinosa en patrimonio de la humanidad. Vivo ahí, es asquerosa, pero tierna. Ojalá nuestro proyecto político funcione, por lo menos para limpiar la ciudad de la basura humana (toda basura lo es). Esperamos, también, que otras ciudades nos imiten, como Punta Arenas, Arica, Concepción, etc.

En este país hay que romper esa unión tan fuerte entre política y delito, y debiéramos agregar ahí a la cultura. El otro día, por casualidad, pasé por el GAM, me topé con La Furia del Libro y comprobé in situ que a los escritores (y artistas) los mueve un afán corporativo, ya no les interesa la política o el discurso emancipatorio, como antes. A pesar de eso voy a intentar ayudar a una amiga que le es poeta, poeta de verdad, a que haga una feria del libro en Valpo, que es una obsesión que tiene la pobre hace rato. Aun cuando yo le explico que no vale la pena, no sólo por el rasquerío literalitoso porteño, sino también por el formato mismo de la exhibición libresca, que está en crisis, creo. Porque además del diseño “cámara chilena”, se le adosa el pasadismo a caca de las editoriales inde, del pendejismo acartonado anarco hippie y otras menudencias de la impostura culturosa.

Yo creo que nos va a ir bien en política, porque va a primar, supongo, el castigo contra la clase dirigente; ojalá ese sea un punto de partida para la construcción de un buen vecindario, que es lo único que uno necesita a estas alturas.