Victor Hugo Robles

Me gustaría que en algún momento alguien declarado gay, transexual, o lo que sea, pueda llegar a ser Presidente de la República ¿Te imaginas que en algún momento tengamos un jefe de Estado travesti? Nosotros en la fundación buscamos hacer dialogar el mundo sindical con el mundo de la diversidad sexual en torno a las luchas sociales. Por eso quisimos ser parte de este proceso constituyente, para dialogar sobre algo que nos convoca y nos interesa a todos, como es la construcción de una nueva Constitución. Entendemos que es un proceso limitado, que no es deliberante, pero nos ofrece y abre una ventana para conversar y poner nuestras propias utopías y sueños en un papel.

Quiero dejar en claro que yo sueño con una Constitución construida por todas y todos. Ninguno de nosotros ha sido constructor de ella, ni mis abuelos ni mi padres, porque siempre han sido escritas, ideadas y fraguadas por otros que han tenido el poder, pero la gente sencilla como nosotros, no ha tenido esa posibilidad.

Hoy tenemos que pensar en algo nuevo, que desplace, por ejemplo, la hegemonía del dinero y de la propiedad, que hoy rige nuestra carta magna. Queremos alzar la voz por el derecho a la educación sexual, que ha sido un tema ausente en la agenda política y social. Hablar de sexualidad en todos sus ámbitos, en términos de reproducción, pero también del deseo en todas sus concepciones, porque la sexualidad no es sólo para tener cabros chicos. De hecho, yo no tengo ninguno. Ahora sólo le enseñan a los niños el aparato reproductor femenino y masculino, un profesor que se pone rojo y está muerto de susto pensando qué van a decir los papás de su clase de educación sexual. Por esto es importante plantear, por ejemplo, el matrimonio igualitario. Una nueva Constitución debería estipular el matrimonio igualitario, donde cada uno tenga derecho a armar pareja y familia con quién desee, más allá de su sexo.

El otro día me encontré con el abogado Fernando Atria en Valparaíso y yo le comenté que la Constitución debería resguardar el derecho al amor, una Constitución loca, obvio. Pero creo que el afecto, el hecho de crear comunidades afectivas, compartir el deseo, debería estar presente, no sé en qué artículo. Él me dijo que estaba de acuerdo. Ese día le regalé “El Diario del Che Gay en Chile” con una dedicatoria que decía “por un loco deseo constituyente”. Fue como un flechazo.

Espero que todo lo conversado se vea reflejado en una consulta popular y que impulsemos una Asamblea Constituyente. Como decía mi querida amiga Roxana Miranda, todos tenemos que escribir la Constitución aunque sea con faltas de ortografía. Por eso hay que impulsar un proceso amplio que no sólo sea de la elite, sino que de las comunidades básicas, los sindicatos, los artesanos, los pobladores. Hay que aprovechar esta instancia y poner las demandas sobre la mesa, pero nunca abandonando la protesta.

Yo no sueño un Chile, porque encuentro muy limitado soñar un Chile. Sueño un mundo donde seamos hermanos, por ejemplo, de los bolivianos. Sueño un país más solidario, más amable, más cariñoso con los vecinos, un país menos bélico. Donde el dinero se use para solucionar las necesidades más urgentes de la población. Que se le quite dinero a los milicos para comprar armamento, porque qué sentido tienen unas Fuerzas Armadas que no nos van a defender de nada y van a usar la plata para reprimir. Soñar un Chile me parece muy chovinista y nacionalista, cuando hay muchos Chiles. Tenemos que pensar en una comunidad plurinacional, pluricultural, un pluri Chile, que integre la diversidad étnica, cultural, sexual, social. Porque no somos iguales, somos distintos, pero hay que hacer valer esas diferencias.

Los movimientos de la diversidad sexual están interesados en plantear una Constitución arcoíris, que sea más que ponerle a La Moneda luces de colores. Hay que pensar en un país donde esas luces estén.