Alguien dijo meses atrás que el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca era como poner a un loco (con el respeto por éstos) a cargo de un manicomio. Esto porque el magnate, con todo lo que se sabe de él a través de sus propios discursos, quedaba al mando de la primera potencia nuclear del planeta. Pues bien, imagínense entonces cuál es la situación si a este personaje le sumamos otros de similares características como es el líder de Corea del Norte, Kim jong-un. La mezcla parece explosiva, y no como en los monitos animados, sino que explosiva en proporciones nucleares.

Ayer hubo un amenazante intercambio de mensajes y hoy sigue la historia a través del embajador adjunto del país asiático en la ONU, Kim In Ryong. Durante esta tarde, el funcionario afirmó que Estados Unidos crea “una situación peligrosa en la que una guerra termonuclear puede estallar en cualquier momento”.

Al igual que el lunes y lejos de dejarse amedrentar, sostuvo que “si Washington opta por una acción militar, estamos preparados para reaccionar a cualquier tipo de conflicto”.

Cabe recordar que ambas intervenciones de Kim llegaron a propósito de las palabras del vicepresidente Mike Pence, quien en su visita a Corea del Sur, dijo que Norcorea “haría bien no poniendo a prueba la determinación” de Donald Trump, puesto que “derrotaremos cualquier tipo de ataque, y haremos frente a cualquier provocación nuclear o de misiles con una respuesta apabullante”.

“Esta grave situación prueba una vez más que la República Democrática Popular de Corea está enteramente justificada cuando aumentó sus capacidades de autodefensa y ataque preventivo con el puntal nuclear”, afirmó además el embajador Kim In Ryong.