¿Cómo estás después de todo este escándalo? ¿Cómo te enteraste de lo que estaba pasando en Chile con el desmentido de La Tercera?
-Aquí estoy, bastante afectada y sin poder, hasta ahora, defenderme como corresponde. La primera noticia que tuve fue cuando me llama el subeditor de Mundo de La Tercera, a la una de la mañana, que yo estaba media dormida y me dice que estaba pasando algo grave, que le mandara el casete de la grabación de la entrevista a Zapatero, pero no me dijo qué ocurría. Al día siguiente, de La Segunda me hacen unas preguntas que me ponen los pelos de punta, porque me voy enterando de la situación espantosa. De La Tercera me pidieron que les explicara por mail todo y lo hice, pero cuando llamé para contarles lo de La Segunda, fríamente me dijeron que estaba cesada y que me informara por internet. Pero en casa no tengo internet, tengo que ir al locutorio, tampoco veo televisión ni escucho radio, así es que fui averiguar más a la oficina de Zapatero, pero me salió una señora gorda, Gertrudis, que no sé si era la mujer de la limpieza o la secretaria, y no me dejó entrar. Es que a mí no me llamó nadie, ¿me entiendes? Y tampoco el periodista de La Segunda publicó las fotos que mandé con gente importante y mi Licenciatura de la Complutense. Quizás porque estoy emparentada con los Edwards Eastman, por mi primer marido, porque el vespertino pertenece al grupo de El Mercurio. O tal vez llamaron de La Tercera para que no publicaran nada, no sé…

¿Hace cuánto tiempo empezaste en el periodismo?
-Estudié cuando tenía como 40 años, en el 80. En esa época me había separado de mi segundo marido y llegué de regreso a Chile con la espina del periodismo clavada. Me puse a trabajar con Juan Pablo Cárdenas en la Análisis, pero solo de Oriente Medio, que era lo que me interesaba. Tenía idealizado ese mundo maravilloso por las películas, los cuentos que me leía mi madre de Las mil y una noches, su cultura milenaria, ¿me entiendes tú? y empecé a escribir de Libia.

¿Pero qué tienes que ver tú con Libia?
-Una vez iba con un matrimonio amigo a Puerto Montt en tren y veo que la revista Ercilla tenía en su portada una entrevista a Gadafi hecha por la Oriana Fallaci. Y justo yo había recortado las entrevistas de ella a Khomeini y a Gadafi en el New York Times, pero cuando lo vi en castellano, les dije a mis amigos, “a ese lo tengo que conocer”. Se me metió en la cabeza llegar a Gadafi. Contacté a periodistas y políticos de ascendencia árabe para que me aconsejaran cómo llegar a Libia. En ese momento, Chile no tenía relaciones con Libia porque Gadafi ayudaba a las guerrillas en Latinoamérica, así que pedí una audiencia con el encargado de la Oficina Comercial de Libia en Buenos Aires y viajé a conocerlo. Allá me invitó al Congreso Internacional del Libro Verde en Bengasi. Fue un viaje de lujo, con invitados como las Panteras Negras, Óscar Guillermo Garretón, Aniceto Rodríguez, mucha gente, visitamos museos extraordinarios, la Universidad de Garyounis, decorada con piletas de agua, nos llevaron a ver edificios construidos para los nómades… Gadafi tenía ese país en su puño, pero hizo cosas buenas, en cambio hoy Libia es un país fallido.

¿Y pudiste conocer a Gadafi?
-Estuve muy cerca fotografiándolo y me firmó un Libro Verde, un símil al Libro Rojo de Mao. Lo encontré guapísimo. Usaba el cabello muy corto y rizado como los griegos, era alto y delgado, tenía una boca muy sensual, llevaba un traje beige con una capa de fondo verde claro y ribetes anchos dorados. A pesar de su carácter fuerte, no gesticulaba como Fidel Castro, hablaba con tono tranquilo, pero todo lo que decía era violento. No pude entrevistarle entonces, yo venía del Chile de Pinochet, uno de sus enemigos.

¿Siempre fuiste así, tan llevada de tus ideas?
De niña, si no me daban lo que quería, me desmayaba para llamar la atención. Fui muy observadora, soñadora y de carácter fuerte, jamás se atrevió a acercárseme un pedófilo. Me escapaba a los tejados en mi casa de campo para observar la inmensidad del paisaje, sentir el ruido del viento, la comunicación de los pájaros en su trinar, las enormes nubes blancas que formaban figuras. Todo eso me hacía soñar en tierras lejanas, pero a la vez era sociable, igual que ahora.

¿Qué tal tu familia?
-Tradicionales. Toda mi familia, por ambos lados, es de militares y soy conservadora en mi forma de ser, he sido educada a lo militar, igual que la Bachelet y la Evelyn Matthei. Mi padre era aviador y Bachelet y Matthei fueron alumnos de él. Mi abuelo paterno era del Regimiento de Húsares, amigo de Arturo Alessandri Palma. Mi abuela paterna tocaba el piano y la bandurria. Toda mi ascendencia es vasca por los dos lados, llegaron a Chile en el período colonial.

Una educación estricta, entonces…
-Bastante. Me eduqué con las monjas del Buen Pastor y absorbí sus valores morales y la ayuda a los débiles. En Inglaterra, cuando mi papá tuvo un cargo diplomático estuve interna en el Saint Maur’s Convent, con las monjas irlandesas. Pero no me afectó en absoluto en mi comportamiento sexual futuro, y me enseñaron a respetar todas las religiones. No soy cerrada ni mojigata. Mis niñas fueron al Villa María Academy. Mi exmarido norteamericano quería un colegio laico, pero yo no. Tengo mis conceptos conservadores y religiosos, y en un matrimonio siempre he actuado de buena manera, prefiero divorciarme a hacer cosas que no corresponden…

¿Te casaste joven con un Edwards, me dijiste?
-Sí, con Edmundo Edwards. Primo de Agustín Edwards por los dos lados, Edwards e Eastman. Incluso él, cuando sus padres viajaban, se quedaba en la casa de ellos. Pero me separé cuandos las dos niñas eran muy pequeñas. Edmundo es arqueólogo y pasaba mucho en la Isla de Pascua. Éramos polos opuestos, a él le gustaba la fiesta, y yo era de vida tranquila y muy aterrizada. Dada mi mala situación matrimonial, vivía con mis padres y tenía que trabajar. Tuve una boutique en Providencia con calle Suecia, que se llamaba Maeva.

Y te volviste a casar.
-Con Peter. Lo conocí por una amiga que era secretaria de la Fundación Ford. Ella me invitó a una cena y ahí se me acercó Peter, y como yo tengo bastante personalidad, nos pusimos a conversar de Cortázar, Vargas Llosa, Jorge Amado… Le costó convencerme, pero me casé como el 72. Vivimos diez años en Estados Unidos, pero nunca quise hacerme ciudadana estadounidense. Echaba de menos a Chile y a mis padres. Mi nanita se fue conmigo y cuando hubo problemas de visa con ella, Peter pensó casarla con un tío soltero para que tuviera sus papeles. No sé lo que hizo al final, él tenía cierto poder por ser vicepresidente de la Fundación Ford, pero ella se quedó con nosotros. El mundo de Peter era fascinante. Viviámos el fin de los setenta, una época convulsionada y a través de él conocí a políticos chilenos, latinoamericanos, estadounidenses, profesores universitarios, periodistas. Una noche, en una cena en Nueva York, me presentaron a Juan Pablo Cárdenas, el entonces director de la revista Análisis.

¿Cómo llegas a España?
– Después del 81, separada y ya instalada en Chile, empecé a viajar a España a ver a un amigo libio que conocí en Trípoli, él era el encargado de la Agencia de Noticias Libia JANA. Nos hicimos más que amigos, incluso, ¿me entiendes? Era muy especial, guapísimo. Nunca había conocido a nadie como él, era misterioso, de personalidad fuerte, bastante más joven que yo, pero a él no le importaba. Había estudiado geopolítica y dominaba cinco idiomas. Era musulmán, muy estricto, pertenecía a un clan muy cerrado, contrario a Gadafi, algo que supe después. De hecho, fue parte de un intento de golpe en Libia, pero les fue mal y murió ahorcado, la muerte más humillante en el mundo musulmán.

¿Entonces te fuiste a vivir a España por amor?
-No, olvídate, si yo soy con los pies bien aterrizados, soy Virgo. Me fui a estudiar periodismo porque él me dice, “Ximena, tú escribes como periodista, pero no lo eres, ¿por qué no sacas la carrera?” Mis dos hijas estaban criadas, viviendo con mi exmarido y terminando sus estudios en un colegio privado en Washington. Entonces vendí mi coche, algunos muebles antiguos, y me vine a Madrid. A vivir sola, no con él, estuvimos como diez años juntos, pero al final terminamos amigos.

¿Pero estudiaste periodismo?
-Claro, tengio mi título de la Complutense y mientras estudiaba, hacía entrevistas a políticos chilenos y extranjeros que pasaban por Madrid. Entrevisté en exclusiva a Ricardo Lagos, Clodomiro Almeyda y Patricio Aylwin. A Eduardo Frei, Alberto Fujimori, que respondió por escrito, igual que Ana Botella cuando era Primera Dama, Manuel Fraga, presidente de la Comunidad de Galicia, Richard Stone, senador demócrata americano, Camilo José Cela, Yasser Arafat con otros periodistas… La lista es muy larga. Me fui abriendo camino visitando a los encargados de prensa de las embajadas llevando mi currículum, otras veces recomendada por amigos, así llegué a Marruecos, Argelia, Omán, Túnez, Irak, Siria. Pero lo que hice en Libia fue mi carta de presentación. Escribí para el diario La Época, de Ascanio Cavallo, después me fui a la revista Ercilla. Hice una entrevista de Vargas Llosa para la revista Cosas, otra de Carmen Posada, que todavía no era escritora, pero con quienes trabajé bastante fue con la Ercilla.

¿Cuándo empezaste a trabajar con La Tercera?
-En noviembre del 2015, más o menos. Cuando la Ercilla colapsó fui a hablar con ellos. Tuvimos una conversación respecto de mi trayectoria, fueron buenas personas. Y yo no sé por qué ahora actuaron así, si tenían alguna duda de mi trabajo, debieron habérmelo dicho.

¿Qué colaboraciones hiciste en La Tercera?
-Lo primero que publiqué fue una entrevista a Pablo Iglesias y quedaron encantados. Luego Pedro Sánchez, Albert Rivera, con quien también estuve en el Ritz y luego fui a la sede a una rueda de prensa y le hice algunas preguntas en voz alta, que gustaron mucho. Luego me saqué una foto con él y cuando me acerqué, le dije, “esta rueda de prensa va a ser montada como una entrevista para Chile”, y a ellos les parece estupendo salir por allá en el confín del mundo, que es lo que consideran que es Chile.

Ya, entonces les dices que vas a transformar las ruedas de prensa en entrevista…
-A todos. No es una entrevista en exclusiva. Es una rueda de prensa convertida en entrevista. Eso lo hacemos aquí todos los periodistas extranjeros, además yo se lo digo a la persona, no voy a llegar y publicar algo como entrevista exclusiva sino lo he hecho como tal.

Y esta entrevista a Zapatero que publicaste en La Tercera el 24 de julio, ¿fue lo mismo?
-La primera entrevista de él que publiqué en La Tercera fue el 2016. El jefe de gabinete dice que no me ha visto nunca, pero Aznar sí que se acuerda, porque me llama por mi nombre, Felipe González también se acuerda, porque me saluda con beso en la cara. Pero resulta que yo a Zapatero el 2016 le entregué mi tarjeta y le dije que esto se iba a convertir en entrevista para Chile en La Tercera y todo sin problema, porque a ellos les gusta salir y que uno no los va a poner a parir ni mucho menos.

¿La entrevista que publicaste el 2016, era una conversación a solas con él?
-En exclusiva, no. Era una rueda de prensa convertida en entrevista.

La Tercera dice que tu entrevista es “una réplica casi exacta”, de una que hizo Zapatero en mayo en la revista Cambio 16. Y que su jefe de gabinete asegura que tu entrevista “no se ha producido ni presencialmente ni por ningún otro medio” ¿Hiciste la entrevista a Zapatero o no?
-Yo te voy a explicar… La Tercera quería una entrevista con Zapatero porque él estaba mediando en Venezuela. Pues resulta que llamé a su oficina y me salió una chica, que se llama Judith Wells, quien me dijo que Zapatero no quería hablar con nadie porque la situación estaba muy conflictiva. Le hablé de un cuestionario por escrito, y tampoco. Y me dice, “te voy a mandar el link de su última entrevista en Al Rojo Vivo (La Sexta)”, que es de la televisión creo, porque yo no veo televisión ni escucho radio. Y me mandó el link. Y yo le expliqué: “lo que saque de ahí lo voy a preparar como si fuera entrevista”. Y no sé si ella no me entendió -porque se nota que es extranjera- pero como no me dijo nada, pensé que daba luz verde y comencé a preparar el asunto. Lo escuché y lo grabé en mi casete para sacar de ahí mis cosas… Primera vez en mi vida que hago una cosa así, te lo juro, porque me sentía presionada, no quería fallarle a La Tercera y lo hice para peor.

Nada que ver la revista Cambio 16 entonces…
-Yo vi la entrevista del 3 de julio y ahí le hacen a Zapatero exactamente las mismas preguntas que la Cambio 16 y Zapatero contesta prácticamente lo mismo, ¿me entiendes? Eso lo escuché yo y lo grabé en mi casete para sacar de ahí mis cosas…

De la entrevista de televisión…
-…de ahí me fui con mucha prisa a la Cambio 16 y expliqué que yo había trabajado ahí como colaboradora. Porque ahí yo hice entrevistas exclusivas, como al primer ministro de Rumania, tras la caída de Ceausescu, que fue muy polémica, y al Presidente de la Liga Árabe… Bueno, y el periodista me dice, “Ximena, tu problema fue que no mencionaste Cambio 16”. Y entonces le conté del link que me dio Judith…

La Tercera dice que la entrevista que publicaste de Álvaro Uribe en junio de este año también sería sacada de Cambio 16.
-¡No! Tengo aquí la de Cambio 16 que no tiene nada que ver con la mía. Tengo la invitación, el agradecimiento que me hacen por haber ido al desayuno de prensa. Yo con Uribe estuve. Con Zapatero esta vez no hablé, eso que yo habría dicho que estuve con él, es falso. Urgía tanto lo de Zapatero en Chile, que hice un cuestionario y lo llevé al Congreso general del PSOE, pero él se mandó a cambiar porque no quiere hablar con nadie. ¡No lo logre! Lo intenté…

-¿Te sentías muy presionada por La Tercera?
-Nunca me he sentido presionada por ellos. Me presiono yo misma, porque quiero cumplir. Pero nunca me había sucedido, estoy presionada por otras cosas mías personales que no necesito decírtelas. Un momento difícil, andaba con la cabeza un poco caldeada, con un calor de más de 40 grados y no quería fallarles. No pensé.

¿Cuánto te pagaban en La Tercera?
-Me pagaban 150 dólares por entrevista, ellos consideraban que era poco, pero a mí no me importaba.

¿Cómo te sientes con lo que publicó La Tercera?
-Muy mal, fatal, porque yo vivo para mi periodismo. Vivo absolutamente sola y no soy una persona de amoríos ni de cosas raras…

Se ha dicho que eres pinochetista.
-No soy pinochetista, soy objetiva. Ni allendista ni pinochetista, ni a favor de Felipe González, ni de Sánchez ni de nadie. Nunca he participado de un partido político.

¿Cuál es tu relación con Pinochet?
-Ninguna.

¿Y con su gobierno?
-Nada. A mí me vigilaban bastante, hombres con sombrero y tal porque yo tenía el contacto con Libia, pero después vieron que no era peligrosa.

¿Y con el Opus Dei?
-Tampoco. Pero resulta que estuve en la presentación de un libro del Opus Dei y me hicieron una entrevista breve que sale por ahí. Tengo amigos en Chile del Opus, pero yo no pertenezco a nada, porque no quiero amarrarme, menos a grupos donde no tienes libertad de pensamiento. También he estado con generales de Pinochet en Lo Curro, pero no es que yo sea pinochetista. Me gusta entender los puntos de vista aunque sean de los más diversos a los míos, quizás por estos motivos llegué a Libia, para conocer la realidad, y ahora tengo ganas de ir a Irán. Y me gustaría entrevistar a Trump y a Putin…

¿Has estado con alguno?
Con Putin. Estuve esperando que viniera a Madrid, y cuando vino, fui de las primeras en llegar a la rueda de prensa para tener un buen sitio. Le saqué varias fotografías sonriéndole para se fijara en mí. Yo sabía que era vanidoso y que le agrada gustarle a las mujeres. Al finalizar la rueda de prensa tomé coraje y me atreví a hablar con él, me presenté como periodista chilena y le pedí que me firmara su biografía e intercambiamos algunas ideas. Fue sencillo y comunicativo, podría decir que hasta coqueto. Para mi él es un hombre atractivo en todos los aspectos, admiro a Putin.

¿Y qué vas a hacer ahora?
No sé, aquí no se ha sabido nada, al menos en la prensa escrita. Pretendo trabajar cuando llegue la persona que yo más conozco de Cambio 16, que me arrepiento mucho de haber cortado las relaciones, porque donde me meto, Medio Oriente, y Rusia, interesa mucho más para la prensa española que para la chilena. Estoy arrepentida, pido disculpas por los daños que pueda haber ocasionado, pero a mí me han ocasionado también un gran golpe. Me servirá de experiencia para en el futuro tener mayor cuidado.