Javier Cercas oK

De paso por Chile, invitado al Festival Puerto de Ideas de Valparaíso, el escritor español Javier Cercas conversa con La Tercera sobre su última novela -que sale a la venta en febrero- “El monarca de las sombras”. Con este texto, el literato vuelve a la Guerra Civil Española tras “Soldados de Salamina”. Su visita además es coincidente con la publicación de “Formas de ocultarse”, donde escribe de sus lecturas y afinidades literarias, desde Borges a Vargas Llosa y Bolaño.

“”El monarca de las sombras” es una historia familiar, la historia de un tío de mi madre que se alistó con 17 años en el ejército de Franco y murió con 19 en la batalla del Ebro, la batalla decisiva de la guerra civil y la mayor batalla de la historia de España. Este chaval vivía con mi madre, que era una niña de siete años cuando murió y que, claro, lo consideraba un héroe. Esa historia me persigue desde mucho antes de que yo quisiera ser escritor: es una historia que siempre me rondó, que siempre sentí que tarde o temprano tendría que escribir. Ahora le llegó su momento”, cuenta.

“Soldados abre un interrogante que culmina en El monarca”, agrega Cercas respecto del porqué de volver a hurgar en el tema.

Suele decir que escribe para responder preguntas. ¿Qué pregunta busca responder en El monarca de las sombras? le consultan.

“Muchas, pero quizá sobre todo una, que tiene que ver con la relación entre la ética y la política (como muchas preguntas que suelen plantearse mis novelas): ¿por qué el tío de mi madre, que hasta donde he podido averiguar era un chaval decente y valiente, un intelectual idealista, luchó por una causa equivocada? De forma más general: ¿es posible ser un hombre moralmente decente y morir por una causa políticamente indecente? Y, si lo es, ¿por qué? La guerra civil fue un laboratorio atroz, donde esa pregunta se plantea como en pocos sitios”, contesta.

Sobre el límite entre la ficción y la realidad, presentes en su obra, afirma que “la ficción pura no existe: es un invento de los que no saben lo que es la ficción; más aún: si existiera la ficción pura no tendría el menor interés, porque el interés de la ficción deriva de que es impura, de que siempre se alimenta de la realidad, que es su carburante, y así convierte lo particular en universal, lo que le pasa a una persona o a un personaje en lo que nos pasa a todos”.