El Mercurio recoge en una crónica cómo fue para los censistas hacer la pega en la mega torre de Estación Central, construcción que se hizo famosa cuando el intendente Claudio Orrego denunció que se trataba de verdaderos guetos verticales.

“¿Estos no eran los famosos guetos verticales?” era la impresión de los voluntarios a medida que se apersonaban ante el imponente edificio donde hay más de 1.000 departamentos.

La tarea partió ni bien el reloj marcaba las 9:15 horas de la mañana cuando el grupo de 44 personas llegó hasta calle María Rozas de Velásquez 65.

“Cada censista tiene un piso; o sea, unos 24 departamentos por cabeza”, explicaba Róbinson Ramírez, uno de los supervisores.

Antes de partir, y de que incluso llegara todo el batallón, transcurrieron unos 45 minutos. Luego, pasó otro tanto de tiempo, pues cada unos de los 44 debía registrarse y pasar los famosos torniquetes rumbo a los ascensores.

En ese lugar, como sucede a diario a quienes habitan la torre, debieron esperar a que llegase uno de los tres ascensores que suben y bajan a la gente. En ese afán, tuvieron que formar filas, como cuando se espera un Transantiago o es preciso pasar un torniquete del Metro en hora punta en un estación repleta de personas.

Al acercarse el mediodía, desde el interior de algunas vivienda sonaban ritmos como la bachata, la salsa y el reggaetón. “Así es todos los días. Los extranjeros son así, alegres y bulliciosos”, relataba un vecino.

De acuerdo a lo que consigna El Mercurio, el 80% de quienes habitan el edificio son extranjeros. Pese a que los departamentos son chicos, en muchos de ellos habían pernoctado unas diez personas. “No fue en la mayoría, pero en algunos departamentos sí había mucha gente y eso demoraba todo”, dijo una supervisora.

Pues bien, la tarea al parecer fue titánica, agotadora, pues sólo en ese lugar se extendió por casi 5 horas.