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En la foto, Alfonso Mora aparece parado en una esquina, el número once contando de izquierda a derecha. A su alrededor, el resto de los 29 compañeros de la generación 2006 del Colegio Padre Hurtado, curso al que llegó en segundo medio proveniente desde los Sagrados Corazones de Vitacura. Mora, a quien sus amigos le dicen Ponchi, un diminutivo de Poncho, por Alfonso, lleva puesto un vestón, una corbata, y el pelo corto, pegado al cuero cabelludo, como dibujado a una pronunciada frente. Mismo look que tiene en la foto que le tomaron durante unos trabajos de invierno a los que asistió, y en otra en la que aparece junto a uno de los hijos del expresidente de RN, Carlos Larraín, durante una celebración. Todas imágenes de su perfil de Facebook.

Mora tiene 28 años y es abogado de la Universidad Católica. Trabaja en el estudio jurídico Baker & McKenzie, filial chilena de la multinacional firma legal. Una formación exitosa, salvo por un detalle. A fines de abril de este año, la fiscalía lo formalizó por la entrega de boletas ideológicamente falsas a SQM. En dos años, entre el 2011 y el 2013, como estudiante y luego como abogado, Mora emitió dos documentos por 13 millones de pesos y reclutó a un grupo de cinco boleteros, entre sus familiares y compañeros de universidad y el colegio. Nueve boletas en total que juntas suman 62 millones de pesos en trabajos que nunca realizaron, dinero que terminó financiando las campañas políticas de Pablo Zalaquett y Pablo Longueira, de quien Mora es sobrino en segundo grado.

-Ponchi participó en La Fronda, un grupo en el que compartían varios compañeros. Paltones que salen de colegios ABC1 como el Cordillera y el Cumbres, y que después llegan a estudiar derecho a la Universidad Católica y se identifican con el gremialismo o Solidaridad, que son como los gremialistas pero más católicos. Son rubios y de familia. Son la caricatura del cuico -dice un abogado de la UC de 28 años, excompañero suyo que egresó de allí a fines del 2012, y pide confidencialidad en su nombre.

-Yo no soy de La Fronda, pero mantengo amistad con varios de ellos –se excusa.

A los abogados de la UC con los que hablamos para este reportaje se les hace difícil definir al grupo al que dicen pertenecía el sobrino de Longueira. Algunos aseguran que el sobrenombre es más antiguo que Jaime Guzmán, y que está inspirado en La Fronda Aristocrática, el libro en el que Alberto Edwards relata las pugnas y treguas entre el Estado y la aristocracia desde la época colonial.

-Son personas de clase alta, que llegan de los mismos colegios y se juntan entre ellos. Han estado siempre ligados a la derecha –agrega el abogado.

Alfonso Mora –dice él- era uno de ellos.

EL SOBRINO

Alfonso Mora nació en mayo de 1988. Es hijo de Alfonso Mora Del Río, gerente de seguridad operacional de TurBus, y María Loreto Domínguez Longueira, prima hermana de Pablo Longueira. Aunque el parentesco es más o menos lejano, él siempre manifestó admiración por su tío y a veces lo visitaba en la sede que tenía en Los Leones. No se ufanaba de su parentesco en público, pero todos sus conocidos y amigos sabían que él era el sobrino de Longueira.

-Él era de derecha, pero no participaba mucho en política universitaria. Hacía trabajos de verano y ayudaba en las campañas dependiendo de la amistad que tuviera con el candidato. No era un cerebro, ni una persona que moviera los hilos –recuerda el excompañero.

Según él, no hay certeza de qué tan a la derecha estaba Mora en la universidad. Transitaba entre el gremialismo y Solidaridad, el grupo que se formó en el 2010, y que en conjunto tienen la simpatía de dos tercios de los alumnos de la escuela.

-Derecho es una carrera en la que están muy marcados los grupos sociales. En primer año sabes inmediatamente cuáles son los que vienen de determinados colegios gringos, conservadores, o los que son de regiones. Los que vienen de colegios cuicos se conocen todos desde antes. Ellos son La Fronda -agrega un exmiembro del centro de alumnos de la carrera.

El exdirigente asegura que la gran mayoría de los que se sienten parte de ese grupo, pasan por un proceso de formación. Describe dos grupos encargados del adoctrinamiento: el del historiador, columnista de El Mercurio, y numerario del Opus Dei, Gonzalo Rojas, y el de Julio Isamit, exdirigente del centro de alumnos del Instituto Nacional, abogado de la UC, y fundador de Siempre por la vida, organización que se opone a la legalización del aborto.

-Lo más nefasto de derecho, no son los cabros que ahí estudian, sino que son Rojas e Isamit. Ellos los agarran desde el colegio y los siguen cuando entran a la universidad. Desde primer año, Rojas se hace amigo, te invita a comer a su casa y después terminas en la Fundación Jaime Guzmán. Me consta, porque compañeros míos fueron a esas comidas. Así se forma la derecha en la escuela. Los meten a su red –dice un exalumno.

Los excompañeros de Mora que entrevistamos desconocen si él pasó por alguno de estos grupos de formación, pero lo ubican como parte de los influyentes alumnos de la carrera.

-Él tenía un parentesco con Longueira y esa era su única red –apunta un expresidente del centro de alumnos.

Aquella relación, de la cual no hay muchos antecedentes de cercanía, alcanzó su peak de confianza el 10 de octubre de 2011, cuando cursaba quinto año de derecho y emitió su primera boleta ideológicamente falsa a SQM, todo a pedido de Titi Valdivieso, la asesora de confianza de su tío, a la que siempre veía cuando iba a visitarlo a su oficina. A fines de septiembre de ese año, ella lo llamó por teléfono para plantearle una atractiva propuesta. Le dijo que necesitaba una boleta por 5 millones 555 mil pesos y a cambio él podía quedarse con la devolución de impuestos del año siguiente. La oferta lo tentó.

Dos semanas después, el joven procurador cobró el dinero y se lo hizo llegar a Valdivieso. Cuando el 29 de septiembre pasado lo entrevistó un equipo de fiscales, tras haber guardado silencio por casi un año, Mora no recordaba si había ido al banco a hacer la transferencia a la cuenta de la secretaria o si le había enviado los billetes con Bruno Vera, el junior de su tío.

-Esto no me llamó mayormente la atención… Titi Valdivieso era la mano derecha de Pablo Longueira y como no tenía una relación personal o de amistad con ella, presumí que todo me lo pedía en conocimiento de Pablo –dijo.

Mora confesó haber recibido poco más de 500 mil pesos por la retención de impuestos de esa boleta y que ocupó el dinero en gastos personales. Tenía 23 años y nunca había pisado una oficina de SQM. Ponchi, como le decían sus amigos, apenas sabía procurar y ya había debutado con un delito tributario.

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BOLETEROS

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Tras esa primera llamada, pasó casi un año hasta que Titi Valdivieso le volviera a hablar nuevamente al sobrino de su jefe. Fue en agosto del 2012, ocasión en que le solicitó dos boletas, una suya por 7 millones 777 mil pesos, y una de otro profesional. Mora pensó en su hermana María Loreto, mayor que él por casi dos años, que en ese tiempo trabajaba como profesora en el Colegio Apoquindo, y que terminó boleteando por 4 millones 444 mil pesos a SQM. En octubre de ese año volvió a hacer lo mismo, esta vez por 7 millones 777 mil pesos. Todos, trabajos que nunca realizó.

-Cuando mi hermano me propone esto no dimensioné las consecuencias. No sabía cuál era el destino del dinero, todo lo hice de buena fe –le dijo al quipo del ministerio Público.

Loreto declaró el 24 de junio de este año. Contó que el pago de ambas boletas fue realizado a través de un vale vista y que luego había depositado el dinero a una cuenta que pertenecía a Titi Valdivieso. Al otro año, recibió más de un millón de pesos en su devolución de impuestos.

-Recuerdo que luego le avisé a mi hermano que ya había depositado el dinero y él le debe haber avisado a la Titi, porque como le dije, este era el mecanismo –agregó.

En forma paralela a los primeros pedidos de Valdivieso, durante el segundo semestre de 2012, Alfonso Mora conoció a Carmen Luz de Castro, a quien sus amigos le decían Coca. Ella es hija del economista Sergio de Castro, Chicago Boy que redactó El Ladrillo, y se la presentó su primo Alejandro Longueira, hijo de su tío Pablo, durante una comida con jóvenes en la casa de Pablo Zalaquett. La idea era fidelizar un grupo de trabajo frente a las municipales que después terminaría perdiendo, pero también fue una astuta forma de conseguir boleteros. En septiembre de ese año, cuando Mora ya había aprobado su examen de grado, trabajó durante tres semanas en la campaña y en noviembre ingresó al estudio Backer & McKenzie. En su página web fue presentado como miembro del Grupo de Prácticas Fiscales, con experiencia en proyectos de minería y en organizaciones sin fines de lucro, entre otras materias.

-El señor Mora aconseja en asuntos relacionados con impuestos. Enfoca su práctica en proyectos de planificación tributaria, asuntos de reestructuración corporativa, y asesora sobre temas tributarios locales e internacionales –decía su currículum.

Allí trabajaba cuando Coca de Castro lo llamó en diciembre de 2012 para pedirle una boleta de un ingeniero comercial o uno que estudiara civil. El sobrino no dudó en ayudarla.

Así entró Diego Coopman a la red. Había sido compañero de Mora en el Colegio Padre Hurtado y había egresado hacía poco tiempo de ingeniería comercial en la UC. Coopman no preguntó muchas cosas cuando le pidieron boletear. A los días tuvo que cobrar un vale vista y luego se lo depositó a su amigo, que más tarde envió el dinero a de Castro, quien presumiblemente pagó gastos de campaña. Poco antes de Navidad, repitieron la operación. Esta vez, de Castro necesitaba un abogado y un documento por once millones de pesos. Mora pensó en Cristóbal Larraín Baraona, amigo íntimo, colega suyo en Backer & McKenzie, y también exalumno de la UC.

-Estuve de acuerdo porque necesitaba la devolución de impuestos, ya que venía llegando de un viaje –le explicó Larraín a los fiscales.

En abril de 2013, sin embargo, su devolución fue rechazada. Como la boleta había sido emitida al filo de diciembre, había pasado a la contabilidad del año siguiente. Mora le escribió un correo a Coca de Castro y ésta a su vez habló con Katherine Bischop, secretaria del entonces gerente general de SQM, Patricio Contesse. Allí, el joven abogado le explicó que la jefa de plataforma de la Dirección Oriente del SII le había asegurado que el problema estaba en la compañía.

-A su vez me señaló que en caso que SQM se niegue a corregir la declaración tendrá que presentar un reclamo ante el SIl para que ellos los notifiquen y posteriormente rectifiquen. Esta última circunstancia obviamente la queremos evitar. En este momento Cristóbal Larraín está con notificaciones del SII. Te ruego solucionar este tema a la brevedad, ya que no tengo cara para seguir dando explicaciones –le dijo a De Castro.

El tema no se resolvió, pero eso no fue impedimento para que Mora continuara reclutando boleteros. A comienzos de mayo de 2013, Titi Valdivieso lo llamó para pedirle tres boletas más. Le dijo que una podía ser de su hermana, pero que las otras dos debían ser por asesorías legales. Mora contactó a dos compañeros de derecho de la universidad, y a cada uno les pidió boletas por 7 millones 777 mil pesos. Benjamín Henríquez, uno de ellos, era dos años menor que él y venía llegando de Australia, donde había estado casi todo el 2012. Había regresado a Chile a trabajar a una productora, pero desde el 2011 que había iniciado actividades como procurador. En ese tiempo estaba en el estudio Carey, elegido en los años 2009, 2011, 2014, y 2016 como la mejor firma de abogados del país en un ranking elaborado por Chambers and Partners, una de las publicaciones legales más influyentes del mundo.

-En el círculo de conocidos se sabía que esto era común y además Alfonso me dijo que lo había hecho con otras personas –dijo Henríquez en su declaración.

CORTAR LA COLA

Aunque las posibilidades de que a Mora y sus amigos los pillaran eran muy escasas, una pista aparecida en el caso Penta desvió las miradas sobre SQM. Algunas boletas de la contabilidad de la campaña de Pablo Zalaquett aparecieron vinculadas a la minera, y para entonces, el grupo reclutado por Alfonso había boleteado ya por más de 62 millones de pesos. En menos de dos años, se habían transformado en una pequeña, pero comprometida red de financiamiento ilegal de la derecha, antecedentes que luego fueron usados por el Ministerio Público para argumentar el delito de cohecho por el que Longueira está formalizado desde junio de este año.

En su acusación, los fiscales argumentaron que estos pagos, y todos los otros que se le hicieron a su entorno, estaban destinados a influir en decisiones cuando había sido senador y ministro, todas relacionadas con contratos de invariabilidad tributaria entre SQM y el Estado. Una aceitada máquina en la que Mora, luego de conocer los alcances, estaba arrepentido de haber participado. Cuando el caso estalló, no todos los involucrados sabían que el dinero había terminado en pagos políticos.

-Pertenecí a una generación de jóvenes que en esa fecha éramos estudiantes universitarios y fuimos usados por una generación de profesionales, empresarios, políticos, que nos hicieron ver como normal situaciones que son al menos moral y éticamente reprochables –explicó en su declaración.

Su relato causó sorpresa en uno de sus amigos: un abogado de su misma edad, que conoce a todos los boleteros involucrados, y que dice que Ponchi -como le dice- omitió una parte importante de la historia.

-A algunos él les cobraba la mitad de la devolución. Un par de veces le transfirieron 350 mil pesos. Te pintaba esto como si fuera una paleteada, por la que además te podías ganar unas lucas… estaba convencido de que esto no tendría ninguna repercusión legal, pero todo el mundo sabía que lo de las boletas estaba muy al límite –explica el abogado.

Según él, Mora habría querido mantener en secreto aquellos cobros, aunque en su grupo más cercano varios estaban al tanto.

-Él se disculpó con ellos y les pidió que trataran de no hablar con la fiscalía sobre el cobro que él habría hecho sobre las devoluciones… lo pasó mal, por toda la gente que involucró, sus amigos y familiares –agrega.

Cierto o no, ninguno de los boleteros dijo en sus declaraciones que Mora les ‘cortaba la cola’. Algunos omitieron la información y otros, como su hermana y Benjamín Henríquez, fueron enfáticos en señalar que no compartieron la devolución de impuestos con nadie. Sin embargo, los seis imputados se negaron a abrir sus cuentas bancarias para comprobar que no habían transacciones entre el grupo. En el relato que Alfonso dio en la fiscalía, tampoco hay información sobre las motivaciones que tuvo para reclutar profesionales. Cuando le preguntaron a su tío por él, el exministro prefirió guardar silencio.

En los últimos meses, la fiscalía ha pedido la suspensión condicional del procedimiento de casi todos los imputados vinculados a Alfonso Mora. La condena ha sido la misma: una multa del 5% del total de las boletas que emitieron y firmar cada dos meses en una comisaría. Con Mora fueron más duros. Hace algunos meses fue multado con el 5% de todas sus boletas y también de las que solicitó: 2 millones 888 mil pesos que tuvo que pagar al fisco.

Consultado por The Clinic, el sobrino de Pablo Longueira negó haber cobrado la mitad de la devolución a sus amigos, misma versión que dieron algunos de ellos. Otros, en tanto, se negaron a responder.