“Resolver el Cuadrado Mágico es un don que me dio San Genaro, el patrono de Nápoles, cuando estaba en la selva amazónica y me quedé empantanado un mes entero. Fue en 1982. Había ido a conocer los monos, los jaguares y las culebras, porque siempre he sido medio aventurero, pero las cosas no resultaron bien. No pude ver ningún animal por culpa de un diluvio. Lluvias torrenciales me dejaron varado. Estaba solo sin saber qué hacer. Por suerte, andaba con unos crucigramas y me dediqué a llenar unos cien para matar el tiempo. Terminé siendo experto. Como los hice rápido, comencé mentalmente a contar y multiplicar cifras enormes. Ahí, me propuse crear una fórmula matemática que cambiara la historia. Cuando pasó la lluvia y pude salir de la selva, ya era un genio matemático. Por eso siempre digo que me gradué en la Universidad de la Amazonía. Yo no tengo estudios universitarios formales, solo llegué hasta quinto año de preparatoria, pero puedo hacer cálculos muy complejos. Verdaderas obras de arte sobre papel. Lo que hago no son matemáticas, son obras de arte que usted puede ver en esta pared. Mi obra máxima es una torre de 35 metros, que pesa 35 kilos, compuesta de cuadrados rellenados con tres o cuatro dígitos que suman en todas las direcciones la cifra de 35. Esa torre la mostré en México donde rompí el Récord Guinness unos años atrás. ¡Una verdadera maravilla del mundo! Antes de Cristo estuvo Pitágoras, después de Cristo estuvo Einstein, el genio del Nuevo Milenio es Giuseppe Polone. Es decir, después de Pitágoras y Einstein, vengo yo. Y lo digo con mucha humildad. El Cuadrado Mágico ha sido validado en la universidad de la calle, donde me he terminado de graduar, que queda acá, al costado de la iglesia de San Angelo, donde está mi oficina y mi pizarra. Aquí he aprendido todo, ninguna universidad enseña esto. Tampoco me interesa estudiar en la universidad, además que ya me gradué. Mis alumnos son los turistas. Para acercar el Cuadrado Mágico a la gente de la calle, diseñé una versión para principiantes. A las personas les pido que piensen un número del 1 al 60, pero que no me lo digan. Dibujo un Cuadrado Mágico en mi pizarra en el que voy agregando números a medida que les voy preguntando si me acerco a la cifra que pensaron. Al final, siempre adivino. A cambio de una propina, a los turistas les enseño el truco para que lo ejerciten en sus casas. Si lo logran hacer, como yo, les entrego un diploma de la Universita’ Stradale, donde el rector es Giuseppe Polone, y los titulo de doctores matemáticos.

La gente queda boquiabierta cuando ven que no me equivoco nunca. Incluso, algunos llegan con calculadora y computadora en mano para desafiarme, pero siempre les termino ganando. He querido medir mi conocimiento en la universidad, pero como los profesores son ignorantes, no quieren resolver el Cuadrado Mágico para no terminar dando pésima imagen como científicos matemáticos. Por eso no han venido a verme. Saben que no pueden. Si los científicos validaran mi trabajo, tendrían que cambiar la historia de las matemáticas, porque estarían frente al Pitágoras del siglo XXI. Pero no les interesa, simplemente, porque no saben mucho. Se defienden así. Allá ellos. De todas maneras, la competencia sigue estando abierta. Me gustaría que vinieran matemáticos a resolver el Cuadrado Mágico. Si alguien tiene el coraje de hacer una prueba conmigo, bienvenido sea.

Yo vivo en Costa Rica, allá tengo familia. Me fui después de pasar por el Amazonas. Volví el año pasado a Nápoles, mi ciudad natal, para romper el Récord Guinness que yo mismo impuse en México. Estoy en eso. Espero lograrlo en abril y luego regresaré a Latinoamérica. Amo a los latinos, la comida, la gente, los paisajes, todo. Me considero un latino más. Pero antes de irme, me encantaría que el mundo se enterara que un napolitano es el rey del Cuadrado Mágico y el campeón mundial de las matemáticas. El banco de Nápoles y el municipio se comprometieron a ayudarme. Vendrá la televisión, los ingleses, todo el mundo. Para el Guinness, tengo que hacer una torre de 40 metros de altura en material de plumavit. La torre estará compuesta de 40 cubos, cada uno pesará 40 gramos, y en total pesará 40 kilos. Será de 40 centímetros de ancho y largo, llenos de números. Cuando usted pesque cualquier columna, diagonal, lo que sea, la suma siempre dará 40. ¡Una torre perfecta!

Este augura ser el año de la felicidad. Me irá bien. Si uno separa la cifra 2017 en dos, se dará cuenta que el equipo de fútbol del Nápoles le ganó 2 a 0 al Génova y después jugando con Boloña el resultado fue 1 a 7 a favor del Nápoles. O sea, 20-17. Entonces, este será un buen año para Nápoles y espero que para mí. Soy hincha de Nápoles y, por supuesto, de Maradona. De hecho, tengo una foto con él cuando llegó a jugar al Nápoles. Él es un santo después de San Genaro. Se le perdona todo, porque nos hizo salir campeones. Acá lo amamos más que al Papa. Después de Santo Maradona, estaba San Pipita Higuaín pero ahora no lo queremos después de que decidiera traicionarnos para irse a la Juventus. De hecho, yo quería hacer una torre de 36 metros en honor a los 36 goles que anotó vistiendo la camiseta nuestra. Como se fue, la cambié por la cifra de 40. Sé que habrá un jugador mejor que él que meterá 40 goles.

A veces la gente me ve como un loco, pero qué genio no lo fue. Más admiran mi trabajo que otra cosa. Lo único malo es que de repente se acerca gente pidiendo que le adivine los números de la lotería, pero de eso no soy experto, sino la historia sería otra”.