A dos días del lanzamiento de “la madre de todas las bombas” que hizo Estados Unidos sobre territorio afgano, cuyo objetivo era acabar con un “sistema de túneles y cuevas” del Estado Islámico, autoridades locales afirmaron que el explosivo GBU-43 acabó con la vida de 94 miembros de la organización yihadista.

Según un comunicado redactado por el Gobierno de la provincia de Nangarhar, “cuatro altos cargos” del EI murieron producto del bombardeo: Hamza Abubakr, Hamid, Mohammad Ibrani y Hafiz Sayed. Además, señala que se destruyeron “tres túneles y un depósito de munición”.

Junto a estas noticias, un miembro del Ministerio de Defensa afgano, Dawlat Waziri, y el jefe del contingente de EE.UU. en Afganistán, general John Nicholson, afirmaron en una conferencia de prensa que la ofensiva no causó víctimas civiles. La única familia que vivía cerca del objetivo, aseguran, fue desalojada antes del bombardeo.

Por su parte, el grupo yihadista negó que el ataque de Estados Unidos haya causado la muerte de alguno de sus integrantes. Esto, a través de un comunicado publicado por la agencia Amaq que asegura que no hubo “ningún muerto ni herido tras el ataque estadounidense ayer (jueves) en Nangarhar con un misil de tipo GBU-43/B”.