Eugenio-Tironi_FOTO-Alejandro-Olivares[1]

“Miedo” lleva como título la columna que el sociólogo Eugenio Tironi escribe este martes en El Mercurio, y donde analiza un fenómeno social que advierte se suscitó en la segunda mitad del siglo anterior… la desconfianza, miedo o tirria de las élites hacia el ciudadano de a pie, ese de carne y hueso, que la mayoría de las veces no tiene idea cómo se llega a La Dehesa.

“Un hito crucial fue lo que sucedió en los años sesenta del pasado siglo, coronado por la Unidad Popular. Para la élite tradicional esto fue una pesadilla: los sindicatos, las expropiaciones, las tomas. Basta ese recuerdo para despertar un miedo irreprimible”, dice Tironi.

Además de ese periodo histórico, advierte que hay algo que tiene que ver con la segregación urbana.  Como ejemplo, recuerda “el día que “el decano” dejó su edificio histórico en calle Compañía para trasladarse a Vitacura, siendo seguido años después por casi todas las grandes empresas y estudios de abogados hoy instalados principalmente en Las Condes -incluyendo órganos del Estado como el Tribunal Constitucional, que seguramente dejó el barrio cívico para disponer de más independencia-“.

Para reforzar su argumento, habla de la creación del barrio La Dehesa, “que por su geografía está aislado del resto de Santiago, al punto que ahora ha dispuesto controlar a los vehículos que entran”.

Otro fenómenos, según Tironi, son la creación de las universidades ubicadas en sectores acomodados y la creación de empresas en esos mismo lares.

“La creación de universidades privadas en la “cota mil”, que permiten a los muchachos educarse desde que tienen uso de razón hasta el fin de sus carreras universitarias sin salir de su propio barrio. A esto se agregan las mutaciones de la economía chilena, donde los sectores financieros y de servicio -muchos de ellos globalizados- han venido desplazando a la actividad manufacturera, lo que lleva a que muchos profesionales desarrollen sus carreras sin salir del barrio alto, salvo para desplazarse al aeropuerto o tomar vacaciones fuera de Santiago”.

Si bien indica que puede haber motivos subyacentes además de los descritos, advierte que efectivamente hay personas “que despliegan su vida sin jamás interactuar en forma horizontal con el resto de sus compatriotas. No es solo que no quieran; es que simplemente no los ven, ya que casi no “bajan” al centro ni van a lugares donde se los pueda encontrar como iguales”.

“Esto es lo que nutre el miedo: la invisibilización de los otros, y la fantasía de vivir rodeados de populistas irresponsables, sindicalistas envidiosos, mapuches violentos, inmigrantes inmorales, consumidores tramposos y delincuentes sanguinarios”, apunta Tironi antes de redondear que todo esto es “la señal de que estamos dejando atrás una sociedad oligárquica y avanzando hacia una sociedad más horizontal y democrática. La verdadera amenaza está en el miedo de las élites hacia los chilenos de carne y hueso, que las empuja a levantar todo tipo de muros, tanto materiales como simbólicos, para defenderse de ellos”.