Emol sacó a la luz este miércoles una nueva demanda que enfrenta el Arzobispado de Santiago por un supuesto caso de violación. Según detalla este medio, se trata de una acción judicial interpuesta en diciembre de 2016 ante el 10° Juzgado Civil de Santiago por la víctima de iniciales O.M.M., hoy de 49 años.

“Ni la Congregación ni el Arzobispado vigilaron jamás de manera adecuada el comportamiento de sus miembros, ya que de haber sido así, se hubiesen enterado que el sacerdote padecía sífilis y Sida. Y en consecuencia, estos hechos jamás hubiesen ocurrido”, dice el texto patrocinado por el abogado de la Corporación de Asistencia Judicial, Rodrigo Godoy Araya.

Según emol, el libelo alude a Víctor Calderón Soriano, miembro de la Congregación Mercenarios de la Iglesia de la Merced, quien murió hace cinco años luego de ser diagnosticado de sífilis y Sida.

De acuerdo a la versión de la víctima, el ultraje habría tenido lugar en 2005 cuando realizaba trabajos en la iglesia de La Merced de Chimbarongo. “Arreglé unas canaletas que estaban chuecas y limpié las hojas del techo. Luego, cuando comenzó a anochecer, el sacerdote me dijo que volviera otro día”. Cuando eso sucedió, el cura le ofreció inicialmente un café y posteriormente ya pasaron a la piscolas. “Bebí alrededor de cuatro vasos (…) cuando regresé del baño, el cura ya me había servido el quinto. Seguimos conversando y después no me acuerdo de nada más, creo que fui drogado ya que me sentía bien y de un momento a otro, ya no recordaba nada”.

Afirma que se despertó desnudo sobre la cama del sacerdote. “Me sentía sucio, me daba asco a mí mismo, sentía que no valía nada, que todos sabían lo que me había pasado y me daba vergüenza salir a la calle. Estuve así dos semanas, muy mal, sin saber qué hacer (…) me volví alcohólico (…) estuve casi dos años tomando todos los días, vendí todo lo que tenía de valor, perdí mi trabajo, me endeudé y quedé prácticamente en la calle”.

“Siempre me dio miedo hacer la denuncia, porque toda mi familia se iba a enterar (…) pensé que iba a perjudicar a mis hijos y que se iban a burlar de ellos. Esto me llevó a callar los hechos”, asevera.

Tras sufrir ese tormento que relata, dice que en 2012 “y con el apoyo de mi familia, decidí hacer la denuncia ante los superiores de la Congregación Mercedaria”.

Ahí fue cuando denunció el hecho ante las autoridades religiosas correspondientes y a petición del padre Ramón Villagrán se practicó una serie de exámenes médicos. “Después de dos semanas, cuando me llamó, me dijo que uno de los exámenes arrojó que padecía sífilis y que el sacerdote Víctor Calderón había fallecido el 26 de junio de 2012 producto de ello, y que también padecía Sida (…) El padre sabía de las enfermedades del cura y por eso insistió en que me controlara”.

“Me ofreció una pensión de por vida y el compromiso que la Iglesia se haría cargo de mí todos los meses, como forma de reparar el daño que uno de sus miembros había ocasionado”, agrega.

Agrega la publicación que Ezzati fue notificado en enero de este hecho y que el Arzobispado dijo “los supuestos hechos que sustentan la acción civil habrían ocurrido hace más de diez años fuera de la Arquidiócesis de Santiago, y el presunto autor de los mismos -ya fallecido- no pertenecía a los sacerdotes de esta arquidiócesis”.